Popular channels

Cae el populismo en Grecia. Se acaba la mentira de Syriza.



AQUELLOS que por ideología o una compasión mal entendida han tomado partido por Syriza, la ultraderecha y los nacionalistas de Amanecer Dorado (todos ellos votaron juntos en el Parlamento de Atenas), recuerdan el cuento del que se mete en la autopista en dirección equivocada. Convencido de tener razón, se sorprende de que uno, dos, tres, cuatro, cinco, cien, doscientos automovilistas circulen de forma incorrecta por la vía.

En este caso, todas las instituciones europeas, todos los países de la eurozona, la derecha y la izquierda moderadas, socios grandes y pequeños de la UE, estarían cometiendo un atropello contra un país indefenso e inocente al que quieren desahuciar por el simple hecho de ser pobre. Admitamos que los extremistas de uno y otro signo, ya sean seguidores de Tsipras o Le Pen, siempre ha sido virtuosos en el arte de retorcer las cosas. También lo han intentado en la crisis griega, pero ni siquiera el mejor prestidigitador sería capaz de semejante truco. Además de esa unidad de criterio europea, los hechos demuestran que pocas veces ha habido un acreedor tan generoso como el contribuyente de los estados prestamistas. Se han producido numerosas quitas y sucesivas prórrogas a la espera de reformas profundas que nunca llegaron. En esta última fase el prestatario adopta además una actitud chulesca frente a los acreedores, con acusaciones que tachaban a los gobernantes europeos de criminales y terroristas. Nunca los interpelados se han salido de un lenguaje comedido y correcto, ni siquiera cuando los mandatarios de Syriza agitaron el bolso en la esquina haciendo guiños a Moscú.




La Unión Europea ha sido fiel a sus principios y su estilo. Enfrente, el populismo se ha vuelto a mostrar primero altanero y finalmente cobarde. Tras intoxicar a sus ciudadanos con promesas vanas y excitarlos con bravatas, Tsipras se esconde en un referéndum improvisado y chapucero sin aclarar qué hará si su propuesta sale derrotada.

De sus soluciones mágicas en la campaña electoral sólo queda un camino que conduce al precipicio. Un camino que, seamos justos, no se inicia con él sino que es culpa de las variantes populistas que han gobernado Grecia desde la restauración de la democracia. Para desgracia de los griegos no hubo allí un Suárez, un González, un Aznar o un Rajoy que tomaran medidas a tiempo. Sí los tuvieron Portugal o Irlanda y de ahí que su historia se escriba de distinta forma. Ahora los demagogos quieren pasar de causantes del desastre a víctimas. Todos los demás circulan en dirección equivocada.
0
0
0
0No comments yet