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Boliches donde hay sexo libre y vale todo


Noches al límite: boliches donde hay sexo libre y vale todo



¿Cuándo es que algo como tener sexo en un boliche se vuelve normal? ¿Cuándo fue que los reservados –que existieron siempre– se transformaron en otra cosa: túneles para tener sexo, zonas oscuras y liberadas, fuera del alcance de los patovicas? Son preguntas de difícil respuesta, pero para la mayoría de los que iban a la Fiesta Alternativa –o simplemente “la alterna”–, todos los viernes en Rivadavia al 1900, lo que pasaba en el segundo piso de ese viejo edificio del barrio de Congreso era normal. Un código conocido, una forma de pertenencia e incluso una experiencia posible que era percibida como un valor agregado de ese tipo de fiestas. Era visto como normal que dos personas fueran a la zona de los sillones, al lado del baño, para tener sexo. Que incluso aprovecharan las columnas del lugar para apoyarse ahí y que practicaran sexo oral. Que no hubiera demasiada conciencia sobre ser visto por otros y mucho menos de que esas relaciones fueran practicadas sin preservativo.

Lo que sí suena hoy como sorpresivo para todos los habitués es que alguien rompió ese código. Alguien (una persona o un grupo de amigos) pasó una frontera y rompió los límites del lugar. Esa es la explicación que encuentran a lo que pasó en la madrugada del sábado pasado con Camila, la chica que denunció haber sido violada por 4 personas dentro del boliche LeCliq. Y también los otros testimonios que se presentaron en la fiscalía (ver Abusada...) van en esa dirección: un grupo de amigos que rompió los códigos.

“En otros boliches no te permiten esto, los patovicas te sacan. Pero en estas fiestas no había seguridad.


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