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Caminaba por la calle y perdió el ojo por una pelota de golf

Un insólito accidente en la vía pública le cambió la vida a una estudiante que fue víctima de la falta de control cuando transitaba por Alem, a la altura del Golf Club marplatense. La historia y su pedido a las autoridades



El miércoles 20 de agosto de 2014 quedará marcado en la vida María Eguren como una fecha bisagra: ese día, la joven caminaba por una de las calles más reconocidas de Mar del Plata sin imaginar que iba a ser víctima de un incidente increíble que iba a marcar su existencia.

La joven estudiante transitaba por Alem, en la zona del sector lindero al Golf Club de Mar del Plata, cuando sintió un repentino dolor en la cara que la desconcertó porque no tenía ni un mínimo indicio de cuál era la causa.

El golpe se produjo justo cuando María caminaba por el tramo de Alem que está a la altura de la cancha de golf que se encuentra en Playa Grande. Entonces sí se entendió qué había sucedido: la joven recibió el impacto de una pelota que salió del club mencionado.

La violencia del golpe provocó que Eguren perdiera un ojo. Y el accidente la motivó a escribir una carta dirigida al municipio marplatense, al que instó a trabajar para que nadie vuelva a sufrir una desgracia como la que hoy le toca vivir a ella.

"Yo entiendo que mi hecho fue fortuito y que es sumamente improbable, ¿pero cuán sumamente improbable?, así como también entiendo que era prevenible y es ahí cuando me lleno de ira", la estudiante de arquitectura.

Con la intención de lograr que este tipo de accidentes "no le vuelva a ocurrir a nadie más", María pidió que se respeten "las medidas básicas de seguridad" "Vallados, cercos, ligustros, árboles o la mismísima muralla China, todo aquello que quien sepa del tema determine que sea necesario y suficiente para prevenir accidentes", reclamó.

"Por supuesto que el sujeto que arrojó la pelota está fuera de toda tela de juicio, la 'culpa' (empecemos a nombrarla con comillas) es de una infraestructura deficiente, de un municipio poco atento y al cual se le escapan algunos cuidados básicos de sus ciudadanos, de un club despreocupado por quien no está dentro de sus inmediaciones", agregó Eguren en una carta que difunde el sitio 0223.com.ar.

La joven evaluó que "la ubicación del golf no es la correcta dentro de la trama actual de la ciudad". Y pidió que sus palabra "no se malinterpreten ni se saquen de contexto". "Apelo a la inteligencia y compresión de quien me lee. Y quiero recalcar que no persigo un rédito de índole económico, mis dos objetivos ahora son: enmendar mi ojo lo mejor posible, y hacer valer mis ideas, para que todo lo sucedido no sea en vano", apuntó.

"Lamentablemente le han golpeado la cabeza a una futura arquitecta que tiene muchas ganas de cambiar (un poco y en lo que pueda) este mundo", finalizó Eguren.
Y segundo después del impacto, la estudiante supo qué era lo que había pasado:
El miércoles último María Eguren caminaba por la zona de Alem sin saber que le cambiaría la vida en un instante. Sintió un golpe, un dolor en la cara sin entender qué le había provocado el impacto. ¿Una bala perdida? ¿Un golpe de un delincuente que quiso sorprenderla? Nada de eso. Una pelota de golf que salió de la cancha ubicada en Playa Grande le pegó en la cara. María perdió el ojo y a través de una carta pública salió a pedir al Municipio que refuerce las medidas de prevención para que "nunca más" pase un hecho de estas características.

Luego de este hecho, se inició una campaña virtual dirigida al gobernador Daniel Scioli y el intendente Gustavo Pulti para que se establezcan "normas de seguridad en el Mar del Plata Golf Club para evitar más accidentes" que ya sumó casi 800 firmas.

María escribió una carta con la intención de que se haga pública y una lectora la acercó a 0223. Allí esta joven estudiante de la carrera de arquitectura se descarga por la bronca que siente por lo ocurrido, pero también exige soluciones.

"Yo entiendo que mi hecho fue fortuito y que es sumamente improbable, ¿pero cuan sumamente improbable?, así como también entiendo que era prevenible y es ahí cuando me lleno de ira", escribió María.

La estudiante de la UNMdP planteó que su "única y expresa voluntad" desde que ocurrió el hecho es "que no lo vuelva a ocurrir a nadie más". "¿De qué manera? Colocando las medidas básicas de seguridad: vallados, cercos, ligustros, árboles o la mismísima muralla China, todo aquello que quien sepa del tema determine que sea necesario y suficiente para prevenir accidentes", añade.

Encontrar culpables es algo que siempre tranquiliza a María, cuenta en su relato, aunque muchas veces sea ella misma la "culpable". "Este no era el caso yo estaba fuera del banquillo de los acusados,
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