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Argentina ya no exporta mercenarios

Por fin una buena: la Argentina ya dejó de exportar mercenarios



Después de años de exportar mano de obra desocupada para participar en lo más sucio de las guerras, nuestro país ya no figura en la lista de proveedores.
Los antiguos soldados pagos de la Argentina ahora están muertos, enfermos o se dedican a los negocios.

Una comisión especial de las Naciones Unidas en recorrida por América latina, ha determinado cuáles son los países que tienen mayor cantidad de mercenarios peleando en las dos grandes guerras que se libran en el mundo: Irán y Afganistán.



Perú, Honduras y Colombia son, entre otras, las principales naciones que tienen soldados pagos en esas zonas de beligerancia. Por primera vez en décadas, no hay mercenarios provenientes de la Argentina mezclados en las filas de comandos latinoamericanos, que generalmente son destinados a las tareas más sucias de las guerras -en verdad, toda guerra es sucia, pero ciertas formas de estrategias de terror empleadas por los bandos en pugna suelen ser mucho más sucias que las formas de lucha convencional-.





Hoy en día, Perú, Honduras y Colombia son, entre otras, las principales naciones que tienen soldados pagos en esas zonas de beligerancia.

Esta buena noticia de que no existan mercenarios de nuestro país matando y matándose por un salario es novedosa y no surge por casualidad, sino que cierto orden democrático imperante en el país desde hace dos décadas y media desarticuló a los comandos de derecha e izquierda que otrora –finalizados los enfrentamientos locales y regionales de los años ´70- se alineaban en otros países deseosos de continuar las orgías de sangre de las cuales sentían nostalgias una vez pacificados los ánimos en nuestro territorio.



Entre los 70 y los 80, por caso, ex comandos argentinos que habían actuado tanto en filas de la Triple A de López Rega y posteriormente en grupos de choque que armó la represión durante la dictadura militar -como la banda de Aníbal Gordon y otros grupos formados por civiles y militares-, participaron como mercenarios en diferentes instancias de América Central. Países como Honduras, Guatemala y El Salvador, donde fueran captados para luchar contra insurgentes de izquierda, contaban, en primera línea de combate, con paramilitares de origen argentino.





Tanto la derecha como la izqierda local alimentaron las filas de mercenarios que encontraron trabajo en el exterior.

Pero no sólo la derecha local sirvió a esta deleznable práctica de pelear por dinero. Junto a los sandinistas que derrocaron a la dictadura de Anastasio “Tachito” Somoza entrando a Managua, figuraban varios cabecillas de los Montoneros -Firmenich y Vaca Narvaja se fotografiaron con uniformes sandinistas)-y hasta el ex jefe militar del Ejército Revolucionario del Pueblo, Enrique Haroldo Gorriarán Merlo -“el pelado”, quien en 1989 al frente del grupo “Totos por la Patria” protagonizó el sangriento ataque al cuartel de La Tablada, en la provincia de Buenos Aires-. Gorriarán llegó a ser Jefe de Policía de Nicaragua.



Pero como decíamos, esta caterva de personajes siempre fueron utilizados no para guerras convencionales sino para los trabajos más sucios de las contiendas.



En 1979, cuando el Ayatolá Komeini derrocó a la monarquía en Irán, un grupo de mercenarios encabezados por varios oficiales y civiles argentinos fueron convocados para una tarea que al final nunca se llevó a cabo. Con algunos engaños, un comando especial debía secuestrar a un hijo del depuesto Cha de Iran, Mohamed Reza Phalevi. Quienes organizaron el grupo de mercenarios planeaban pedir un rescate multimillonario al ex monarca, pero la operación debió abortarse en París cuando los comandos se encontraban listos para actuar. Recién cuando organismos norteamericanos descubrieron en qué consistía esa operación, los mercenarios argentinos supieron que iban a ser utilizados para la acción delictiva, y posiblemente después de ello serían ejecutados, como ocurrió en otras ocasiones.





Una de las últimas operaciones de mercenarios argentinos fue una caza sangrienta de terroristas de la ETA.

Una de las últimas operaciones de mercenarios argentinos fue una caza sangrienta de terroristas de la ETA que se diseminaron desde los años 80 en varios países de América, entre ellos la Argentina y Uruguay. Pero el país donde operó la ETA de manera más fuerte fue México, cuya célula madre estaba liderada -según denunció el juez Baltazar Garzón- por un histórico del terrorismo vasco, Juan Angel Oxtoantesana Badiola, quien fue detenido en Francia luego de escapar a un atentado que intentó perpetrar en México un comando de ex policías argentinos contratados por organizaciones parapoliciales españolas.

Pero eso ya corresponde a la historia. Los antiguos mercenarios locales están viejos, muertos, enfermos o simplemente se dedican a los negocios. Algunos terminaron viviendo en la indigencia y de otros se perdió el rastro.



Es alentador que la Argentina ya no figure en los listados de los países que exportan “mano de obra desocupada” a las zonas conflictivas del Planeta.



Alguna buena nos tenía que tocar en medio de tantos cascotazos en contra.



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