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CFK peleada con el mundo y rodeada de fanáticos, aplaudidor




De regreso del que Cristina Fernández considera como el más triunfal de sus viajes al exterior, lo que incluye la errónea visión de un Papa al que sólo le faltaría el carnet de afiliado para considerarlo uno de los suyos, la Presidenta ha cerrado el círculo para poner en marcha la tormenta perfecta.

Suponen, en su cada vez más raquítico entorno, que de esa forma atravesará el derrotero hacia el momento en que le toque abandonar la Casa Rosada para convertirse en la jefa de la oposición a todo gobierno que arranque el 11 de diciembre de 2015 que no sea encabezado por un incondicional suyo.

Lo que verdaderamente no va a ocurrir porque esa figura hoy no existe. La Presidenta no tiene candidato para el año que viene y se siente cómoda así. Por ello, Cristina ha decidido pelearse, de una sola vez y al mismo tiempo, con todo el mundo, lo que incluye la temeraria decisión de colocar a niveles de casi ruptura las relaciones con Estados Unidos y otros países centrales como Alemania. Y encerrarse en el plano interno con sus fanáticos y leales.

Cristina, La Cámpora y Kicillof. Esa es la trilogía en la cual se basará desde ahora el esquema de gobierno con el que se planea llegar al fin del mandato. Fanáticos, aplaudidores y ultraleales. El resto serán enemigos de adentro y afuera que solo quieren desestabilizarla o impedir que termine su mandato en tiempo y forma.

Ella y sus fanáticos están convencidos de que tienen el aval del Papa en cuanto al apoyo a su prédica externa antibuitre. Y que ese imaginario apoyo se extendería al plano interno, y puntualmente a la lucha contra los imperialismos que llevan adelante los inefables camporistas "Wado" de Pedro y "Cuervo" Larroque.

La verdad, nada de lo que venden sobre lo que piensa Bergoglio en política exterior es nuevo ni nació de su relacionamiento con Cristina. Y si algo se le reconoce en el plano interno es el temor a que el gobierno y sus erradas decisiones económicas puedan provocar algún desmadre social que complique la transición hacia el traspaso del poder.

El plan para desatar la tormenta perfecta ya ha dado sus primeros frutos. El gobierno yanqui ha sacado de su agenda de interés a la Argentina. El resto de los países centrales, lo que incluye a la injustamente destratada Alemania, ha votado contra las resoluciones en Naciones Unidas sobre el accionar de los fondos especuladores.

Todo sería una estrambótica conjura mundial contra un gobierno modelo como el que CFK encabeza, y cuyas consecuencias desde ya -lo que reafirma el completo desinterés por quien resulte ganador en las elecciones- pagarán otros, los que vengan a hacerse cargo de la pesada herencia.
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