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Caso Magaly: la dura historia del abusador

La dura historia del joven acusado de abusar de Magaly

Su madre es analfabeta y a su padre lo mataron a tiros en la villa. Su familia insiste en que la chica mintió sobre su edad. Y en que las relaciones fueron consentidas.




Acongojada, con la cabeza apoyada sobre sus manos y la mirada clavada sobre la mesa. Así está María Angela Aguirre, la mamá biológica de David Benítez, el joven de 24 años detenido en la DDI de San Isidro acusado de abusar sexualmente de Magaly, una menor de 12 años. Angela, como elige que la llamen, recibe a Clarín en la casa de Virreyes de su amiga Zulma Ladwing, que es la "mamá postiza" de Benítez. De hecho, el joven vive en esta casa y no en la villa La Cava, donde sí vive su madre y donde él pasó la noche del martes 22 de julio, porque a la tarde lo habían invitado a jugar un partido de fútbol en la cancha ubicada en el corazón del barrio.

Zulma cuenta que tuvo un presentimiento. "¿Por qué mejor no te quedás?", le dijo ese día. "No puedo, tengo que ir a jugar sí o sí, los pibes me llamaron", le respondió David. Más tarde terminaría conociendo a Magaly.

Las dos mujeres insisten en la inocencia del joven. La realidad muchas veces es difícil de explicar desde afuera: hay que embarrarse las zapatillas o estar en el día a día. Y la realidad de Benítez es dura. Su historia cuenta que nació en Paraguay y que al año vino a vivir a la Argentina. Que cuando tenía 16 mataron a su padre: lo acribillaron de varios tiros dentro de La Cava. Que se tuvo que hacer cargo de Angela: su madre no tiene trabajo porque es analfabeta. Que pasó varios días sin comer, sólo con un vaso de agua, aunque a veces ni eso. Que tenía que salir a buscar cartones o a hacer changas de albañilería. Que a pesar de la marginalidad de tener que estar del otro lado del muro –que mide 3 metros- y que separa la villa de la "ciudad", no tenía antecedentes por causas penales.

"Un día le pedimos que fuera al quiosco a comprar pañales para una de sus primitas y no volvió. Nos llamó a las dos horas desde la comisaría donde estaba detenido porque un policía lo llevó por portación de cara. El es un pan de Dios, lo juro. Si viviéramos del otro lado del paredón todo esto no nos pasaría", dice Angela, que habla mejor guaraní que castellano.
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