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“Aunque ya no me lo exijan, seguiré creyendo en Dios”

Joseph Ratzinger, tras su retiro



Retiro. Así lo pasaría el ex Papa, dedicando el tiempo a distintos hobbies, después de colgar la sotana

Entrevista exclusiva con el ex Papa Benedicto XVI a pocas horas de su retiro.
Se lo ve feliz en Castelgandolfo, rodeado de la calma y la tranquilidad de la campiña y arropado por el afecto de todos. Joseph Ratzinger –o Jossy, como lo conocen los camareros y escuderos del palacio– ha dejado el cargo de Papa sin remordimientos. Con la conciencia tranquila y la convicción de haber obrado sujeto a derecho canónico. Sentado en el jardín oeste, bajo la sombra de un gomero, echado en la ya frágil reposera de Pedro –que aún le dejan usar dos o tres semanas más–, dice que aceptó recibir a Barcelona porque “es, quizá, el único medio independiente-independiente de la Argentina” y, sobre todo, porque su encargado de prensa cometió un “error gravísimo” en el procesamiento de los datos de las audiencias acordadas a la prensa. “La que les ha dado a ustedes era, en realidad, para The New York Times, pero se traspapeló todo y bueh…”, confiesa. A pesar de los contratiempos, se lo ve sereno. La luz del mediodía se filtra entre las hojas del gomero y dibuja en su cara simpáticos figurines.

–¿Cómo se siente?
–Muy bien. Entero. De una pieza.
–¿Qué sintió cuando cayó en la cuenta de que ya no era Papa?
–Pffff… Fue rarísimo. Pero olvidemos eso. Prefiero hablar del porvenir.
–Claro. ¿Cómo se imagina un día en su vida, ya de civil?
–No sé. Lo que sí, tengo ganas de estudiar algo. Fotografía, quizá. Hacer algo con el tiempo.
–¿Y rezar? ¿Ya no?
–Obvio que sí. Pero mucho menos. Diría que poco y nada. Si querés ser un buen Papa, tenés que rezar; hay que rezar todo el tiempo; el 90 por ciento se te va en rezos y liturgia. Ahora, ya retirado, rezaré un poquito a la mañana y a la noche, si no estoy muy cansado, un poquito más. Y basta.
–¿Qué les aconsejaría a los jóvenes que quieren ser Papas?
–Que nunca dejen de soñar. Que se puede. Que si uno desea algo con fuerza, lo consigue. Yo no me imaginé nunca que llegaría a Papa. Y lo fui. Le puse mucha fuerza. Mucha negociación. Mucho carpetazo extorsivo. Y llegué a lo más alto: el trono de Pedro.
–¿Qué es lo que no pudo, no quiso o no supo hacer?
–No, no sé. Es difícil. No me gusta reprocharme nada. Todo lo que hice, lo hice en nombre de Dios. Bien o mal, puse todo de mí. Incluso, en varias misas importantes oficié lesionado, con un dolor terrible, pero oficié.
Ratzinger hace saber que no hablará más porque ya empieza la transmisión del Angelus. Acto seguido, aplaude dos veces, secamente, y cuatro escuderos se acercan para expulsar a la prensa. Se ha ido un grande. Se ha retirado. Pero continúa vivo en el corazón de la gente.
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