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Argentina no es Latinoamérica

La mayoría de líderes con peso en la región critica la expropiación de Repsol y garantiza la inversión española | Las multinacionales españolas obtienen en Latinoamérica del 40% al 50% de su beneficio | "Aquí no se expropia", se desmarca Colombia; "es muy lamentable", critica México



La expropiación de YPF por parte del Gobierno de Argentina ha despertado dudas sobre la seguridad de dichas inversiones. España, segundo país inversor en América Latina, contempla perpleja la situación, mientras la mayoría de líderes de la zona se ha desmarcado de la política de Cristina Fernández

Hay constataciones que no por obvias dejan de ser relevantes. Argentina no es ni representa al conjunto de Latinoamérica en lo que a regulación y política económica se refiere. Una cascada de declaraciones en las que líderes de distintos países de la región se han desmarcado de la política expropiatoria de Cristina Fernández de Kirchner así permite confirmarlo. No es poca cosa teniendo en cuenta lo mucho que hay en juego.

España es el segundo país inversor en América Latina; el primero en Argentina y Perú, el número dos en México y Chile después de Estados Unidos, y el tercero en Brasil tras EE.UU. y los Países Bajos. Gran parte de las multinacionales y no pocas empresas medianas españolas tienen su principal fuente de ingresos en el sur de América. Telefónica, el Santander y el BBVA obtienen allí entre el 40% y el 50% de sus beneficios.

Los países más atractivos para las compañías de la vieja madre patria fueron el año pasado Perú, Brasil, Chile y Colombia. El ranking resulta de la evolución de la presencia empresarial española en las naciones de la zona entre los años 2010 y 2011, reflejada en un estudio que el IE Business School publicó en febrero pasado. Uruguay, Ecuador y Bolivia registraron ligeros aumentos en esa presencia, mientras que Argentina experimentó un ligero retroceso y Venezuela, un descenso apreciable.

En concordancia general con esas tendencias, los empresarios consultados citaron a Venezuela, Argentina, Bolivia y Ecuador como aquellos países del área donde la inseguridad jurídica representa un riesgo grande.

Aunque no sea una sorpresa, esa coincidencia entre mayor percepción de seguridad y aumento de las inversiones resulta hoy más significativa que hace una semana. Quiere decir que, entre los riesgos que todo negocio implica, el de exponerse a los caprichos de una administración voluble concita un rechazo unánime entre los patronos españoles con intereses en esta parte del mundo.

La congruencia de los datos es también un primer indicativo de las diferentes Latinoaméricas que en el continente pueden distinguirse. Tal como señala el estudio del IE Business, "aumenta la discriminación entre países que se consideran muy atractivos (Brasil, México, Colombia y Perú) y otros que lo son menos (Bolivia, Ecuador y Venezuela)".

El cóctel de incentivos que conduce a la empresa española hacia las Américas contiene una base común a casi todos los países: buenas expectativas de crecimiento y fuertes incrementos en la renta y el consumo; o sea, una robusta demanda que en países con grandes poblaciones se convierten en goloso mercado. Brasil, con 194 millones de habitantes, de los que unos 30 millones han escalado al mundo del consumo en el último decenio, es el paradigma.

La carencia de infraestructuras de todo tipo, incluidos los transportes, las telecomunicaciones y las redes de distribución de suministros, hacen las delicias de los gigantes españoles de la construcción y la telefonía, del mismo modo que las promisorias reservas de hidrocarburos siguen atrayendo a las de este sector.

La mayor proximidad cultural en comparación con otras áreas y, por supuesto, la falta de perspectivas en casa por culpa de la crisis completan el combinado que explica la borrachera de inversiones de la empresa española en América Latina.

"Con la actual recesión, las compañías europeas aprecian las ventajas de la diversificación geográfica. Y comprueban que las que han obtenido mejores resultados son las que tienen inversiones fuera de Europa, en particular aquellas con fuerte presencia en mercados de rápido crecimiento de Latinoamérica", decía aun después de la expropiación de Repsol el consultor de Freemarket Corporate Intelligence Lorenzo Bernaldo de Quirós.

Pero la noticia de lo que los afectados llamaron el "vil expolio" de Argentina puso al personal en guardia. Un poco de diversificación hacia América Latina había estado bien, pero tal vez era ya tiempo de plantearse si no nos estaríamos pasando.

Demasiados huevos en la misma cesta, vino a decir el catedrático y analista Emilio Ontiveros: "Debemos tener cuidado porque Latinoamérica concentra una gran parte de la inversión de nuestras grandes compañías en el exterior. Esas empresas son además responsables de la capitalización de una buena porción de nuestro Ibex, donde muchos ciudadanos tienen sus ahorros. Y hay un riesgo nuevo en cuanto a regulación". Para este economista, es razonable que el inversor extranjero "contemple ahora a lo más granado del empresariado español como expuesto a un peligro que parecía dormido".

Pero, como reconocía Ontiveros, no todos los países al sur de Río Bravo están mostrando la misma o similar actitud. Ni mucho menos. De hecho, el único líder de peso que apoyó la decisión de Cristina Fernández de Kirchner de manera rotunda fue Hugo Chávez, el gran precursor regional de las nacionalizaciones.

El boliviano Evo Morales mostró su "respeto" por la decisión argentina, pero también garantizó las operaciones de la petrolera española en el país: "Nuestra relación con Repsol es buena", señaló. Por último, el uruguayo José Mújica transmitió su "solidaridad" a Cristina Fernández y arremetió contra la "prepotencia de la Europa rica", aunque admitió "posibles errores" de Argentina.

El resto fueron críticas más o menos duras, empezando por la del mexicano Felipe Calderón, para quien la medida fue "muy lamentable, poco responsable y poco racional". El mandatario de la nación centroamericana, cuya petrolera estatal Pemex controla el 10% de Repsol, rechazó las expropiaciones en tanto que fórmula errónea para el crecimiento y el desarrollo de una nación. Lo dijo poco antes de reunirse en Puerto Vallarta con Mariano Rajoy, que también recibió allí la solidaridad del guatemalteco Otto Pérez.

"Aquí no expropiamos", anunció luego el colombiano Juan Manuel Santos en un foro con empresarios españoles, a quienes tranquilizó sobre la seguridad de sus inversores. Y el ministro de Economía de Chile, Pablo Longueira, defendió una "firme postura en bloque" contra medidas proteccionistas que, como la expropiación de Repsol, pueden mermar el atractivo de la región y ocasionar un desvío de los capitales extranjeros. El titular de Exteriores del mismo país sureño, Alfredo Moreno, opinó sin embargo que "los mercados son muy sofisticados y diferencian lo que pasa en uno u otro país".

No se avista una ola de expropiaciones en Latinoamérica. Sí hay cola, en cambio, para desmarcarse del golpe argentino.
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