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Bariloche puede estallar como en el 2012

Bariloche: A fuego lento se cocina un… ¿2012?


No se habla mucho, pero en la soledad y abandono del Bariloche profundo, la angustia transita entre el sopor, el miedo y el potencial desborde. Semana a semana vemos cada día un mayor ejército de desesperados que tocan campanas, timbres o golpean las manos buscando algo para comer. “Señor, señora, tienen algo para comer” es una frase que preferiríamos no escuchar pero que se multiplica. No piden plata, piden comida. Quienes más solidaridad practican o pueden practicar, saben que cuando entregan algo de comida, el número de nuevos pedidos se incrementará. En la pobreza que se observa hay dignidad. Mamás con sus hijos o hijos adolescentes solos y bien educados, son los que piden. Las Mamás miran de frente, los chicos piden pero su mirada es más furtiva. Como si una vergüenza latente, nacida por algo que antes no practicaron nunca y que eso les atenaza los ojos. En el Centro Turístico esto no se ve. En el centro, como en todos los centros, hay pocas viviendas y muchos negocios.

El hambre es dura en cualquier circunstancia, pero, combinada con el frío y la sensación de injusticia es inmisericorde. Las respuestas políticas no alcanzan, como no alcanzan los planes, las asignaciones o algún esfuerzo de vender a “precios cuidados”. En algún punto, cuando la desocupación abruma y las changas no existen, el trabajador con mayúscula, siente que su esfuerzo naufraga mientras lo acecha la violencia entre pobres y delincuentes y la conciente ceguera colectiva de otros sectores que priorizan sus millonarias ganancias destruyendo Pymes con alquileres de primer mundo donde el tercero está a la vuelta de la esquina.

Hace unos días a uno de estos chicos me dijo… “señor estuvo bueno el show de la Mancha en el Centro, pero después de ir me sentí mal porque necesitamos comida no un Show”. Lo más triste es que hay gente que piensa que con un Show, unos regalitos y un pedazo de chocolate las necesidades profundas desaparecen. Estos, confunden pobreza con estupidez. Una sociedad sin prioridades es como un deprimido que piensa que con alcohol solucionará la depresión. Los pobres muchas veces no encuentran las palabras para explicar sus lágrimas, pero sienten y saben por que las tienen. Algunos no se dan cuenta, o peor aún, no les importa. Les sobran palabras pero les faltan lágrimas. Esta distancia se agranda. Entre los oportunistas de la violencia, los calculadores y la angustia real de aquellos que sienten que la esperanza queda demasiado lejos de su cotidianeidad, cualquier cosa puede pasar. Especialmente si no somos capaces de llegar a la crisis antes que la crisis explote. ¿O no se dan cuenta?

Algunos idiotas dicen con un cierto dejo de ironía calculada, palabra más palabras menos, “que casualidad siempre a fin de año hay problemas”. Y si, siempre a fin de año, o viven en una burbuja. Todos los seres humanos tienden a revisar su vida cada fin de año. Todos los padres y abuelos quieren poner algo en un arbolito de navidad. La televisión, las radios y los diarios y revistas los bombardean con ofertas navideñas que no hacen más que recordarles, a muchos, la distancia intransitable entre los sueños y la realidad. Y no estoy hablando que el mundo es injusto. El mundo es mucho más complejo que esto y que algunas líneas pretenciosas que solo buscan sacudir la inercia complaciente de las satisfacciones propias. Estoy hablando de mirar sin desviar distraídamente la mirada. De hacer que el tránsito entre la crisis y otra oportunidad no sea un terreno minado de desesperanza. Ya no importa la dialéctica sobre un pasado peor, o las explicaciones sobre los mal que estarían si no tuviesen algunos pesos entregados como una compensación al dolor. No estoy hablando de la sacralización de la pobreza o de la denuncia de la riqueza. Hay ricos miserables que entregan algunos kilos de algún producto mientras obtienen resultados publicitarios millonarios muy superiores a lo invertido y hay ricos esforzados y realmente solidarios. La riqueza no define el alma de una persona, si su comportamiento; y hay pobres sin cultura de esfuerzo o por la triste complacencia que genera el dinero no ganado pero entregado como una jeringa de LSD para volar un ratito de la realidad diaria. Estoy hablando de la desesperanza de la gran mayoría de los pobres dignos que se esfuerzan hasta lo indecible y sienten que su esfuerzo desaparece en una maraña de palabras y hechos producidos por técnicos que gastan más dinero en estudiarlos que en darles una oportunidad para siquiera tener la posibilidad de salir de la pobreza o de fracasar en la oportunidad dada.

Bariloche duele porque en pocas cuadras tiene el marketing del “Centro Turístico Invernal más grande de América” y la pobreza de una favela con 10 grados bajo cero.

En este contexto, la discusión entre el Gobernador y la Intendenta suena a película de Ciencia Ficción. Mientras que la Intendenta califica de “terrorista” al Gobernador, este, priva a Bariloche de recursos coparticipables sacándole de un plumazo su deuda con la Provincia, mientras, pide que el Gobierno Nacional no le haga a la Provincia lo que la Provincia le hace a Bariloche.

Señores, el potencial de Bariloche es extraordinario, pero su desocupación supera en mucho, muchísimo, al supuesto 7,1% que indica el Gobierno Nacional. Señores, las ciudades no son edificios que se deben gestionar por Administradores. Son cuerpos vivos que exigen creatividad, progreso, imaginación, no solo recaudación para pagar salarios públicos, tapar baches y asfaltar algunas cuadras. Señores, mostrar el Satélite que construyó una empresa rionegrina que reside en Bariloche, por científicos, profesionales y trabajadores que viven en Bariloche, en el medio de un Show con música y regalitos, ofende. Miren a INVAP como un desafío multiplicador de trabajo para la ciudad. Su crecimiento fue el producto del trabajo extraordinario de profesionales y trabajadores que se permitieron soñar despiertos y que sortearon todos los signos políticos e ideológicos para darle continuidad a un sueño que empezó con edificios alquilados. INVAP creció surfeando momentos críticos que en lugar de paralizarlos los potenció y les dio enseñanzas para crecer en lugar llenarse de excusas y búsqueda de culpables.

Hace unos días, los tres obispos de la Iglesia Católica de Río Negro, Cuenca, Chaparro y Laxague, afirmaron…“día a día las demandas se agudizan y siguen sin respuestas. La percepción de muchos ciudadanos es la de un estado gubernamental ausente sin capacidad de aportar caminos de solución. A cada funcionario le pedimos que privilegie su vocación de servicio hacia la comunidad antes que sus intereses personales y partidarios”.

¿Es que no entienden que es lo que está pasando y puede llegar a pasar?
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