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Axel, el señor música: 'Siempre fui un luchador'





Axel: “Siempre fui un luchador”


El señor música.
El día después de haber ganado el Gardel de Oro, habla de su madre en coma y del amor de su familia.






Funyi como las estatuillas. Axel dice que el Gardel de Oro le da más responsabilidad. Y que nunca le importó llenar un teatro.



Doce horas después de ganar el Gardel de oro, junto a otros dos premios por Tus ojos mis ojos, Axel acude a nuestro encuentro en los pasillos de Sony Music. Con un sombrerito que recuerda al de las estatuillas, saluda a todo el mundo, mientras de fondo un tipo anuncia con un megáfono lo que se grita en el aire: “Gardel de oro para Axel, pase a retirar”.





Recién en el pasillo deslizaste “sólo falta que se despierte mi vieja y ya tengo un año con todo”.

Es que últimamente tengo muchas sensaciones encontradas. Cuando me dijeron que mi mamá estaba en riesgo de muerte, no dormí en toda la noche. A la vez, estoy en paz. Ella cumple treinta y un días de estar en coma profundo, y muchos amigos me decían “¿Cómo vas a estar ahí parado en el escenario?”. Mi madre lo que más querría es que yo esté ahí recibiendo un premio, y celebrando la música. Porque ella es la persona que desde los cinco años me llevó a estudiar piano y al conservatorio, volviendo diez y media de la noche a casa. Yo tengo mucho de ella, de su sensibilidad. Confieso algo: si mi mamá se muere, seguramente lloraré durante un año, un siglo, una vida, o tal vez un día, no sé. Pero me voy a sentir en paz. Porque nunca me callé nada, y no me guardé nada que decirle. Yo me siento en paz.

Fuiste y ganaste, ¿cómo se siente el Gardel de oro?

Fue una noche única, inolvidable. Como lo dije ahí arriba, más allá de lo que pueda venir en el futuro, es el premio más importante de mi carrera. Nada lo va a superar. Me lo dan mis colegas, a quienes admiro y crecí escuchando o son contemporáneos míos. Salimos a festejar, y después fue muy difícil conciliar el sueño. Estuve despierto en la cama hasta las cinco de la mañana mirando el techo. Juro que me preguntaba muchas cosas. Estos momentos son cuando uno se replantea, y el martes me replanteé y reflexioné sobre toda mi vida. Sin saber si ganaríamos algo o no. Y el después, hizo que me preguntara “¿Qué habré hecho yo en mi vida pasada para merecer tanto en esta?” Porque soy un tipo común con una vida simple, pero al que le pasan cosas extraordinarias. Yo nací en un sillón en mi casa, sobre la calle de tierra de Rafael Calzada. Mi familia tuvo una vida muy sacrificada en varios sentidos, y ahora estoy tocando el cielo con las manos. Es mucho más de lo que podría haber soñado.

Dijiste que te costó más de lo que la gente se imagina.

Es así, claro, por todo lo que uno vivió y la gente no conoce de uno.

¿Cómo qué?

La gente no conoce mi historia. No conoce mi infancia. No sé si es necesario contarlo hoy. Por ahí algún día lo cuente. Por decirte un detalle simple, la gente desconoce que yo a mis catorce años estuve todo un año en silla de ruedas y que por ahí no volvía a caminar. Y que estuve siete años tratándome en el Garrahan por una infección en la pierna, desencadenada por una infiltración con una aguja mal esterilizada. Eso me comió todo el fémur derecho. Estuve un año internado, y siete en tratamiento. “Hay que ver si volvés a jugar al fútbol, o a caminar”, me decían. Muchos “hay que ver”. Pero yo siempre fui un luchador.

¿Con el premio viene más presión?

Siento más responsabilidad. Los Gardel se celebran hace diecisiete años, y el de oro lo ganaron solo trece personas. Es lindo que tanto a Abel (Pintos, ganador del oro el año pasado) y a mí nos lo hayan dado a una edad temprana, joven (tiene 38). Siempre lo dan promediando los cincuenta años, cuando uno ya tiene mucho demostrado, y por decantación, te lo terminan dando. Que me lo den a esta altura, me da mucha responsabilidad. Más que nunca, ahora, tengo que hacer los mejores discos de mi vida. Habrá más miradas sobre mi producto, mi trabajo. Yo tocaba en la calle y en los subtes pasando la gorra, y en bares. La responsabilidad más grande que siento, es la de decirles a esos músicos que están en esa situación, que con enfoque, disciplina y honestidad, mañana pueden estar viviendo de la música, como yo.

Guardás la época de artista callejero con cariño ...

¡Sí! Cambió mucho mi vida. Lo único que me dio más felicidad que tocar en la calle, es ser papá (de Agueda y Aurelia, de cinco y tres años). Ningún premio ganado, ningún viaje, ni propiedad, ni posición económica. Porque yo todavía sigo tocando con el mismo entusiasmo que cuando tocaba en el subte. Hasta el día de hoy, con dieciséis años de carrera, nunca subí al escenario sabiendo cuánto iba a cobrar. Toco porque amo la música, es algo que explota dentro mío. Ahora salieron seis Operas a la venta (llegando al total de veinte), pero ni sé cuánto sale la entrada. A mí nunca me importó llenar un teatro.

Y ahora viene el varón.

Si Dios quiere, en dos semanas. La verdad es que Delfí (su pareja), es muy perfil bajo, como lo soy un poco yo. Le pedí que me acompañara a la entrega de premios, pase lo que pase. Y fue feliz. Celebraba y agradecía, porque lo disfruta como propio.

¿Y tu padre? Cuando hablaste de él en televisión, contando que te pegaba, cambiaste para siempre tu carácter de futuro entrevistado.

Fue la única vez que lo hablé. Ese día fue lindo, porque no hablé desde el rencor. Una vez te podés equivocar conmigo y te perdono. Es lo que yo llamo cachetada de guante blanco. Pero todo tiene un límite. Ese día hablé un diez por ciento de lo que vivía de chico día a día. Yo creo en el karma y el drama, y es muy probable que las personas que son muy enemigas en una vida, en la siguiente sean padre e hijo. Porque el karma se sana con amor. El plan divino se asegura de que el karma se diluya. Por eso las relaciones padre e hijo son conflictivas y amorosas. A mí me pasaron cosas difíciles, pero como soy optimista, me enfoco en las lindas.












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