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Abel Pintos, ídolo de multitudes

Abel Pintos, ídolo de multitudes


El artista llega a Mendoza para cantar el jueves en el Festival de la Cueca y el Damasco en Santa Rosa. Habló de su presente y del libro que quiere escribir



En las rutas y pueblos de Córdoba hay poca señal de telefonía celular. Por eso, comunicarse con Abel Pintos por estos días resulta complicado. Sin embargo, y a pesar de que cuando atiende está a 50 minutos de cantar frente a miles de personas, el artista habla con la simpatía que lo caracteriza siempre. Sus palabras, reflexivas y calmas, parecen ajenas a las de un músico tan exitoso y ocupado como él.

La charla que le brinda a Escenario, la cual es breve pero permite adentrarse en la psiquis del artista pop argentino del momento, viene con motivo de su presentación este jueves, en el XXXIII Festival Nacional de la Cueca y el Damasco, que se realiza en Santa Rosa.

Ese tradicional encuentro tendrá su inicio ese día y continuará hasta el domingo con shows en vivo de Víctor Heredia, Marcela Morelo y Jean Carlos.

Esta fiesta popular no será la única en la que participará Pintos este verano en la provincia, ya que volverá el 21 de marzo al Festival del Cosechador, en Lavalle.

No obstante, algo poco común en su temporada festivalera es saltearse la Fiesta de la Tonada, esa que lo vio crecer como artista y que él tanto estima.

Sobre esa ausencia, él indicó: “Estar o no estar depende de muchas cosas: planificación, requerimientos y decenas de otros elementos. Mendoza es una provincia que quiero mucho y que siento muy cercana. No voy a estar en la Tonada, pero ahora voy a Santa Rosa para obtener mi cuota de mendocinidad (risas) y eso ya me provocar felicidad”.

Habiendo aclarado este punto, nos adentramos en una charla con el cantautor de 30 años mientras está en Quilino esperando para hacer delirar a una multitud.



–El año pasado, además de ser el artista que más discos vendió y de ganar por segunda vez las principales categorías en los premios Gardel, cantaste frente a 40.000 personas en el Estadio Único de La Plata, ¿cómo viviste esa noche?
–Fue una experiencia excelente porque ni el público que me acompaña ni el equipo que tengo había vivido nunca una experiencia así. Teníamos muchas expectativas y todas fueron superadas ampliamente. Estuvimos muy cómodos, a pesar de la inmensidad del lugar y de la cantidad de gente que fue. Pudimos mantener la sensación de cercanía que me gusta generar en los shows y ofrecer un concierto con aplomo y tranquilidad. Eso nos sorprendió, pero también nos permitió disfrutar al máximo lo que estábamos viviendo.

–Venís de cantar en el festival folclórico de Cosquín, en Córdoba, que estuvo teñido de polémica por el cambio de bandera política de ese municipio. ¿Cómo viste el clima allá? ¿Igual que en otras ediciones en las que has participado?
–Sí, lo viví con la misma emoción de siempre. De hecho, desde el escenario le agradecí al público por ayudarnos a demostrar que un festival como Cosquín, por todo lo que significa para la música popular, está mucho más allá del qué dirán o de las idas y vueltas. Fue una noche de felicidad para mí y para el público.

–Tu último disco, Abel, sigue estando entre los más vendidos del país. ¿Por qué crees que este álbum, al igual que La llave, resonaron tanto en el público?
–Cada uno de mis discos es un reflejo de una etapa determinada de mi vida. Desde que empecé con la música, cuando era muy chico, tuve una vida intensa y creo que el acto genuino y visceral de exponerme emocionalmente es lo que logra esa conexión intensa entre el público y yo. La gente ubica lo que dice la canción y lo que les provoca en su propio contexto y terminamos compartiendo una serie de emociones cada uno desde su lugar. Si bien creo que eso puede tener mucho que ver, también pienso que el éxito de los discos o las canciones no está sujeto a ningún tipo de análisis.

–Esa exposición emocional que mencionás, ¿te provoca una necesidad de resguardarte cuando te bajás del escenario?
–No, porque mi forma de comunicarme con los demás es a través de la música. Por eso no siento ninguna necesidad de exponer de otra forma ningún aspecto de mi vida.

–Te gusta mucho leer, ¿es verdad que pensás escribir un libro?
–Sí. Lo tengo pensado en serio. Tengo lo que se suelen llamarse “monstruos”. Es decir, muchas ideas desordenadas y anotadas por ahí, pero que son ideas al fin. Sucede que desarrollar un libro requiere de mucha dedicación, porque no solamente hay que cuidar el contenido sino también lo técnico y lo estético. No es este el momento en el que pueda darle esa dedicación. Espero a que llegue ese momento con una mezcla de ansiedad y paciencia, pero con los brazos abiertos. Sé que cuando llegue voy a poder aprovecharlo y darme el gusto.

–Sos joven y tenés una agenda de shows muy cargada durante todo el año. ¿Sufrís de ansiedad?
–Nunca sentí nervios antes de cantar, ni durante una canción o mientras estoy de gira, pero los niveles de ansiedad sí son difíciles de manejar. Tiene que ver con lo que cualquiera siente antes de vivir un momento que sabe le va a traer absoluta felicidad, que va a llevar el júbilo propio a niveles imposibles de medir. A cualquiera eso lo puede poner ansioso, el tema es que a mí me pasa todos los días, antes de cada concierto (risas).

–Y estando de gira, ¿cómo lidiás con esa ansiedad?
–Me lo tomo con calma y me recuerdo constantemente que ese momento va a llegar, pero que lo tengo que disfrutar cuando llegue. La lectura tiene mucho que ver y me ayuda, también el contacto con mis seres amados. El mate, por supuesto, y las horas de silencio. Todo eso ayuda, y mucho.







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