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Alimenta buitres y te comerán los ojos

EDITORIAL DE EDITORIALES

Alimenta buitres y te comerán los ojos

Domingo 5 de octubre de 2014
Por: Eduardo Castilla y Sebastián Quijano - La izquierda Diario



Ayer Alfredo Zaiat, muy suelto de cuerpo, sostuvo que la utilización de reservas para pagar a cuanto buitre anduviese revoloteando, no sólo fue una medida soberana, sino que “eludió el ajuste postulado por la ortodoxia y heterodoxia conservadoras”. En La Nación sostienen que, para Vanoli, “las reservas están para usarse”. Los buitres tiemblan.

A Zaiat podríamos invitarlo a comparar el salario de $5.300 de un metalúrgico (conducidos por el “progresista” Caló) con las necesidades de la canasta básica, las consecuencias de la devaluación de enero, o la ola de suspensiones entre metalmecánicos y otros gremios. También recorrer los campos y preguntarse si después de la “épica 125” (un simple impuesto) algo cambió en la concentración de la tierra, la reprimarización de la economía, el monocultivo y la depredación ambiental.

Si es pedir demasiado, tal vez pueda revisar las declaraciones de la Presidenta donde se autodefine como “pagadora serial” y se desespera por endeudamiento externo e inversión extranjera. Poner estos deseos entreguistas exclusivamente en gobiernos futuros -como hizo el “Clarín trucho” de La Cámpora- es cuanto menos una lisa y llana mentira.

Cuatrocientas familias dominan la mayoría de las tierras productivas y la inmensa mayoría de las principales empresas son de capital extranjero, aún más que en el menemismo. Entre los operadores del famoso “contado con liqui” no será difícil encontrar muchos socios (y ex socios) del gobierno.

Devaluación, recesión y después…

Mientras la derecha eleva a Fábrega al altar de la razón económica y a Vanoli a seguidor de Fidel Castro, editorialistas como Horacio Verbitsky buscan mantener un “relato en alza” y parecen olvidar lo que Carlos Gonella alertó: las maniobras con el “contado con liqui” incluyen el financiamiento del narcotráfico desde ¡hace dos años!; que casi doscientos mil millones de dólares se dilapidaron en la “década ganada” a favor de los especuladores; que los bancos casi duplicaron sus ganancias netas en los últimos ¡6 años!; o que los famosos ochenta mil expedientes sobre infracciones a la ley penal cambiaria estuvieron bien dormidos toda la “década ganada”, no solo con Fábrega.

En la misma línea, Cristian Carrillo explicó el sábado las nuevas medidas de Vanoli; subir la tasa de interés para aumentar depósitos en pesos y frenar la corrida hacia el dólar. Una medida presentada para frenar a la banca. Pero, según diversos analistas, la suba de tasas implicará un mayor enfriamiento de la economía y, con la persistencia de la inflación, se profundizarán los problemas porque, a lo sumo, se moderará la devaluación que se anuncia. Tampoco mejorará la ansiada inversión, además de tensionar la relación con los bancos y los empresarios.

Así, en el esquema gubernamental, la alternativa parece ser: corrida hacia el dólar o fomentar el enfriamiento de la economía con una devaluación administrada. Tomar verdaderas medidas de autodefensa nacional para evitar las especulaciones capitalistas internas y externas -como podrían ser el monopolio del comercio exterior y la conformación de una banca estatal única, ambas bajo control de los trabajadores y el pueblo- es cosa de zurdos, no del gobierno “nac&pop”.

La derrota cultural

El renegado José Pablo Feinmann, en una carta mendicante a Francisco, busca una reconciliación embellecedora de la Iglesia. Después de reivindicar su estilo y hasta llamarlo “sexy” (sí, leyó bien, sexy) habla de la “venganza” de la dictadura y reniega de “la lucha armada” y de “la vía pacífica al socialismo”, y aporta su cuota a la teoría de los dos demonios.

Por si eso no fuese suficiente, sostiene: “La Iglesia lo sabía. No dijo nada. Dios lo sabía (…) Dios está ausente”. Los usos impersonales ocultan que Francisco, bastante más corpóreo, es Bergoglio. No estuvo ausente. Sabía. Sabe. Silenció. Silencia.

En el marco de la discusión acerca del Código Civil y su controvertido artículo 19 -que niega el derecho al aborto ya que la existencia de la persona se establece desde la concepción- Feinmann remata diciendo que “toda vida es sagrada y merece respeto”. Sin comentarios.

Horacio Verbitsky tampoco tiene empacho en defender el mismo Código Civil incluso aunque el CELS criticara públicamente el mismo en la semana. Pero además sorprende con una pequeña columna donde se refiere al conflicto de Lear. Al respecto La izquierda Diario entrevistó a Christian Castillo.

Tendencias centrífugas de un poder en retirada

Oculto entre la hojarasca de una “división social del relato” donde, como en la guerra la primera víctima es la verdad, estamos presenciando una tendencia disolvente del “centro de gravedad” político: el Gobierno y en particular Cristina Fernández.

Un “centro de gravedad” -según el estratega prusiano Karl von Clausewitz- es, más que un lugar, un punto donde convergen determinadas fuerzas en función de un objetivo, es un punto de equilibrio. Una característica fundamental es su rol centrípeto donde convergen otros factores o fuerzas y del cual dependen para mantener su unidad y capacidad de poderío o movimiento, y en algunos casos, incluso les da propósito y dirección. Eso es lo que logró el kirchnerismo como fracción dominante del FpV para el “objetivo restaurador” en la década pasada. Pero hoy, lo que estamos presenciando es la hipercentralización del “centro de gravedad”, en el que abrevan tanto oficialistas como opositores.

En ese marco, cada vez que el gobierno debe justificar sus giros bruscos, recurre a los complots y luego a las purgas (¿consejos del ex maoísta Zanini?). Los traidores nunca fueron propios, pese a que todos y cada uno hayan sido designados o beneficiados por Néstor o Cristina. Desde Clarín a Fábrega, de Cobos a Moyano, de “el compañero Britos” a los bancos desestabilizadores. La lista podría extenderse. Con kirchneristas como estos, ¿hacen falta opositores?
¿Quién será el próximo infiltrado al servicio de las corporaciones? ¿De Vido, que regaló millones en subsidios a los empresarios del transporte? ¿Capitanich, Insfrán y Urtubey, aliados de los grandes productores sojeros que atacan a los campesinos pobres? El palacio promete más intrigas.

Camporismo, pejotismo e izquierda

Ningún oficialista quiere romper aún con CFK, pero sí que la exposición se reduzca cada vez más a su círculo íntimo. Clarín y La Nación hablan de la “camporización” contra los gobernadores y el pejotismo. Pero esa es una estrategia a medida del PJ y de Francisco.

Bien podrían decir “¿Quieren la Jefatura de Gabinete? Agárrenla. Es una picadora de candidatos, sino preguntale a Capitanich. Apoyamos a Cristina… pero sin ser el centro de la escena”. Es decir, actuar como aliados que buscan el momento para romper la alianza o mejor aún, hegemonizarla. Eso parece decir Scioli, que esta semana se deshizo en elogios a la juventud y su acto con Máximo como figura.

El PJ es como el diablo. Sabe más por viejo. Un gobierno acechado por tantos frentes económicos y políticos, que no tiene posibilidad de continuarse a sí mismo, se verá obligado a negociar con los poderes reales que no tienen por qué desgastarse más aún. Mejor cuidar el territorio que es de donde emana el poder y los votos.

En el marco de los escenarios económicos y políticos descriptos, el movimiento social acrecentará su divorcio con el kirchnerismo, en especial la clase trabajadora. Con paritarias que apenas superan el 50% de la inflación y enfrentando suspensiones y despidos, seguirá recurriendo a sus métodos de lucha. Mientras, las estructuras sindicales sólo ofrecen tregua, y los candidatos patronales, opositores o (hasta ahora) oficialistas, sólo garantías para los empresarios.

Cuando el relato progresista termina en el mismo campo con el pejotismo duro en un marco de recesión y ajuste, mal que le pese al periodismo y cierta intelectualidad “progre”, la izquierda anticapitalista -representada en el Frente de Izquierda y las comisiones internas combativas- seguirá aumentando su protagonismo político y social.
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