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Así reaccionaron los medios opositores ante el ArSat 1

Así reaccionaron los opositores sobre la puesta en órbita del Arsat-1

Picó en punta Nelson, que, en un día difícil para el #RelatoAntiK, decidió agarrársela con “La Yegua”: "Anida en usted, Señora Presidenta, una pequeñez. Una gigantesca pequeñez". Después lo repitió en su programa de la noche, en TN, en cual no tocó el tema con algún invitado.



Fue luego de que CFK les recordara una vieja nota de un periodista de La Nación que por enésima vez juraba y perjuraba que lo que hace el Estado está mal por definición, sumándole, obvio, hechos de corrupción y demás ingredientes de la postura antikirchnerista de rechazar todo, absolutamente todo lo que viene del Gobierno nacional.

Ayer a varios les costó festejar este logro del país. Pero tuvieron poco margen de maniobra. Apenas si encontraron refugiarse en decir que las partes del satélite no son argentinas (en verdad, sólo el 50%, y el resto fueron diseñadas por argentinas) para deslegitimar semejante proeza argentina (que ellos identifican como K). Aunque es verdad, ningún medio (creemos) se ha animado a llamarle "satélite K".

También es legítimo preguntarnos por qué le damos tanta bolilla a gente que en nuestra vida cotidiana catalogaríamos como resentida y no escucharíamos lo que tienen para criticar cada día.

Es más. Tenemos la pregunta de siempre, ¿no?: ¿Esto es periodismo?

Es decir, la intención de ser crítico ¿es esto?

¿O esto es simplemente una toma de posición anterior que lleva a encontrarle la quinta pata al gato como sea a cualquier cosa que sea positiva para el gobierno nacional?

Parece esto último.

Tomemos el caso del Cabot, el periodista de La Nación al cual ayer criticó CFK en la cadena nacional.

Hace más de un año escribía: "La empresa recibe cada vez más subsidios del Estado y aún no tiene definido el rumbo. Según datos de la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP), en los primeros 150 días del año recibió transferencias por $ 19 millones diarios. Ingresó en el mercado de la televisión digital, pero no logra afianzar la propuesta; no pudo poner en órbita ningún satélite criollo, uno de sus objetivos, aunque anuncia que lo hará en 2014. Gastó millones en un tendido de fibra óptica por todo el país, que, según la jerga, está "oscuro" (apagado). Justamente esta red es uno de los desvelos de la administración, ya que son conscientes de que pese a los millones que gastaron (no hay datos oficiales de cuánto se gastó) falta otro tanto para poder transmitir datos por la red. Y, claro, el dinero no abunda ahora. Además, se quedó con una porción del espectro para operar telefonía celular similar a la que tienen Movistar, Personal y Claro. Es decir, es un jugador que condiciona al resto, pero no hace nada.

Hoy por hoy, la estrategia desconcierta a todo el sector. "La mayor crítica a la idea de AR-SAT no es que sea estatal. En todo caso, ésa es una discusión ideológica y en el mundo hay innumerables ejemplos de estados prestadores o financiadores de proyectos de infraestructura. La mayor crítica es que no se divisa una estrategia de mediano plazo que conteste qué, para qué, cómo y dónde", dice Marcelo Celani, economista especialista en Regulación de Servicios de Infraestructura y Política de Competencia y profesor de la UTDT.

Los números muestran que la empresa de telecomunicaciones depende fuertemente de la asistencia estatal. Según la cuenta de ahorro inversión que publica el Ministerio de Economía, en 2011, último dato disponible, la firma necesitó asistencia del fisco por $ 2204 millones, mientras que generó $ 166 millones de recursos propios. En 2012, los subsidios llegaron a $ 2962 millones y la generación de caja habría estado en algo menos del 10% de esa cifra.

Mientras tanto, en el mundo las empresas de telecomunicaciones no dejan de ganar millones. Y "los libres del mundo responden"... Pero se les corta la llamada".

Hoy, en La Nación, Cabot escribe: "El satélite, que fue concebido y diseñado por la estatal Invap, tiene varios usos en el mundo de las telecomunicaciones. Pero además servirá para disimular la falta de rumbo que caracterizó a la también estatal Argentina Satelital (ArSat) en los últimos años.

Ayer con sólo bautizar al satélite bajo el nombre de ArSat-1 le ayudó a lavar sus deudas. Y así el país siguió con su historia espacial, que se inició en 1990 cuando se puso en órbita el primer satélite argentino destinado a los radioaficionados"
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