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Casimiro Ferrari- recordando a un grande

Casimiro Ferrari
(1940-2001) A 30 años de la Oeste del Torre a 3 de su muerte
Casimiro Ferrari se enamoró de la Patagonia y de las agujas de El Chaltén a tal punto que dejó su Italia natal y se estableció en una estancia en la cabecera del Lago Viedma, en la que hizo su casa, con un ventanal y un telescopio apuntando a los macizos de los cerros Torre y Fitz Roy. En los últimos años había contraído un cáncer que no impidió que, mientras pudo, siguiera vinculado a la montaña y a los montañistas.

En pleno invierno la estancia queda literalmente aislada, no pudiéndose acceder por la nieve con ningún vehículo. Al agravarse su salud, el 7 de julio de 2001 su compañera Ana Rojo pide por radio auxilio a Gendarmería, que recién dos días más tarde envía un helicóptero militar. Así es como, con dificultad el 9 de julio es trasladado al hospital de El Calafate donde lo atienden por una hora y dada su condición es derivado en el helicóptero a Río Gallegos donde queda internado. Allí tiene una leve mejoría, y decide irse a Italia. Muy enfermo, el 30 de julio vuela a Buenos Aires y el 31 a Milán. El 2 de agosto es internado en el hospital de Lecco donde y un mes después fallece, el 3 de septiembre.

(Fuente: Ana Rojo)

Fue allá por los inicios de los años 70 que en algún lugar de Buenos Aires conoci a Casimiro Ferrari a su regreso de una expedición patagónica. Por entonces, los encuentros en esa ciudad con expedicionarios extranjeros a la patagonia para intercambiar sueños y experiencias eran muy frecuentes. Fue así que en aquellos años, conocí a los trentinos que con Armando Aste se dirigieron a las Torres del Paine y también con el mismo objetivo a los bergamascos Frigeri, Taldo y Nusdeo. También a los ingleses Douglas Haston y Peter Burke que nos invitaron con Jose Luis Fonrouge a conversar sobre un futuro intento al filo SE del cerro Torre, en aquel tiempo una montaña - para mi - "envenenada" por la historia mal contada de Maestri y Fava. Como me casé, y comencé a trabajar en serio, la invitación concreta fue para Fonrouge que participó al año siguiente en un serio intento que luego se completaría solamente con el compresor. También nos reunimos con los franceses François Guillot y Bernard Amy antes de su intento al pilastro Este del Fitz, en donde también se lanzarían los catalanes con Emili Civis y tiempo después los suizos. Los encuentros con la expedicion patagónica de los alemanes Sturm y Schlisser y su primera a la Este del cerro Moreno Sur fueron importantes como tambien los de Cesare Maestri cuando sus dos intentos a la cima del cerro Torre por la arista del filo SE y el uso del compresor. Pero si con alguno de ellos me sentí "muy hermano" fue con Casimiro pues al poco tiempo de conocernos comenzó una singular amistad que duró por todo el resto de la vida.
Como mis abuelos maternos eran italianos, decidí en 1973 dejar mi Argentina natal por un tiempo e irme para Milán al encuentro de nuevos desafíos profesionales. Fue allí que por algunos años pude frecuentar más asiduamente la amistad con Casimiro y también con el grupo de gente escaladora de Lecco. Quizás estas líneas sirvan para demostrar una vez más como la pasión compartida por el alpinismo sirvió para sellar una amistad profunda entre dos personas. En realidad cuando llegué a Italia no estaba entre mis planes continuar con la montaña como antes. Mis nuevas obligaciones profesionales y familiares no me lo permitían y ya había encontrado en la vela un deporte adecuado a mi poquísimo tiempo libre. Sin embargo, fueron varios los fines de semana invernales que subí al Pian Resinelli para mis tertulias con gigantes del alpinismo clásico como Ricardo Cassin y Giggi Alipi, entre otros. Allí, después de saborear polentas, carpaccios y deliciosos capretos encontré algún espacio de tiempo para compartir a solas con Casimiro alguna escalada simple y divertida en la Grigna, mientras mis dos pequeños hijos varones hacían sus primeras experiencia en el esquí. Aún hoy tengo guardado entre mis fotos de recuerdos una de Casimiro llevándolos cariñosamente al Pian en la grupa de su motocicleta fuori-strada.

Durante mi retiro sabático del alpinismo, no dejé de pensar en cimas y vías deslumbrantes a alcanzar algún día. Casimiro estaba atento a mis sueños y en realidad él logró completar muchos de ellos poco después. Cuando regresó de su primera al cerro Torre por la ruta de la pared Oeste, hablamos de otras cimas y rutas patagónicas, de la Antártida y también del Perú con sus cordilleras Huayhuash y Blanca que nos parecía que merecían el inicio de una época de rutas más estéticas y difíciles. De la Cordillera Blanca, entre un amaro y otro pusimos en la lista entre otras a la pared del Alpamayo. Para mi sorpresa, a las pocas semanas, Casimiro me llamó a mi casa en Milán y me dijo que estaría llegando a cenar con el sponsor de su próxima expedición al Alpamayo. Fue así que conocí al Sr. Mario Busnelli, empresario muy conocido en Lombardía y amante del alpinismo clásico. Al poco tiempo salieron para el Perú dejándome con una sana envidia. La historia es bien conocida pues ellos abrieron una ruta elegantísima en una pared de una montaña que merecía ese trazado. Tiempo después me tocó visitar al Sr. Renato Cepparo quien estaba interesado en patrocinar una expedición alpinística a la Antártida y que concretando su idea partió con algunos "Ragni" con ese destino para retornar victoriosos con varias cumbres vírgenes.

Con Casimiro hablamos repetidas y soñadoras veces de nuevas rutas al Fitz por el Pilastro Este, por el Diedrone Noreste por la Oreja (ruta después llamada Pilastro Casarotto), de las paredes del Murallón y del San Lorenzo, de la Sur del Grande y de los misteriosos y desconocidos cerro Risopatrón y cerro 3.018, todas ellas montañas y rutas grandiosas.
Con su enorme entusiasmo y conocida tenacidad Casimiro y sus colegas de Lecco fueron alcanzando

muchas de esas metas escribiendo una historia alpinística que a mi juicio es la más grande realizada en la cordillera patagónica austral.

De nuestras conversaciones recuerdo algunas expresiones, reflejando sus ideas, que quedaron fuertemente grabadas en mi memoria. Entre ellas:

De los coleccionadores de ochomiles: "...Hacen mucho para ellos mismos y poco por el alpinismo".
Y respecto a algunos comentarios de trentinos escépticos respecto a la posibilidad de los "Ragni" de escalar el cerro Torre: "... ya verán si somos capaces !!"

Casimiro escaló montañas en una época y en un ambiente de aventuras de verdad, pero sin ponerle adjetivos grandilocuentes a sus realizaciones y relatándolas con una conmovedora simpleza, realzando los valores de la camaradería y el trabajo del equipo de compañeros. De esta forma creció su liderazgo entre sus pares y su figura fue ejemplo para las generaciones más jóvenes.

Pero fue en los ultimos años que Casimiro demostró una entereza y un valor singular pues sabiendo la dureza del mal que lo atacaba no dejó de luchar y tampoco abandonó la montaña. Radicado la mayor parte del tiempo en su estancia de Punta del Lago Viedma, al pie del Fitz Roy, aún debilitado, salió varias veces de su confortable estancia para realizar con jóvenes alpinistas argentinos algunas primeras ascensiones importantes como la Sur del cerro Grande y una nueva ruta en la Noroeste de la Aguja Mermoz. En esos años demostró a todos su tenacidad y valor levantando su frente bien alta para soportar la angustia y el dolor.

La montaña ha perdido un grande del alpinismo, la cordillera patagónica su amante más fiel

mi humilde homenaje a un grande del montañismo
1Comment
Patagonik-O

Gracias por compartir la historia.

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