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Bob Dylan arranca hoy en Córdoba su gira en la Argentina



Bob Dylan, uno de los próceres del rock a nivel mundial, iniciará esta noche en el Chateau Carreras su tercera visita a la Argentina que continuará el sábado en el porteño estadio de Vélez y terminará el martes en el Hipódromo de Rosario.

Dylan, considerado un poeta al punto que lleva varios años como candidato al Nobel de Literatura, visitó por primera vez la Argentina en 1991 cuando dio tres shows en el estadio Obras y la segunda oportunidad fue en 1998 cuando ofició de telonero de los Rolling Stones. El autor de “Things have changed” recorre Sudamérica acompañado por Tony Garnier, en bajo; George Recile, en batería; Stu Kimball en guitarra; Denny Freeman, en guitarra y Donnie Herron, en violín, banjo, pedal steel y lap steel.

Famosos por descontracturar sus conciertos en los que cada canción suena distinta cada noche, Dylan viene incluyendo en su gira canciones como “Lay, Lady, Lay”, “Watching The River Flow”, “Masters Of War”, “Rollin' And Tumblin'”, “Just Like A Woman” y “Highway 61 Revisited”. Para el cierre incluye “Like A Rolling Stone”, “Blowin' In The Wind” o tal vez “All Along The Watchtower”, depende de su humor, en un concierto en el que alterna tocar el piano, la eléctrica o la acústica. Robert Allen Zimmerman nació en Duluth, una pequeña ciudad del estado de Minnesota en una familia judía de clase media baja de comerciantes. A los 8 años aprendió a tocar golpear el piano y a los 10 se compró una guitarra por correo, mientras que por las noches escuchaba una radio en la que pasaban al padre del country Hank Williams y artistas de blues casi desconocidos. Entre esos artistas hubo una que fascinó siempre a Dylan, el juglar de fuerte compromiso social Woody Guthrie, uno de los pocos por el cual el autor de “Blowin in the wind” confesó su admiración.

Mientras buceaba en las raíces del folk estadounidense, el rocanrol llegó a su vida de la mano de Elvis Presley, Carl Perkins, Jerry Lee Lewis y Little Richard. En la cabeza de Dylan, la idea ser un trovador moderno se mezclaba con la de ser un “rockstar”, aunque finalmente hizo un mix de ambas. A eso se sumó su fascinación por los autores franceses Rimbaud, Baudelaire y Celine, aunque fue del poeta irlandés Dylan Thomas, de quien tomó prestado su nombre.

Ya superada la adolescencia y con edad de ir a la universidad, Dylan viajó a Nueva York para acompañar a Guthrie que estaba internado, víctima del mal de Huntington. Sin conocerlo, Dylan le leía sus poemas y le mostraba sus canciones, por lo que el poeta le tomó afecto y le pidió a su esposa que alojara en su casa al joven Zimmerman. De esa manera se metió en la comunidad folk del Greenwich Village, lo que le permitió actuar y demostrar sus dotes de mentiroso, una “cualidad” con la cual construyó su propia biografía para agigantar el mito. John Hammond, uno de los descubridores de talentos de la CBS lo fichó y lo hizo grabar su primer cd en 1962 y sus primeros discos lo convirtieron en la figura del folk estadounidense y se lo vinculó con causas comprometidas al punto tal que fue definido como el “portavoz de su generación”, un rol del que comenzó a huir lentamente. De esta etapa surgieron grandes canciones como “Blowin' in the Wind”, “Masters of War”, “Chimes of Freedom”, “Mr. Tambourine Man”, luego popularizada por los Byrds. Para romper con el mundillo folk apareció totalmente vestido de cuero en el Festival de Newport y arrancó con un set eléctrico, lo que le valió todo tipo de ataques y epítetos. Parte de las canciones tocadas allí estarían incluidas en el disco “Highway 61 Revisited” (1965) una de sus obras máximas, a la que en 1966 le siguió “Blonde on Blonde”, otro de sus grandes discos. Estos discos incluyeron grandes canciones como “Like a Rolling Stone”, “Desolation Row”, “Highway 61 Revisited” y “Ballad of a Thin Man”, “Like ñLWoman” y “Visions of Johana”.

Otro disco considerado sagrado por los fans de Dylan es “Blood on the Tracks” (1975), aunque este artista, fanático del misterio protagonizó a finales de los 60 un escape digno de Harry Houdini. Envuelto en una vorágine de grabaciones, giras y mucha atención de la prensa, Dylan aprovechó un accidente con su moto Triumph 500 ocurrido en 1967 en las cercanías de Woodstock para tomarse un largo descanso. En ese tiempo se negó a tocar en shows y a grabar discos oficiales, pero cultivó el mito grabando con The Band una serie de canciones que dio origen a una de los grabaciones piratas más vendidas “The Basements Tapes (las cintas del sotano)”. Luego de pasar años envuelto en una profunda decadencia, Dylan volvió a producir buenos álbumes como “Oh Mercy” (1989) y “Under The Red Sky” de la mano de amigos como Daniel Lanois, Jeff Lynne y Tom Petty. En el medio formó la mega banda Traveling Wilburys con Lynne, Roy Orbison, George Harrison y Tom Petty, con los que editó dos estupendos discos. En los últimos años regresó con la muy buena trilogía de discos “Time out of mind (1997), ”Love and Theft“ (2001) y ”Modern Times (2006).


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