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Aparecio muerto Luciano Arruga: otra vez la maldita policía

Luciano Arruga, el joven de La Matanza desaparecido en enero de 2009 tras haberse negado a robar para la policía fue encontrado ayer, muerto y enterrado como NN en el Cementerio de la Chacarita. Tras seis años de búsqueda su familia y los abogados del CELS informaron que el asesinato y la posterior desaparición del cuerpo fue encubierto por La Bonaerense y otras instancias estatales.

Cinco años y ocho meses. 2086 días. Ése es el tiempo que tardó el cuerpo de Luciano Arruga en aparecer. Desde el 31 de enero de 2009 su familia, amigos y gran cantidad de organizaciones de derechos humanos, políticas y sociales y exigían su aparición con vida. Pero Luciano apareció muerto y enterrado en una tumba anónima del Cementerio de la Chacarita.

Su cuerpo estaba registrado en una causa por un accidente de tránsito ocurrido en la Avenida General Paz en una fecha coincidente con la de su desaparición. Pero no figuraba como Luciano Arruga sino como NN, que es la forma en que el Estado llama a los muertos sin identificar.

Ayer a la tarde, en una conferencia de prensa realizada en la sede del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), su presidente Horacio Verbitsky informó que se indentificó el cuerpo por el cotejo de sus huellas dactilares.

Según informó Verbitsky, hace seis meses el juez federal de Morón Pablo Salas hizo lugar por primera vez a un recurso de habeas corpus para saber dónde estaba Luciano, pidió informes al Ministerio de Seguridad de la Nación y ordenó una compulsa sobre libros de la Policía Científica sobre cadáveres NN. Los resultados confirmaron que las huellas digitales de un cuerpo enterrado en el Cementerio de La Chacarita eran coincidentes con las que la policía de Lomas del Mirador le había tomado a Luciano en 2008 tras detenerlo.

No obstante estos resultados, el juez Salas ordenó la realización de un ADN al cuerpo que será exhumado.





¿Qué parezca un accidente?

La causa judicial por la que se enterró el cuerpo de Luciano en una tumba NN del Cementerio de La Chacarita hace seis años refiere a un accidente de tránsito. En ese expediente dice que el chico fue atropellado pasadas las 3 de la mañana del 31 de enero de 2009, mientras cruzaba la Avenida General Paz a la altura de Emilio Castro. Que inmediatamente fue llevado por una ambulancia del SAME al Hospital Santojanni de la Ciudad de Buenos Aires. Que allí lo operaron pero que a las pocas horas murió. Y que como fue imposible dar con su identidad, terminó enterrado anónimamente en el Cementerio de La Chacarita.

Quien lo atropelló, según ese expediente, era un joven de 21 años que inmediatamente llamó a la policía y se puso a disposición de la Justicia. Al poco tiempo sería sobreseído por no tener culpa ni haber actuado con negligencia.

“Hay muchas cosas que no cierran", dijo Verbitsky en la conferencia de prensa. Para el periodista es muy sospechoso que justo donde supuestamente fue atropellado Luciano "hay un destacamento de la Policía Bonaerense" que, además, se encuentra "muy cerca del lugar donde lo vieron por última vez, donde desapareció". A su vez el accidente es extraño en sí mismo, ya que quien "tiene que cruzar la General Paz no cruza por ahí, por la vía rápida".

Y hay otro elemento que enturbia aún más lo supuestamente ocurrido la madrugada de 2009. Mónica Alegre, la madre de Luciano, aquel día empezó a recorrer desesperada lugares en los que podría conseguir alguna información de su hijo. Llegó al mismísimo Hospital Santojanni a preguntar si habían recibido a un adolescente de 16 años. Pero le dijeron que no. “¿Por qué el Hospital Santojanni no dijo nada de lo que pasó?", se preguntó Verbitsky.

Según la autopsia realizada en aquel momento al cuerpo de Luciano Arruga (NN para el expediente) su muerte fue por los traumatismos en cabeza, brazo, torso y tobillos causados por el accidente. Y así lo hicieron constar en actas la jueza de instrucción Laura Bruniard y la fiscal Marcela Sánchez, quienes dieron por cerrado el caso sin culpables.

Pero "las contusiones de un accidente de tránsito pueden tapar otras lesiones y eso será materia de investigación", le confió una fuente judicial a la Agencia DyN.





Castigo a los culpables

Ayer en la sede del CELS el clima era extraño. El temple ganado por los años de lucha de la familia se mezclaba con la bronca y la tristeza por la confirmación de la peor noticia. Mónica Alegre y Vanesa Orieta, madre y hermana de Luciano, enfrentaron a las cámaras ya no para reclamar la aparición de su ser querido sino para exigir que se haga justicia y se esclarezca qué es lo que pasó con él, quién lo mató, quién encubrió y quién garantizó la impunidad.

"Vencimos. Esto es lo que siento. Vencimos a la desidia, a la impunidad, a la mirada discriminadora y criminalizante sobre los pibes como Luciano”, dijo Vanesa.

“Seguimos denunciando la violencia institucional hoy más que nunca después de cinco años y ocho meses pidiendo que se busque a Luciano. Cinco años y ocho meses golpeando puertas. Esto no se termina acá. Necesitamos saber la verdad. Los pobres tenemos derechos".

Vanesa y su familia saben de lo que hablan. Fueron años de exigencias a un Estado que a través de todas sus instancias les dio la espalda. Alcanza con recordar que un primer hábeas corpus presentado a los pocos días de desaparecido Luciano fue rechazado por la Justicia y que los ocho policías directamente implicados en su desaparición todavía están libres y amparados por Daniel Scioli y Alejandro Granados.
A las preguntas lógicas sobre el supuesto accidente, sobre el accionar criminal comprobado de la maldita Bonaerense, sobre las responsabilidades del SAME y de la dirección del Hospital Santojianni se suman otras que llegan más lejos.

La Izquierda Diario le preguntó a Verbitsky en la conferencia de prensa cuál consideraba él que era la cadena de responsabilidades en la “no investigación” de estos seis años. ¿Qué responsabilidad le cabe a Scioli como jefe de la policía y del Ministerio de Seguridad? ¿Y a Macri como jefe del SAME y del Hospital? “La responsabilidad básicamente es de la policía Bonaerense -respondió- que tenía una relación extorsiva con el chico, lo había detenido varias veces, le había pegado, lo había torturado, o lo había extorsionado. De los funcionarios judiciales que rechazaron el hábeas corpus, desviaron la investigación, no tomaron ninguna de las medidas que aconsejaba una investigación con los antecedentes del caso y que Vanesa y la mamá habían desde el principio. De las instituciones de la Ciudad de Buenos Aires que no investigaron el cuerpo y lo enterraron como un NN y no procuraron ninguna identificación. De la morgue judicial… Yo no le querría poner nombre porque no sabemos cuál es la cadena de responsabilidades, no me gusta tirar nombres al boleo.”

Pero los nombres están. No son NN quienes garantizaron durante seis años que a Luciano, literalmente, se lo tragara la tierra del Cementerio de La Chacarita. Como testimonian en esta edición Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora, María del Carmen Verdú de CORREPI y Myriam Bregman del CeProDH, la complicidad del poder político con la policía es evidente. Y ese poder tiene nombres y apellidos.


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