Argentino varado en áfrica por ebola

El argentino Emiliano Mroue tenía planeado subirse al vuelo de British Airways el martes. Pero el brote de Ebola se metió en el medio. El personal de a bordo ni siquiera quiso bajar del avión, en el aeropuerto de Freetown, la capital de Sierra Leona, uno de los tres países afectados por el mortal virus en Africa Occidental.

Y el vuelo sencillamente se canceló indefinidamente. El avión se fue. Y Emiliano, CEO de The West African Rice Company, junto con su socio, Patricio Imerito, tienen la sensación de haberse quedado varados. “El gremio de azafatas por miedo pidió no volar más. No fue una decisión de la empresa. Y ahora estoy buscando sacar otro pasaje por otra aerolínea antes de que todas decidan dejar de volar”, se lamenta.

Hace tres años que Emiliano está en Sierra Leona con su empresa arrocera. Supo del brote de Ebola apenas se detectó en marzo. Pero entonces no parecía gran cosa. “Estaba comenzado en zonas rurales”, explica a Clarín. “El problema es que siguió expandiéndose geográficamente a las capitales de los países y se expandió además en cantidad”, agrega.

La situación se agravó notablemente cuando un norteamericano infectado con Ebola tomó días atrás un avión en Liberia y llegó hasta Nigeria gravemente enfermo, donde murió. Allí se desató la paranoia. El virus era capaz de cruzar fronteras, evitar controles en los aeropuertos, volar y llegar más lejos. El médico nigeriano que atendió al paciente se contagió. Fue la gota que rebasó el vaso. Y estalló el pánico.

La paranoia internacional se transformó en un problema para los países afectados.

En primer lugar, las aerolíneas decidieron recortar vuelos. Y en segundo, explica Emiliano, las ONG se están yendo. “Esta semana se están retirando todos, salvo las organizaciones humanitarias como las agencias de Naciones Unidas”, dice.

“Esta cuasi paranoia internacional genera mucho miedo afuera. Y la realidad es que nuestra vida es normal, no estamos expuestos a la enfermedad”, aclara. Emiliano alude a que para contagiarse hay que estar con una persona infectada con todos los síntomas claramente expuestos: alta fiebre, vómitos, diarrea. Y tocarla. Los que están expuestos son los médicos. O los familiares de las víctimas, en un país donde es tradición abrazar y besar a los muertos, detalla. No es su caso.

La empresa de Emiliano está en Bo, la segunda ciudad de Sierra de Leona, justo al lado del epicentro de la letal enfermedad en Kenema. Desde hace un mes que llegar hasta allí es imposible.

“Hay restricciones, check points. La policía frena todos los autos y les toma la temperatura a todos. Si tenés fiebre te obligan a someterse a un análisis para ver si tenés Ebola”, relata. “A mí no me pararon, pero a mi amigo Patricio sí”, cuenta. Ninguno de los dos ha podido ir a Bo desde hace semanas y el negocio corre peligro.

En realidad, la economía en general está en riesgo. Los agricultores no están sembrando. Y en la mayoría de los casos, explica Emiliano, se trata de “campesinos de subsistencia. Si no cultivan, no cosechan, y el año que viene no tendrán qué comer”. Además de los muertos, una de las principales consecuencias de este brote de Ebola –el mayor de la historia– es el impacto en la economía, dice. “Está congelando la economía del país. Hay tanta paranoia... y esto el año que viene lo vamos a sufrir”, admite. “Las multinacionales se están llevando a su gente. Se están yendo todos”, insiste.

El plan ahora de este argentino es irse porque así lo tenía programado. Un mes afuera de Sierra Leona, y unos quince días de vacaciones en Buenos Aires. Pero el brote del Ebola se le cruzó en el camino. La embajada argentina está en Nigeria, y desde allí es poco lo que se puede hacer si llegara a quedar varado en Sierra Leona. Por ahora cruza los dedos y busca una aerolínea que lo saque de allí.