Check the new version here

Popular channels

Boudou, Nixon y Alexander Haig

Boudou, Nixon y Alexander Haig







Las declaraciones del ministro Randazo, y de los diputados Perie y Recalde, reconociendo el daño que le ocasiona al gobierno el caso Boudou, implican un giro cualitativo. Un vicepresidente de la nación cuestionado, en tanto su gobierno tenga mayoría en el Congreso, no toma licencia o deja la función por presión de la oposición, sino cuando la carga política de sostenerlo comienza a ser insoportable para el oficialismo.

Es lo que le ocurrió a Spiro Agnew, vicepresidente de Nixon. No fueron los demócratas, sino un oficialista, el congresista republicano Paul Findley quien pidió su impeachment en la cámara baja de los EE.UU., en septiembre de 1973, insistiendo en la apertura de una investigación.

Findley no actuó solo. Importantes funcionarios y políticos republicanos estimaban que ya era excesivo el desgaste que Agnew le ocasionaba a Nixon. En las sombras el "crisis manager" era el jefe de gabinete del presidente, el general Alexander Haig. La tarde de la embestida Agnew estaba en California en el Rancho Mirage de Frank Sinatra, quien lo urgía a resistir. Era el consejo de los amigos de la impunidad. Al día siguiente, en Los Angeles, en una convención de mujeres republicanas, desafiaba: "No voy a renunciar si soy acusado".

En un régimen presidencialista como el estadounidense o el argentino el poder ejecutivo es unipersonal: nadie tiene más poder que el presidente. Creer que un vicepresidente acusado de corrupción puede condicionar al presidente es solo una ilusión. Y Nixon se encargó de dejarlo en claro. Solo necesitaba alguien suficientemente convincente. Haig lo era, y le hizo saber a Agnew que el presidente no quería más discursos como el de Los Angeles.

En un libro que publica en 1980 con el inquietante título "Go Quietly ... or Else" ("Andate tranquilo ... o algo"), Agnew atribuye esta frase a Haig, sugiriendo que su intervención incluyó amenazas de muerte. Pero Haig también era sutil. Lo convenció de la conveniencia de una salida negociada. Le aseguró que si renunciaba y admitía el delito de evasión, el gobierno resolvería los demás cargos y no iría a prisión.

El acuerdo se cumplió. Como consecuencia del plea bargaining, negociación de cargos entre defensa y fiscal, nunca se hizo pública una lista de 40 hojas de evidencias adicionales sobre ese y otros delitos. Admitir los cargos negociados sin litigar, nolo contendere plea, en EE.UU. evita que las pruebas lleguen a conocimiento del juez. Agnew nunca fue a la cárcel. Recibió una condena menor, a criterio del fiscal general del estado de Maryland Stephen Sachs, "la mejor negociación desde que Dios perdonó a Isaac en la montaña". Fue la resolución política de un conflicto de gravedad institucional.

Días atrás, por una cuestión de estado según el senador Pichetto, los senadores oficialistas decidieron que Boudou no presidiera el Senado en la sesión del 10 de julio, la única función permanente que le atribuye la constitución, considerándolo un obstáculo para facilitar la sanción de una ley pedida por la presidente de la nación. ¿Es ella ajena o avala este proceder? Ella es la clave. Dias atrás el juez federal Bonadío le advirtió al vicepresidente que instaría el procedimiento de juicio político si no se allanaba a sus decisiones. Un humo tenue escapa entre las grietas del poder.


0
0
0
0No comments yet