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avión que voló con un solo motor en Malvinas



Fueron 29 viajes los que hizo sobre el cielo helado de las Islas Malvinas. El último, dramático, fue el 5 de junio de 1982. Formaba parte de la escuadrilla Gaucho e iba tripulado por los tenientes Antonio Mahuad y Raúl Acosta. En plena guerra y en plena noche, soltaron sus bombas sobre el enemigo, pero fueron detectados por el radar del destructor de la Royal Navy HMS, el famoso Exeter. El buque dio aviso al portaaviones HMS Hermes, que lanzó una patrulla aérea de combate de aviones cazas. Los aviones ingleses se lanzaron con todo contra el avión nacional.

Entonces el Camberra hizo un giro de evasión, pero uno de sus motores se plantó. A sus pilotos se les heló la sangre: el avión empezó a caer hacia las oscuras y frías aguas del Atlántico Sur. Pero Antonio Mahuad, que no sabía lo que era resignarse, intentó una maniobra para recuperar la horizontal y poner proa hacia Río Gallegos. Sintió el avió respondía y que su rumbo, en esa noche de terror, enderezaba.

Pero el avión tenía problemas de gobierno y eso exigía un piloto con una gran capacidad de pilotaje: Antonio lo era. El avión se desplomó contra la pista de aterrizaje, ante la mirada asombrada de todos. En ese contacto brusco, se retrajo la pata del tren derecho, se salió al final de la misma, pero llevó sanos y salvos a ambos tripulantes, que a las 5 de la madrugada festejaron con una cerveza y un merecido choripan.

Esta es la historia de ese avión, que ahora acaba de ser recuperado en la Escuela de Suboficiales de Córdoba, en la primera vez que un Instituto de Formación se involucra en un trabajo que tiene como objetivo devolver el valor aeronáutico y didáctico a una aeronave emblemática que participó activamente durante el conflicto del Atlántico Sur, que tanto significa para los argentinos.



“Nos sentimos orgullos por el trabajo que han realizado y nos emociona que tantos jóvenes estén comprometidos con la causa Malvinas; seguiremos honrando el valor y coraje de nuestros héroes que defendieron a nuestra Patria”, dijo el ministro de Defensa, Agustín Rossi, presente en el acto.

Cabe destacar, que este trabajo involucró a los aspirantes de segundo año de las especialidades Mecánicos de Aeronaves y Electrónica, como así también la totalidad de los Cabos del Tercer Curso de Certificación. Se trata no sólo se rescatar un valioso avión, sino, al mismo tiempo, de generar un sentido de pertenencia con la Fuerza Aérea Argentina, con la idea de alimentar la vocación aeronáutica y cultivar el espíritu de equipo.

Aquel de Malvinas no fue el único servicio del Camberra 101. En 1978, fue uno de los aviones desplegados a la Base Aeronaval Comandante Espora, en virtud de la disputa territorial con Chile, que por suerte no alcanzó al conflicto armado. Por la intervención del Papa Juan Pablo II. Tres años después, en 1982, se ganó su apodo: fue el primer Canberra modificado para uso del radar Bendix RDR-1400 meteorológico y de búsqueda, con el famoso radar en la proa y el cobertor. Entonces todos le decía Pelícano por la forma de “ buche” que le quedaba al avión, como podemos ver en el actual modelo restaurado: así nace el B-101 Pelícano-1.

En la Guerra de Malvinas este avión tuvo el mando de los tenientes Rivollier y Mario González. Fue el 16 de abril de 1982. Días después, su Navegador caería en combate, al ser alcanzado su avión en el que volaba junto con el teniente De Ibáñez.

El 27 de mayo de 1982, el B-101 Pelicano I, volado por los Mayores Vivas y Escudero, armado con cuatro bombas inglesas MK17, de 454 kilogramos, realizó el primer ataque exitoso de guerra, tomando por sorpresa a los militares ingleses, que decían que era imposible que las Fuerza Aérea Argentina operara de noche. Entonces, el valiente equipo aéreo argentino se ganó el nombre de “Escuadrón Canberra”, que tenía un lema: “Qué golpea audazmente de día y de noche”.



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