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Bebota a los 60 años....

En el mejor momento de su carrera, cuando en 1987 su personaje de la Bebota hacía más de 25 puntos de rating en la televisión argentina, Alberto Olmedo decidió hacer temporada en Mar del Plata. La obra Eramos tan pobres batía record de recaudaciones en La Feliz y el Negro brillaba con todos sus personajes. El único que faltaba era el de la nena inocente que ratoneaba a más de la mitad de los hombres de la Argentina. ¿Los motivos? Adriana no arregló su cachet y se fue a hacer teatro en Carlos Paz, con la obra La noche está que arde. Hasta acá, la versión oficial.

Hoy, la Brodsky, agrega algo más: “Tenía problemas con mi ex marido. Pensé que si iba a Mar del Plata y me lo cruzaba, todo iba a empeorar. Por eso tomé la decisión de irme a trabajar a Córdoba”. Su idea era arreglar su vida sentimental y luego sí, incorporarse. Pero el destino tenía otros planes. El 5 de marzo de 1988, el capocómico murió luego de caer de un balcón del piso 11 del edificio Maral 39.

La muerte de Olmedo golpeó fuerte y Adriana, a los 32 años, se vio obligada a guardar el personaje de la Bebota. Tuvieron que pasar 28 años hasta que Martín Bossi decidiera incorporar a su obra Bossi Big Bang Show la figura del Negro. Meses después compró los derechos del Manosanta y ahí Adriana, con 59 primaveras muy bien llevadas sobre sus espaldas, hizo su debut en la calle Corrientes. Y ahora, en la temporada veraniega, a pocos días de cumplir los 60 (el 22 de diciembre), la rubia de ojos color verde esmeralda paga una deuda que tenía con su profesión: hacer la Bebota en un teatro de Mar del Plata. Una buena forma de homenajear al Negro, el hombre que la marcó para siempre.


–Pero arrancaste haciendo el personaje con Gerardo Sofovich.
–Sí, él fue quien me descubrió. Lo increíble es que sin haber estudiado actuación, pude ganarme la vida trabajando como actriz.

–¿Qué querías ser de chica?
–¡Bailarina! Soñaba con brillar en el Teatro Colón.

–¿Llegaste a tomar clases de baile?
–Sí, en la Escuela Nacional de Danzas. Pero para poder hacer esa carrera tenía que estudiar todo el día y no tenía plata. A los 13 años debía trabajar para ayudar en casa.

–¿Los Brodsky eran una familia de clase media baja?
–Sí, la plata no sobraba... Jaime, mi papá, se fue de casa cuando yo tenía dos años y recién volví a verlo cuando cumplí los 12. Lo ví dos veces más en mi vida y después se fue para siempre. Mi mamá, Dila Manuela Rodríguez, quedó sola conmigo y mi hermano, y tuvo que salir a trabajar para poder criarnos.

–¿Cuando te convertiste en alguien conocido no pudiste reencontrarte con tu papá?
–No, papá murió cuando yo tenía 17 años. No llegó a verme triunfar en televisión. Sí supe que había formado una familia y que tuvo otro hijo. Un día ese chico, que se llamaba Mariano y amaba a mi personaje, leyó una nota mía en una revista y se enteró de que era mi hermano.

–¿Lo seguís viendo?
–No, lamentablemente murió a causa de una leucemia, hace unos años...

–¿Te acordás cuál fue tu primer trabajo?
–¡Sí! ¿Cómo olvidarme? Fue a los 14 años, en la inmobiliaria donde trabajaba mamá. Me contrataron como cadeta y tenía que ingresar cuando salía del colegio. Pero como iba en minifalda, la esposa del dueño me rajó...
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