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andre gorz y su esposa se suicidaron

André Gorz, In Memoriam
Mientras cenábamos, Carmen me pregunta, melancólica. “¿Has hecho algo sobre el suicidio de Denise y André Gorz..?”

Lo dejé todo y me colgué al teléfono, para dar la noticia. Hace apenas un año descubrí la Lettre à D. Histoire d’un amour. Un anciano de 80 años le declara su amor a su esposa, a la manera del Gracilaso de la Égloga III: nos amaremos después de la muerte.

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Denise y André Gorz, hacia 1950.
Suzi Pillet / LDD. Éditions Galilée.

HISTORIA DE UN JUDÍO DESTERRADO

André Gorz (Viena, 1923; Vosnon, Aube, 2007) nació en el seno de una familia de judíos vieneses condenados a sucesivos destierros europeos, antes de consagrarse a la militancia política radical, anti autoritaria, y hacerse célebre como teórico de la economía política, la acción sindical y libertaria. Pasará a la leyenda como el autor de una celebérrima carta de amor a su esposa, escrita ya pasados los ochenta años. La pareja se suicidó ayer en su pequeño pueblo de adopción.

Gerard Horst, el futuro André Gorz, nació en Viena. Sus padres pertenecían a la pequeña burguesía ilustrada, judíos condenados al destierro, víctimas de la ascensión atroz del antisemitismo.

Su padre se convirtió al catolicismo. Y su madre envió a Gerard a una institución religiosa, en Suiza, en Lausanne, donde estudió ingeniería química. En la inmediata posguerra, Gerard decide volver a emigrar e instalarse en París, donde su contacto con Jean-Paul Sartre tuvo una importancia decisiva en su vida. Gerard Horst se transformó en André Gorz, que comenzó a colaborar como reputado periodista especializado en temas económicos.

Trabajó en el legendario Express fundado por Jean-Jacques Servan-Schreiber, donde se ganó una reputación de excelencia profesional. Descontento con la evolución del semanario, convertido en una publicación “menos” política, a la manera de los semanarios norteamericanos, Gorz fue con Jean Daniel uno de los patriarcas fundadores del semanario Le Nouvel Observateur, el gran semanario de la izquierda socialdemócrata francesa, con flecos anti comunistas, anti autoritarios y ecologistas de muy primera hora.

ECOLOGÍA Y ECONOMÍA POLÍTICA

Bilingüe, desde niño, Gorz, ya para siempre, fue uno de los introductores en Francia de la Escuela de Frankfurt, Marcuse, Adorno, Horkheimer, Habermas, durante los años sesenta del siglo pasado. Fue su gran época de teórico de la ecología política y el nuevo sindicalismo. Entre Le Temps Modernes y el Nouvel Observateur, Gorz “educó” a una o dos generaciones de insumisos libertarios, enfrentados al autoritarismo comunista, desbrozando nuevos territorios de reflexión, a través de una quincena de obras de cierta relevancia, muy marcadas por la búsqueda de una moral no autoritaria.

Sin embargo, el teórico político, el analista de las nuevas relaciones laborales, derivó pronto hacia la moral práctica, indisociable de su condición última de judío apátrida.

Gorz analizó desde una óptica radical, poco o nada convencional, las metamorfosis del trabajo. Pero, en verdad, lo esencial de su obra era la búsqueda de una moral, en tiempos de crisis de las ideologías y ascensión imperial de un inmoralismo relativista, que él fue uno de los primeros en denunciar.

Ya pasados los ochenta, Gorz publicó el otoño pasado el libro que echa los cimientos de su incipiente leyenda, su Lettre à D. Histoire d’un amour (Carta a D. Historia de amor). Más allá de las teorías, caídos todos los velos, idas todas las esperanzas, Gorz escribe a la mujer de su vida una carta de amor: ambos están enfermos, ambos se descubren al margen de todas las patrias, ambos han vivido solos, desde niños, ambos dicen amarse, a los ochenta años, con la intacta pasión de cuando se conocieron, en París, sesenta años atrás, en un baile de la plaza de Saint-Sulpice, la noche de un 14 de julio.

EL AMOR, CONTRA LA MUERTE

A los 83 años, el otoño pasado, esa carta de amor comenzaba con una confesión muy bella: “Acabas de cumplir 82 años. Sigues siendo tan bella, graciosa y deseable como cuando te conocí. Hace cincuenta años que vivimos juntos; y te amo más que nunca. Hace días te dije que había vuelto a enamorarme de ti. Y tu vida desbordante me hace feliz, abrazando tu cuerpo contra el mío”.

Seguían ochenta y tantas páginas de amor y esperanza, teñidas de melancolía, ante la contemplación de dos niños, dos jóvenes, un hombre y una mujer que siempre habían vivido condenados al destierro. Ella era una inglesa que hizo su vida en París. Él era un judío austriaco que consagró su vida a soñar un mundo nuevo que solo terminó encontrando en el cuerpo de la mujer que amó, Dorine.

A lo largo de su Carta a D., André Gorz pasa revista a su vida en común. Y advierte que fueron una pareja de solitarios, apátridas, sin tierra, sin familia. Y en esa tierra de nadie del amor fiel, André y Dorine terminan por encontrar la patria inmaterial de un amor que va más allá de la muerte. André y Dorine discuten, cuenta él, la posibilidad de suicidarse. Están solos. Y la muerte, escribía André Gorz, sería para ellos una nueva tierra prometida, donde continuarían amándose. Tema central en la gran literatura áurea castellana. La carta con la que nace la leyenda de André Gorz y Dorine es el tema central de la Égloga tercera de Gracilaso.

fuente: http://unatemporadaenelinfierno.net/2007/09/25/andre-gorz-in-memoriam/
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