Arrasador ataque de EE.UU. contra las bases del ISIS

Oriente Medio Participaron aviones cazas y drones que lanzaron más de un centenar de bombas teledirigidas. Y se dispararon 47 misiles Tomahawks desde el mar. Hubo al menos 120 muertos en el inicio del ataque.





El ataque aéreo de Estados Unidos y sus aliados contra el bastión de los yihadistas del Ejército Islámico –conocido como ISIS– en Raqqa, Siria, fue devastador. Con precisión militar, comenzó a las cuatro de la mañana del martes –tal como informó Clarín en su segunda edición– cuando una nube de bombarderos, cazas y drones de combate arrojaron más de un centenar de bombas y misiles, provocando la destrucción de gran parte de la base de operaciones fundamentalista y la muerte de al menos 120 milicianos.

En total se lanzaron más de 100 bombas teledirigidas de alto poder y 47 misiles Tomahawk. De este ataque, el primero en el complejo marco de la guerra civil siria, participaron bombarderos B-1, cazas F-15, F-16 y los modernos F-22 Raptor (“stealth”), lo más avanzado en la aviación de EE.UU. Los Tomahawk fueron disparados desde dos naves, una en el Mar Rojo y la otra en el norte del Golfo Pérsico.

“Se escucha claramente el ruido de aviones de guerra. El cielo de Raqqa está lleno de drones”, escribió en Twitter uno de sus residentes, Abdulkader Hariri, minutos antes de que comenzaran a caer las bombas. El presidente estadounidense, Barack Obama, había dado la orden de atacar respaldado por sus aliados europeos y por cinco naciones árabes: Arabia Saudita, Jordania, Bahrein, Qatar y los Emiratos Arabes Unidos. Todas son de mayoría sunnita, la misma concepción islámica que el ISIS.

EE.UU. y Francia ya venían atacando posiciones de las milicias ultraislámicas en Irak, pero ésta fue la primera en territorio sirio. En el caso iraquí el gobierno de Obama golpeó primero y luego buscó apoyo militar de otros países. En cambio, en esta ocasión Washington se aseguró desde el principio un respaldo amplio en la región.

El poderío bélico utilizado en el bombardeo del martes fue una clara demostración de fuerza. Se usó todo tipo de avión de combate, así como los potentes misiles de los buques de guerra anclados en la región. A diferencia de Irak, donde se atacó especialmente vehículos y tanques, en este caso el objetivo fueron las centrales de comando, los puestos de control, los almacenes de armas y los campos de entrenamiento del integrismo.

Para que el operativo funcionara, durante más de un mes los pilotos estadounidenses habían recabado información sobre la situación en Siria mediante vuelos de reconocimiento. Según admitieron las autoridades militares estadounidenses, un aluvión de misiles y bombas de precisión cayeron el martes a la madrugada sobre Raqqa y otras localidades situadas en la frontera sirio-iraquí.

Horas después del ataque, Obama asumió el liderazgo del operativo. “Ayer por la noche, bajo mis órdenes, las fuerzas armadas de Estados Unidos comenzaron los ataques contra el Estado Islámico en Siria”, dijo en la Casa Blanca. Y aclaró: “Este esfuerzo va a llevar tiempo, habrá desafíos en el futuro, pero vamos a hacer los que sea necesario para luchar contra este grupo terrorista, por la seguridad de nuestro país, de la región y de todo el mundo”.

El jefe de operaciones del Pentágono, William Mayville, justificó la decisión al señalar que los bombardeos no sólo buscaban destruir al ISIS, sino también a la cúpula de una agrupación ultraislámica aliada de estos yihadistas, llamada “Khorasan”. “Se decidió actuar para proteger a nuestros intereses. El grupo Khorasan se encontraba en la fase final para ejecutar grandes ataques contra objetivos occidentales y potencialmente territorio estadounidense”, afirmó y agregó: “Creemos que los individuos que preparaban y planificaban estos ataques fueron eliminados”.

Si bien Mayville no dio precisiones, fuentes de Inteligencia estadounidense dijeron a medios estadounidenses que el grupo planeaba cometer atentados contra aviones utilizando explosivos especiales que se pueden disimular en dentífricos y vestimenta.

Khorasan está integrado por veteranos que en su momento combatieron junto a la red Al Qaeda. Hasta ahora habían pasado desapercibidos porque no se mostraban como organización, sino como parte integrante del ISIS y del Frente al Nusra, también blanco de los bombardeos.

Al parecer, Khorasan no tiene como misión combatir en terreno, como lo hace el Estado Islámico, sino reclutar yihadistas que vivan en países occidentales para cometer atentados en Europa y en EE.UU. Su líder es Muhsin al Fadhli, un kuwaití de 33 años que ingresó de muy joven a la organización que en su momento comandaba Bin Laden. De acuerdo a los servicios de inteligencia estadounidenses, Al Fadhli en persona se encargaba de entrenar a los suicidas.