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Asesinato reaviva el fantasma del racismo en Estados Unidos






Imágenes de una atmósfera cargada con gases lacrimógenos y bombas de humo ocuparon ayer las portadas de los periódicos de Estados Unidos, donde la muerte de un joven afrodescendiente por balazos de la policía desató protestas y acusaciones de racismo. Hasta el presidente Barack Obama interrumpió sus vacaciones para referirse a una muerte que algunos consideran que era previsible. La situación detonó el sábado en una localidad llamada Ferguson en el condado de San Luis, Missouri, con el fallecimiento de Michael Brown, un afrodescendiente de 18 años que, según cuentan los testigos, estaba desarmado y hasta levantó sus manos para demostrarlo. Las versiones son confusas, pues de un lado se asegura que forcejó con la pistola de un oficial y del otro se jura que el adolescente estaba en actitud pacífica. En todo caso, la muerte lo alcanzó por varios disparos de un policía cuya identidad no se reveló. Tampoco se dijo cuántos balazos fueron y eso dio margen a que algunos aseguran que fueron varios y que el agente tuvo margen para rematarlo.El jefe de la policía de San Luis, Jon Belmar, prometió una investigación independiente. También el FBI inició un expediente para evaluar posibles violaciones a los derechos humanos.A la par que comenzaron las investigaciones, empezaron las manifestaciones de residentes de Ferguson para pedir justicia. Las marchas iniciaron el domingo de tarde después de un homenaje al joven y se sucedieron los días siguientes, con violencia y saqueos. Policías de otras áreas llegaron para reforzar a los locales y los enfrentamientos entre los bloques fueron con cócteles molotov, gases lacrimógenos, bombas de humo y balas de goma. Periodistas que cubrieron las marchas coincidieron en destacar el despliegue de los oficiales, que actuaron en gran cantidad y con carros blindados. Estos días hubo cerca de 40 detenidos por las manifestaciones y dos policías heridos. Antonio French, un edil que estuvo preso unas horas, denunció ante la prensa que entre los arrestados “no había más que pacificadores”, en alusión a los jóvenes y pastores que habían convocado. A su modo de ver, todo tiene su origen en los “policías de gatillo fácil” del condado.InequidadFerguson tiene unos 21.000 habitantes y en el año 2000 los negros eran la mitad de la población. Hoy son el 63% y los blancos, que en el año 2000 eran 44% de los habitantes, hoy son el 33,6%.La composición de las autoridades civiles y de las fuerzas policiales no ha acompañado ese cambio demográfico y, de los 53 miembros que tiene la Policía, apenas tres son afrodescendientes. La mayoría de los miembros de la Junta Local también son blancos.En diálogo con el Washington Post, el jefe de la Policía de Ferguson, Thomas Jackson, reconoció que “las relaciones raciales” están entre sus prioridades. Ha intentado aumentar la diversidad de su personal desde que llegó al cargo y destacó que promovió a dos comisarios negros. Asimismo, declaró que trabaja con la oficina de Relaciones con la Comunidad del Departamento de Justicia para mejorar la interacción de sus oficiales con la población. “Yo les digo: ‘Indíquenme lo que quieren que haga y yo lo hago’”, se jactó.Algunos ciudadanos entrevistados por el mismo medio evidenciaron que existe cierta tensión entre ellos y las fuerzas del orden. “Encontrar a alguien en esta ciudad que confía en la policía es como encontrar un trébol de cuatro hojas”, contó Corey Crawford. Otro entrevistado, Anthony Ross, aseguró que las relaciones entre civiles y oficiales fueron “muy hostiles” durante años y que ahora son casi inexistentes. “Todos acá fueron detenidos alguna vez por el solo hecho de ser negro”, agregó.Un informe de 2013 de la Fiscalía General del departamento de Missouri centrado en la localidad de Ferguson revela que las palabras de Ross no están alejadas de la realidad. En 2013 la policía detuvo a 5.384 personas: 686 eran blancos y 4.632, negros. Los afrodescendientes quedaron sobrerepresentados en relación al porcentaje de la población que integran. En sus manifestaciones de estos días, los residentes de Ferguson insistieron en la brutalidad de una policía que tiene facilidad para atacar a los negros. Para esto también hay estudios académicos que les dan la razón: una investigación de la Universidad de Florida divulgada por el Hufftington Post revela que los oficiales “inicialmente tienen una mayor tendencia a disparar a negros que no tienen armas que a dispararle a blancos que no tienen armas”. “Estos hallazgos son complicados, los prejuicios raciales en las respuestas de los oficiales a los sospechosos pueden tener trágicas implicancias”, explicitan las autoras, Ashby Plant y Michelle Peruche. El documento es del año 2004 y asegura que con entrenamiento se puede cambiar la tendencia racial de los policías, algo que recomienda.“No hay excusas”La tensión obligó a que el presidente Barack Obama hiciera un alto en sus vacaciones y dirigiera un mensaje televisivo a la nación. Luego de un llamado a la paz y la calma, exigió una investigación abierta y transparente para que se garantice la Justicia.Luego se centró en el hecho de que “no hay excusas”, ni para que los civiles agredan a la policía, ni para que cometan actos de vandalismo, ni para que la policía haga un uso excesivo de la fuerza contra manifestantes pacíficos. Insistió en el derecho a la manifestación y condenó la detención por parte de la policía de dos periodistas que cubrían los hechos. “En este país no se debería estar disparando o encarcelando a los reporteros que hacen su trabajo”, acusó. Los reporteros del Washington Post y Hufftington Post trabajaban en un local de comidas cuando entraron unos oficiales. Uno de los periodistas filmaba y eso molestó a un agente, que lo increpó a que guardara sus cosas y lo golpeó. Los dos fueron detenidos por el supuesto delito de filmarlos –que no lo es– y liberados horas más tarde. Aunque no les sucedió nada grave, el hecho es otro ejemplo del acusado abuso de autoridad policial en esa localidad de Estados Unidos.
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