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Argentina: En el granero del mundo se exporta menos carne, s

En el granero del mundo se exporta menos carne, se cierran frigoríficos y se encarece "la mesa de los argentinos"


En el plano local, ya se perdieron 17.000 puestos de trabajo y 140 establecimientos cerraron sus puertas. En el mercado externo, el país quedó fuera del "top 10" de naciones que manejan el comercio global. Con las restricciones, el Gobierno apunta a precios bajos, pero el efecto logrado es otro


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Conforme la crisis con los holdouts amenaza con volverse "crónica" para lo que resta de la era kirchnerista, los efectos de esta suerte de "limbo jurídico" comienzan a sentirse en la economía.

Y una de las consecuencias que más preocupa a los analistas, es la de una posible acelerada de la inflación, producto de un Gobierno que se verá obligado a incrementar el ritmo de emisión, al no poder acceder al financiamiento externo y urgido de sostener el consumo.

Con más billetes en la plaza doméstica y un esperado incremento del tipo de cambio, el aumento del costo de vida se consolida como el gran tema de la agenda política.

La administración K, de hecho, ya lo está sintiendo en carne propia. Sucede que hasta los propios sindicalistas con buena llegada a la Casa Rosada están diferenciándose al denunciar el fuerte incremento de los precios.

Como Gerardo Martínez, titular de UOCRA, quien este fin de semana advirtió sobre los riesgos de caer en una inflación cada vez más difícil de controlar. O como Omar Maturano, secretario general de La Fraternidad -y hasta hace poco afín a la causa Nac&Pop-, quien habló de "trabajadores deseperados" por salarios que se licúan día a día.

Por lo pronto, las proyecciones sobre la evolución de los precios son preocupantes.

Desde la consultora Abeceb estiman que -en el actual escenario de default técnico- la inflación podría dispararse por encima del 40%, unos 10 puntos por encima de la mejora salarial promedio para este 2014.

Frente a este escenario complejo, el Gobierno se limita en avanzar con su plan Precios Cuidados, aunque también está volviendo a echar mano a las políticas más duras del "manual K" para tratar de controlar los valores en góndolas de aquellos productos más sensibles de la canasta básica.

Así, con el objetivo de garantizar "la mesa de los argentinos", la Secretaría de Comercio Interior avanzó con el cierre de las exportaciones de carne y lácteos durante 15 días.

La intención es lograr un mayor stock en el mercado interno y deprimir los precios.

"Al igual que Guillermo Moreno, la actual gestión de Augusto Costa sólo mira el cortísimo plazo. Cerrando las exportaciones como lo hace, busca mantener bajos los valores. Cree que con esto evita la incidencia de la inflación en el consumidor, algo que obviamente el Gobierno no logra", se quejó Miguel Schiariti, presidente de la Cámara de la Industria de la Carne (CICCRA).

La industria de la carne, en el peor de los mundos

Desde CICCRA sostienen que la Argentina quedó en el peor de los mundos en materia ganadera: el cierre de las ventas al exterior para intentar garantizar precios bajos en los comercios, derivó en un desplome de la rentabilidad de los ganaderos y frigoríficos, con la consecuente caída de oferta.

Con la imposibilidad de colocar la producción fuera del país y en medio de una fuerte suba de costos, en los últimos seis años, según cifras de la cámara, cerraron sus puertas casi 140 frigoríficos, lo que derivó en la destrucción de casi 17.000 puestos de trabajo.

Uno de los últimos establecimientos en bajar sus persianas fue Estancias del Sur, del grupo brasileño Marfrig, que despidió a sus más de 500 operarios.

Además, la compañía también había dado de baja al frigorífico Hughes, en Santa Fe, si bien este año fue reabierto luego de que el Gobierno le devolviera la mitad de los reintegros de IVA que le adeudaba.

Cabe destacar que Marfrig había desembarcado en el país en 2006, con la adquisición de ocho plantas. Sin embargo, la crisis sectorial obligó a la firma a quedarse con apenas dos de ellas.

En julio, en tanto, Quickfood (propietaria de la marca Paty y controlada por el gigante Brasil Foods), despidió a casi la totalidad de los empleados que tenía en su planta de Martínez, en el Conurbano, amparándose en la "crisis" que vive el sector.

Otro coloso brasileño en plena retirada es JBS, que decidió cerrar cuatro frigoríficos en los últimos años (Consignaciones Rurales, Col-Car, Pontevedra y Venado Tuerto), al tiempo que vendió uno que poseía en Entre Ríos. Hoy sólo opera en la planta de Swift, en Gobernador Gálvez.

En plena gestión K, hubo otro gigante que decidió despedirse del negocio: Cargill, que se concentró en los granos y se desprendió de dos plantas que operaban bajo la marca Finexcor.

La semana pasada, en el conurbano, Ganadera Nueva Escocia pidió su concurso de acreedores ante una situación financiera que no pudo sostener, dejando a 300 personas sin trabajo.

Según Schiariti, "los permanentes cierres de establecimientos son consecuencia de la política ganadera implementada desde la época de Guillermo Moreno y continuada sin ningún cambio por el actual secretario, Augusto Costa".

Paradoja 1: los precios no bajaron
Lo paradójico de esta estrategia impulsada por el Gobierno es que los precios no sólo no bajaron sino que se vieron impulsados al alza por la caída en el stock ganadero y la consecuente baja en la producción.

Cabe destacar que esta salida de jugadores del negocio tuvo como consecuencia un fuerte achicamiento del número de cabezas: mientras que en 2006 la Argentina contaba con 61 millones de animales, en la actualidad, según datos del SENASA, hay registrados unos 10 millones menos.

"En pocos años, perdimos el 17% del stock ganadero, una cifra realmente elevada para un período tan breve", advirtió Juan Manuel Garzón, economista del IERAL.

En diálogo con iProfesional, Isaac Rudnik, responsable del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (Isepci), alertó que, pese a todos los esfuerzos del Gobierno, "este año la carne lideró las alzas de los alimentos".

A modo de ejemplo, uno de los cortes más clásicos de la Argentina, como es el asado, pasó de valer $39 el kilo promedio en junio de 2013, a $55 el mes pasado. Es decir, pese a la batería de controles oficiales, registró un repunte del 41% en un año.

En tanto, otros productos, como la carne picada o el bife de cuadril, experimentaron subas más pronunciadas, de hasta un 50% en ese lapso, tal como se observa en el siguiente cuadro:

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Paradójicamente, el precio del pollo -sustituto por excelencia de la carne vacuna- en los últimos tres años se incrementó prácticamente lo mismo que los cortes más populares (100%), pero en lo que va del 2014 no registró alzas, con lo cual, logró salir del "radar" oficial y eludió cualquier intento de cierre de las fronteras.

Para Schiariti, la gestión kirchnerista "erróneamente sigue entendiendo al negocio de exportación como un competidor del consumo interno y es así que volvió a limitar los envíos al mundo".

"Costa está implementando las herramientas que utilizaba Moreno. El resultado es siempre el mismo: más subas de precios, cierre de empresas y caída del consumo", aseguró.

Paradoja 2: los argentinos comen menos carne
Según datos de CICCRA, el consumo promedio por habitante actualmente es de 59,6 kilos, lo que muestra un deterioro frente a los 62,5 kilos del año pasado. Además, implica unos 9 kilos menos respecto de 2009, cuando se alcanzó la mejor marca de toda la era K, con casi 69 kilos (ver gráfico).

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Para Rudnik, "la fuerte suba de los precios impactó en los niveles de consumo. Y no sólo en la cantidad que se comercializa, sino también en la calidad"

"En 2012 era común que las carnicerías vendieran cortes de mayor valor. Ahora es normal escuchar que los comerciantes se quejan de que venden casi exclusivamente carne picada", aseguró.

Para Schiariti, "la contracción del consumo interno resultó consistente con la caída que experimentó el ingreso real de las familias, así como con el deterioro del mercado laboral".

En este sentido, el empresario detalló que el poder adquisitivo del salario promedio de los argentinos, en relación con el valor de la carne, se deterioró 5 puntos el último año.

El bife argentino, lejos de las góndolas del mundo
Alejado a este duro presente, hubo una época en que, entre los grandes símbolos que hacían a la construcción de la identidad nacional, la carne ocupaba un lugar indiscutido, sobre todo en el exterior.

Desde el IERAL, Garzón recalcó el hecho de que "a pesar de ser el producto del país más reconocido a nivel mundial, las exportaciones de carne se encuentran en niveles históricamente bajos desde hace ya varios años".

En efecto: según datos del Departamento de Agricultura de EE.UU., en 2009, la Argentina todavía ocupaba el 4° puesto a nivel mundial entre las principales naciones exportadoras, siendo sólo superada por Brasil, Australia y Estados Unidos.

Luego de años de políticas de desincentivo, que llevaron a la pérdida de negocios en el exterior, desde 2013 y por primera vez en décadas, la Argentina está fuera del "top 10" de los grandes dueños del comercio global de carne.

En la actualidad, se ubica en el puesto número 11, la misma posición que cinco años atrás ocupaba un país sin tradición ganadera, como Nicaragua.

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Desde el IERAL hicieron hincapié en el terreno que fue perdiendo el país en el concierto mundial de exportadores.

No es para menos: en 2009, frente a un comercio global de 7.300 millones de toneladas, la Argentina era responsable de mover casi el 10% del total.

Sin embargo, luego del desplome exportador de los últimos años, el país apenas llega a representar 2 puntos de share del comercio mundial (ver gráfico).

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A esto se agrega un dato no menor: pese a ser el negocio de mayor rentabilidad para los frigoríficos nacionales, el Gobierno no aprovechó los cupos de la Cuota Hilton, es decir, el sistema que permite exportar cortes de alta calidad sin aranceles al Viejo Continente.

"Por noveno año consecutivo, la Argentina no cumplió con el cupo otorgado por la Unión Europea", se lamentaron desde CICCRA, desde donde explicaron que quedaron casi 9.000 toneladas sin ser enviadas, lo que se constituyó en el año como la tercera peor performance de la última década.

Retracción del stock de ganado, cierre de plantas, desempleo, aumento de precios en los mostradores, caída del consumo... para los empresarios del sector, la llamada "Escuelita de Moreno", la serie de encuentros que el ex secretario solía organizar con dueños frigoríficos, trajo más perjuicios que beneficios. Y el miedo de ellos es que muchas de esas prácticas sigan de moda durante la gestión de Costa.
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