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Abuelas recuperó el nieto número 88

María Belén ya "se encontró con su familia biológica, que desde hace 29 años la espera con amor y grandes expectativas", dice el comunicado de las Abuelas de Plaza de Mayo.

María Belén es hija de Rosa Luján y de Horacio Antonio, secuestrados en la vivienda bonaerense de Florencia Varela el 13 de mayo de 1977, delante de sus dos hijos, de dos y tres años. "Los represores los entregaron a una vecina, quien luego los llevó con sus abuelos paternos", agregan las Abuelas.

María y Horacio eran militantes políticos del PRT-ERP. En el momento en que María Luján fue secuestrada tenía un embarazo de siete meses y al llegar al octavo mes fue llevada a Campo de Mayo para que pudiera dar a luz, según datos reconstruidos por tres testimonios.

María Belén nació por cesarea, de acuerdo a lo que contó María Luján al regreso de la sala de parto a otros detenidos-desaparecidos.

Tuvo muy poco contacto con su hija, pero suficiente como para darle el nombre, que se lo contó a Elena Alfaro, compañera de cautiverio. Elena Alfaro relató el episodio en el juicio contra las juntas militares, en 1985.

Susana Reyes y Ana María Di Salvo lo recordaron en los Jucios por la Verdad, 1998-’99, en La Plata. La abuela de María Belén, Irma Rojas, se integró en 1982 a las Madres y luego a las Abuelas, desde donde inició la búsqueda de la nieta, que ahora se logró.

María Belén nació durante los primeros días de agosto de 1977 en Campo de Mayo y, tras ser arrebatada a la madre, "el Movimiento Familiar Cristiano se encargó de entregarla en adopción a los tres meses de vida", refiere el comunicado de las Abuelas.

María Belén vivió desde que fue entregada "de buena fe" a la familia en Buenos Aires hasta 1988, años en el que los padres adoptivos se trasladaron a la ciudad de Córdoba.




María y Horacio, los padres biológicos

Rosa Luján nació en Florencio Varela el 13 de Diciembre de 1956, y vivía con su mamá y con sus hermanas en el barrio La Carolina, a unas cuadras de la Iglesia de Itatí. Horacio Antonio nació el 7 de Diciembre de 1954, y en el año 1969 sus padres (Irma y Eleodoro) se mudaron junto con sus nueve hijos (incluido Horacio) a San Francisco Solano.

Horacio trabajó desde muy joven; a los 17 años se desempeñaba como soldador en una fábrica de Avellaneda. A esa edad decidió irse a vivir solo cerca del Kilómetro 26, en el partido de Florencio Varela.

En 1972 Rosa y Horacio se conocieron en un baile, cerca de Florencio Varela, y enseguida se pusieron de novios. Horacio se fue a vivir a la casa de Rosa, se casaron y en 1973 tuvieron su primer hijo, Cristian. Para esa época Horacio ya trabajaba en la fábrica Peugeot, sobre la ruta 2, en la que llegó a ser delegado gremial. A los 2 años nació la segunda hija del matrimonio, Natalia; y al poco tiempo decidieron comprar un terreno y edificar su propia casa en el barrio ‘Villa Mónica’, cerca de la Escuela Nº3.

Rosa y Horacio eran militantes del ERP; Irma, la mamá de Horacio, cuenta que: “yo me acuerdo que una vez le dije ‘¿vos querés arreglar el país?’ Él me miró y me sonrió. Y después me contestó: ‘no mami, yo quiero que el día de mañana papá y vos tengan una vida digna, que no sufran la vejez, quiero un buen futuro, eso queremos nosotros. Por eso luchamos’. Y yo lo miraba, no pensaba que estaba tan metido, yo pensé que me decía por decir”.

Una noche, la pareja estaba en su casa con sus 2 hijos y con Adriana, una hermana de Rosa, cuando ingresa un grupo de personas y secuestra a Horacio, a Rosa (que estaba embarazada de 7 meses) y a Adriana, quien fue liberada a las pocas horas. El relato de los hechos es realizado por Irma, la mamá de Horacio: “El 13 de Mayo de 1977, siendo aproximadamente las 2 horas, individuos fuertemente armados penetraron en el domicilio de mi hijo y luego de revisar y destrozar todos los muebles, fue sacado encapuchado junto a su esposa Rosa Luján Taranto y a su cuñada e introducidos en dos automóviles que partieron con rumbo desconocido. El matrimonio tiene dos hijos, Cristian Adrián y Natalia Vanesa, que tenían en el momento del secuestro de sus padres 3 y 2 años respectivamente. Los niños fueron testigos del secuestro de sus padres, fueron entregados a una vecina, quien luego los entregó a sus abuelos paternos. Dejo constancia que mi nuera al momento del secuestro se encontraba embarazada de 7 meses. Todo lo expuesto se ajusta a la verdad según mi conocimiento”.

Adriana fue liberada a las pocas horas, y fue hasta la casa de su madre para avisar de lo sucedido. Gabriela, hermana de Rosa y Adriana, cuenta que: “a ella la largaron a la madrugada, para colmo en la parte de la Carolina, a 6 o 7 cuadras de la plaza, y bueno la soltaron a ella y nosotros sentimos a la madrugada que golpean la puerta, que era mi hermana que venía diciendo que los militares la habían raptado, que la habían secuestrado, que se quedaran en el molde...”.

Tanto la mamá de Rosa como la mamá de Horacio empezaron a buscar a sus hijos y a su nieto/a en forma separada. Gabriela Taranto cuenta que: “(mi mamá) empezó todo el trabajo este de empezar a buscar por las comisarías, hospitales, mi mamá anduvo por Ezeiza, Campo de Mayo, la ESMA, (...) hizo Hábeas Corpus, fue a hablar con Novak. Cuando vieron que mi mamá se empezó a mover digamos, ya empezamos a tener vigilancia constante, un auto a una cuadra de mi casa (...) un auto teníamos permanente cuando mi mamá me llevaba al colegio, un auto tenía ella en el trabajo (...) y cuando yo salía del colegio un auto me seguía para ver quién era el que me venía a buscar, dónde me llevaba, con quién hablaba...” La mamá de Rosa no descansaba, haciendo trámites que le pudieran permitir averiguar algo sobre su hija, hasta que en dos oportunidades entraron a su casa amenazando a ella y a sus otras hijas: “... y bueno, entraron una noche (...) entraron rompiendo puertas, ventanas, revolviendo los colchones, tirando toda la ropa de los placares, rompieron todo (...) y después entraron de nuevo y dijeron que se deje de romper las pelotas ‘dejate de joder porque te vamos a hacer desaparecer la que está con el padre (una hermana de Rosa) y la pendeja ésta (Gabriela Taranto) (...) olvidate que tenés una hija desaparecida, ella está muerta’”. Por esas amenazas, y por esa sentencia, la mamá de Rosa empezó a tomar recaudos y a verse limitada por el temor. Al poco tiempo de esta segunda ‘visita’, el seguimiento con los autos empezó a disminuir, hasta desaparecer, al menos de la vista de la familia Taranto.

Mientras tanto Irma, la mamá de Horacio, buscando a su hijo y a su nieto, conoció a otra mujer que tenía un hijo desaparecido, y juntas se acercaron a las Madres de Plaza de Mayo: “a Madres iba todos los días” y luego empezó a visitar Abuelas, “cuando estaba en la calle Uruguay iba cuando podía, después empecé a ir dos veces por semana, y después casi todos los días. Hubo un tiempo en el que dejé de venir ( de acercarse a Abuelas de Plaza de Mayo), y hace poco empecé a venir todos los días de nuevo”.

Rosa y Horacio fueron vistos en el centro clandestino de detención “El Vesubio” *, “según los testimonios de Elena Alfaro y Susana Reyes”, y Rosa fue trasladada de ahí a Campo de Mayo, donde le practicaron una cesárea. Susana Reyes declaró en el Juicio por la Verdad que “(...) yo no era la única embarazada había otras (...) bueno estaba Rosa Taranto de Altamiranda, Rosita ella estaba embarazada y tuvo a su bebé antes de que yo saliera... no supo que tuvo, no lo vio, la llevaron a un lugar... supongo ahora que sería campo de mayo, parece que es donde llevaban, la cuidaban monjas me dijo cuando volvió, (...) para ella fue un golpe terrible y nos dimos cuenta... que ninguna de nosotras lo iba a ver (a su bebé) (...) ella, Rosita, vino muy mal... muy deprimida (...)”. Gabriela también está enterada de que su hermana fue vista en el Vesubio, “eso lo saqué de internet por un testimonio de una señora, están todos los testimonios de personas que estuvieron detenidas en el Vesubio, una señora que habla de ella, que siempre la vio a Rosa con el marido, que cuenta cómo era el lugar, que tenían como en cuchas a las personas (...) y contaba que a ella (a Rosa) se la llevaron a Campo de Mayo y tenía 8 meses de gestación o sea porque ochomesina nació (...) le practicaron una cesárea y la trajeron después que se recuperó bien, la trajeron, y dice que ella, Rosa, contaba que estaba muy deprimida, porque no la dejaron ver al bebé”.

En el caso de Rosa y Horacio, a los delitos de secuestro y desaparición se les suma otro, que es el robo de los bebés nacidos en cautiverio. En este sentido es invalorable el trabajo que están haciendo las Abuelas de Plaza de Mayo * para dar con el paradero de esos niños.

Notas
Abuelas de Plaza de Mayo. Buenos Aires. Enero 2004. Nº 28. Pág. 3.
Testimonio de Irma Rojas de Altamiranda. Buenos Aires. Abril 1982 (En APDH, La Plata. Expediente Nº 2305)
Entrevista de los autores a Gabriela Taranto. 05/06/2004
Ibidem.
Ibídem
Abuelas de Plaza de Mayo. Op. Cit
Ibidem
* Sobre El Vesubio, véase Parte II.
Solicitud de apertura de causa. La Plata. 08/06/2004. En APDH. Op. Cit
Declaración testimonial de Susana Reyes. Cámara Federal de Apelaciones. Juicio por la Verdad. La Plata. 4/8/1999. En APDH. Op Cit.
Entrevista de los autores a Gabriela Taranto. Op. Cit..

Fuente: Los que no están - Desaparecidos y dictadura cívico militar en Florencio Varela (1976-1983), de Hernán Pacheco y Pablo Carrera

fuentewww.nuncamas.org
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