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Argentina: El verdadero costo del default

El verdadero costo del default: mientras la Argentina pelea con "buitres", los vecinos toman crédito regalado


Las "tasas hablan". Y dicen mucho de cada uno de los países. Los gobiernos oxigenan su calendario de compromisos y aprovechan que el mundo juega a favor. Pagan cifras envidiables, mientras la administración K sigue enmarañada con los holdout. Comparaciones "odiosas" y ranking regional


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Les hablé con el corazón y me respondieron con el bolsillo", "los capitales no tienen sentimiento", "el que apuesta al dólar pierde", "el que depositó dólares se llevará dólares"....

Todas estas frases han ido perdurando en el tiempo y no hacen otra cosa que demostrar que -a la hora de decidir dónde colocar el dinero- los inversores hacen oídos sordos a todo tipo de "relatos", invocaciones sentimentales o cualquier discurso enmarcado en tono de épica nacionalista.

Fríos, pragmáticos y enfocados en cuidar su capital, analizan varios indicadores para identificar cuál es el territorio que les ofrece la mejor relación "riesgo-retorno".

En este aspecto, se observa claramente qué tan diferente se presenta la situación para Argentina en comparación con la de otros países de la región.

Y si hay una variable que resume -en una sola cifra- infinidad de aspectos cuali y cuantitativos, esa es la tasa de interés que debe ofrecer un bono soberano para que haya inversores dispuestos a comprarlo.

Riesgo, expectativas de crecimiento, confianza en el gobierno, "currículum" de esa nación en cuanto a cumplimiento, política económica y cambiaria, inflación, estabilidad del marco legal, son algunos de los tantos aspectos que definen -país por país- el tipo de interés que deberán ofrecer.

Si éste es confiable, un gobierno puede salir al mercado en busca de dinero fresco y encontrarse con la grata sorpresa de que la demanda supera con creces la oferta.

Comparaciones odiosas

A lo largo de este año, el Gobierno argentino se mostraba decidido (más por necesidad que por convicción) a amigarse con los mercados internacionales.

¿Para qué? Para descomprimir su calendario de vencimientos de deuda, a partir de obtener créditos en condiciones más favorables en cuanto a tipos de interés y plazos de cancelación.

En tal sentido, la referencia más reciente ha sido el intento (frustrado) de colocación por parte del Gobierno de la provincia de Buenos Aires, que no quiso convalidar una tasa del 12% anual.

Por el lado de las empresas, YPF corrió con mejor suerte. Tuvo que ofrecer "apenas" 8,75% por u$s1.000 millones. Si bien no es un título soberano, su tasa es vista como referencia por el Gobierno, ya que los dólares obtenidos finalmente terminan yendo a reservas.

Pero este éxito logrado ya es parte del pasado, porque ese interés se había conseguido con anterioridad al agravamiento del conflicto con los fondos buitre y de que las agencias de riesgo le otorguen al país la calificación de "default".

Mientras todo esto sucede con la Argentina, los gobiernos de otros países no dudan en aprovechar las ventajas de un contexto internacional aún favorable, signado por el crédito barato y bajísimas tasas de interés.

¿Y cómo sacan rédito? cambiando deuda de corto plazo por títulos de más largo vencimiento, lo que les permite oxigenar el cronograma de pagos, a un costo del dinero muy bajo (algo que en la jerga financiera se conoce como roll over).

Aprovechando estas circunstancias favorables para tomar deuda, el gobierno de Evo Morales avanzó hace un año en su segunda colocación, luego de un siglo de ausencia en el mercado internacional de capitales.

En aquella oportunidad, Bolivia emitió u$s500 millones en la plaza neoyorkina a diez años de plazo y a una tasa de interés anual del 5,95%.

En marzo de 2014, Brasil hizo lo propio cuando recaudó 1.000 millones de euros, operación por la que debió ofrecer apenas un 2,96% anual.

Uruguay no se quedó atrás en esta fiesta de crédito "regalado" que ofrece el mundo. A principios de junio refinanció su deuda a partir de un nuevo título por u$s2.000 millones con vencimiento nada menos que en el 2050.

La mirada favorable de inversores hacia el país vecino -aun siendo su economía altamente dependiente de la de Argentina- le permitió hacerse de fondos frescos a una tasa del 5,1%.

En términos de prima de riesgo, se ubicó apenas un 1,65% por encima de los bonos emitidos por Estados Unidos.

Con esta colocación, la administración de Pepe Mujica estrenó la mejor calificación de su historia a manos de Moody's, que lo ubicó en el penúltimo escalón dentro de la franja de "Investment Grade" (grado de inversión segura).

A través de esa operación, logró estirar los plazos de sus compromisos recomprando sus bonos en el mercado.

Para no ser menos, el Gobierno de Dilma Rousseff también hizo su roll over en julio. Avanzó en una operación por u$s3.500 millones, de los cuales u$s2.000 millones se destinaron al canje de antiguas emisiones.

Los títulos emitidos se extendieron hasta el 2045, y la tasa ofrecida por el país vecino fue de un 5,13%. Como si esto no hubiese sido suficiente, ahora está por colocar u$s1.000 millones a través de un título con vencimiento en el año 2025 a la bajísima tasa del 3,9%.

Paraguay tampoco quiso perderse la fiesta. A principios de agosto colocó u$s1.000 millones en bonos a 30 años con un rendimiento de 6,1%.

Esta operación marcó su regreso a los mercados internacionales desde el aumento de su calificación de riesgo otorgado en junio.

Los funcionarios celebraron ese avance, remarcando que Paraguay había logrado pagar menos de la mitad de tasa que la que le habían pedido los inversores a la provincia de Buenos Aires.

Por cierto, se trató de su segunda salida en menos de dos años, ya que en enero del 2013 debutó en los mercados con un bono de u$s500 millones a 10 años, con un interés ofrecido del 4,62%.

Si en el comparativo el análisis se extiende más allá de la región, vale la pena mencionar lo acontecido en España.

Recientemente -y pese a que su economía "no la tiene tan fácil"- colocó 3.500 millones de euros a la tasa más baja de su historia: 2,99% a diez años de plazo.

Las tasas "hablan"
Volviendo nuevamente al caso argentino, las posibilidades de retornar al sistema financiero internacional resultan por ahora lejanas, tras el conflicto con los holdout y la nota de default otorgada por las calificadoras.

El agravamiento del problema de deuda comenzó a reflejarse en la mayor tasa que deben ofrecer los bonos locales que, dicho sea de paso, se alejan cada vez más de sus pares de la región.

El mejor ejemplo es el bono Global, por ser un título que responde a condiciones similares en los diferentes países.

¿Cuánto debe ofrecer para captar a inversores? Casi un 17%. Es decir, unas once veces más que el similar brasileño a igual período.

En cuanto a otros títulos, aún cuando sus plazos de colocación son diferentes, los resultados son también más que elocuentes. Aquellos con vencimiento en 2016, como los colombianos o peruanos, ofrecen apenas un 1%.

Curiosamente, incluso el título venezolano que vence en 2018, paga cuatro puntos menos que el similar albiceleste, pese a los serios desequilibrios de la economía del país presidido por Nicolás Maduro.

A modo de simple referencia, si se compara el Boden 2015 con el Global de Ecuador (que vence en el mismo año) la relación entre ambos es de tres a uno: el papel nacional debe pagar más del 15%, el otro apenas un 4,6% (ver cuadro a continuación).

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"La Argentina realmente está perdiendo una posibilidad histórica de financiarse a tasas muy favorables y oxigenar su calendario de vencimientos de deuda", afirma el economista Luis Palma Cané, experto en mercados internacionales.

"Todos han aprovechado el contexto de crédito barato tomando crédito a largo plazo (10 a 15 años) y a tasas muy bajas. Incluso, recientemente algunos países africanos también realizaron una emisión de bonos".

Otro indicador: el riesgo país
Quienes buscan una visión más global sobre la situación de cada territorio, a través del interés que debe ofrecer cada bono, miran la "tasa de riesgo país", que elabora el banco JP Morgan.

Este indicador compara el rendimiento promedio de los bonos soberanos de cada nación con el emitido por Estados Unidos, considerado libre de riesgo (para emisiones superiores a los u$s500 millones y, claro está, para plazos coincidentes).

Aquí también las diferencias son notorias, tal como se puede observar en el siguiente cuadro:

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Por cada 100 puntos de riesgo país, una nación debe pagar un 1% más de tasa por encima de la de los títulos del tesoro norteamericano (que ofrecen cerca del 2% para los de 10 años).

Claramente se observa que existe un marcado corte entre el grupo compuesto por Venezuela y Argentina, que muestran riesgos de 1.185 y de 750, respectivamente.

En el extremo opuesto se ubican los bonos de Uruguay, Perú y Colombia que, en promedio, rondan los 150 puntos básicos.

¿Argentina está a tiempo de aprovechar este contexto? Dependerá de dos factores:

• Que la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) mantenga el escenario de tasas bajas.

• Que resuelva su problema de deuda con los holdout, lo que le facilitará colocar deuda a un interés más bajo.

A partir de las declaraciones de los funcionarios, algunos economistas se muestran escépticos a que el país saque ventajas del contexto internacional.

Uno de ellos es Palma Cané, para quien la "Argentina perderá el tren".

"El Gobierno desperdicia una gran oportunidad de acceder al mercados de capitales. Aun si quisiese financiarse a tasas más altas que el resto, tampoco podría hacerlo, porque los inversores no colocan su dinero en un país en default".

El Ejecutivo por ahora no da el brazo a torcer y hasta parece que se siente cómo con la actual situación con los buitres.

"Quédense tranquilos, está todo controlado", aseguró Kicillof.

Mientras tanto, las inversiones no llegan, los billetes verdes escasean y el saldo comercial -la gran ventanilla para hacerse de dólares- se achica.

Para peor, todo indica que aquel que fuera el "gran financista" del modelo K, a futuro no será de la partida.

Las proyecciones para el precio de la soja cayeron a menos de u$s380 de cara al 2015, muy alejadas de aquellos u$s600 que le permitiera al país mantenerse enemistado con el crédito externo.
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