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ENTREVISTA A LEÓN GIECO
"Chabán no es un asesino y los Callejeros tampoco"
"No sé qué va a hacer la justicia", dijo y se preguntó: "¿Qué pasaría si mañana aparece un flaco y dice que fue el que tiró la bengala?"



Acaba de volver de viaje. Tocó en Expo Zaragoza y se quedó veinte días más en Europa. Apenas volvió, recibió el impacto de la muerte de su madre, después de una larga enfermedad. Sin embargo, aunque su manager suspendió el recital que tenía que dar al día siguiente, León pidió realizarlo, tal como cree que ella le hubiera pedido. “¡Si mi vieja me manda a tocar desde que tengo 7 años!” cuenta. “No se va a poner en egoísta ahora,” remata. Así que fue del cementerio a Córdoba, donde cantó sin decirle nada al público. “Le hice un homenaje y pensé toda la noche en ella. Porque sino, ¿qué te quedás haciendo? La muerte no existe.”

Después de tantos años de conciertos multitudinarios y la constancia de sumar con cada disco más temas clásicos a su repertorio, León Gieco no se comporta –en absoluto– como si tuviera la fórmula del éxito. Sufre y tarda en parir cada álbum, a tal punto que hace poco echó mano a un viejo truco para ganar tiempo y seguir componiendo material nuevo: lanzó en junio un compilado de canciones grabadas en discos de otros artistas, una cantidad tan grande que terminaron siendo tres volúmenes bautizados Por partida triple.

En paralelo, mientras él realizaba esa selección, otro sello le daba forma a un tributo que sale a la venta esta semana: Gieco querido! Cantando al León, un título que es un guiño al homenaje realizado a Calamaro hace dos años. En esta caso hay un primer volumen con versiones de Las Pelotas, Spinetta, Bersuit (sin Cordera), Mercedes Sosa, Santaolalla, La Vela Puerca y Raly Barrionuevo, entre otros. Y en diciembre saldrá la segunda parte, con Serrat, Ismael Serrano e Iván Lins.

–¿Cuándo te enteraste de este tributo?

–El año pasado. El productor Afo Verde me llamó una vez para hacer el tributo a Sandro, y también para el homenaje a Calamaro. Ahí me dijo: “El próximo sos vos”. No le di mayor importancia al comentario, y ahora me enteré de que hay dos discos grabados con un montón de artistas que hacen un homenaje a las canciones que uno ha compuesto. Para mí, es exagerado. No sé si lo merezco o no lo merezco. Tal vez sí, por tener 40 años de carrera, casi 200 canciones y unos 45 discos. Hay otros también que se lo merecen, por supuesto, como Charly, Spinetta y Fito.

–¿Y cómo fue que la idea de sacar un compilado de tus colaboraciones se convirtió en una caja triple?

–Pasa que estos discos no es algo adrede, no es que yo lo busqué. Primero me di cuenta de que no podía componer el álbum nuevo a tiempo. Ese dato es fundamental, porque nos preguntamos “¿qué hacemos este año?” y pensamos, “si una vez sacamos Por partida doble, vamos a empezar a buscar material para hacer otro doble”, así que empecé a juntar material con quienes yo había compartido. Revisé todo lo que grabé en los últimos años y daba para ocho discos. Escuchamos, dimos vuelta, sacamos, y quedaron tres volúmenes que me encantan y son buenísimos. Pero no surgió adrede, sino que debo de ser el músico al que más llaman para cantar como invitado.

–¿Y cómo hacés para estar en todas esas grabaciones?

–¡Es que no busco tocar con alguien! Es algo que hago casi a desgano, porque siempre estoy ocupado y me llaman e insisten. Hay algo en mí que olfatea que sería bueno tocar con tal artista porque es abrir una puerta nueva y es movimiento. A mí me atrae el movimiento, porque de ahí salen todas las cosas. Nunca mirar el techo, ¿viste?

–¿No te sirve aquello del concepto del ocio creativo?

–La estaticidad ya no me va más. Incluso ahora descubrí que puedo hacer dos cosas a la vez. Hace años, por ejemplo, que no puedo estar en un sillón tranquilo escuchando música, salvo que sea el disco nuevo de Bob Dylan o Paul McCartney, donde me siento y no me muevo para ver todo lo que hicieron. Pero a todos los demás los reviso caminando. Me voy a Palermo o hago gimnasia y escucho. Me encanta hacer eso. No puedo estar quieto. También es una urgencia de la edad, porque pronto voy a tener 60 años y –si Dios quiere– me faltan veinticinco años de vida útil, ¡y no es nada! Entonces no me queda otra que moverme mucho.

–¿Tenés una relación amor-odio con los cronogramas, los horarios y las obligaciones, no?

–¡Totalmente! No puedo ajustar los horarios y odio las agendas. No sé qué voy a hacer dentro de diez minutos, así que imaginate si voy a saber lo que voy a hacer la semana que viene. Es un problema para mí.

–Acabamos de derrumbar un mito, porque todos creen que sos un tipo con agenda bien organizada.

–¡Ni en pedo! Mi hija, la más chica, que es profesora de piano en la Villa 31, me ve tan desorganizado que cree que no hago nada. Hace poco me dijo: “Pero, papi, ¿cuándo hiciste estos tres discos?”. Y no sé cómo hice, pero se juntaron tres discos, sin agenda, a los ponchazos.

–Tampoco es que sos así para defender el tiempo libre, porque no te gusta estar al pedo, digamos.

–No. Cuando tengo un tiempo libre, ahí se me arma el quilombo. Cuando me levanto y no tengo nada para hacer... gimnasia seguro, y escuchar discos atrasados también, eso ya es una cosa. Pero después ya me empiezo a poner nervioso. Levanto el teléfono y aparece algo al minuto. Una grabación, algo.

–El otro mito es que todo el mundo cree que sos un tipo con gran esperanza en la humanidad, que piensa que el ser humano va a cambiar. Y en realidad sos bastante pesimista.

–¡Soy repesimista! Yo no creo que vaya a cambiar, y creo que va todo para atrás. A nivel país, éste es un país estilo “tómalo o déjalo”, porque no tiene solución. El crisol de razas no dio resultado, evidentemente. Pero sí sé que hay que ser una persona buena, no cagar a nadie, ser fiel y solidario, porque la solidaridad no solamente ayuda a las personas sino que te ayuda a vos. Eso no significa que piense que la cosa vaya a cambiar, ni tampoco soy tan iluso de pensar que mi solidaridad o mi canción vaya a solucionar un problema. ¡No soy un pelotudo! Otra cosa es creerse el personaje de que “gracias a mí” se logran cosas. Yo toco Sólo le pido a Dios con cara de orto porque me doy cuenta de que no soluciono nada con las canciones. Son temas que uno compone porque siente esa fibra y es sincera. Pero después ves a Mick Jagger en la película de Scorsese, todo arrugado, cara como un pergamino, bailando Satisfaction y decís: “¡Claro, este tipo es feliz, si nunca se metió en nada!”. Con esa película vi qué convencimiento tienen los chabones todavía de cantar Satisfaction, como si fuese un tema que compuso ayer. Yo, cada vez que tengo que cantar Sólo le pido a Dios sufro como un hijo de puta y digo: “¡Ojalá no la cante más!”. Fui a verla tres veces al cine y me dio una inyección de vida.

–¿En qué quedó tu proyecto de un disco de versiones y otro de temas nuevos?

–Tenemos muy pocas cosas compuestas, pero lo que hay es tremendamente bueno. Estamos con una especie del 50% del demo listo, y nos tenemos que liberar de una serie de trabajos e irnos de Buenos Aires para ponernos a terminarlo, como hicimos con todos los demás discos. Pero en este momento me enganché con la producción del documental Mundo alas, que para mí es muy importante y está muy buena. Creo que para fin de año tenemos la película terminada y el demo del próximo álbum terminado, por lo cual empezaremos a grabar el año que viene, junto al baterista Jim Keltner, el mismo de los Traveling Wilburys, Ry Cooder y los Beatles solistas.

–¿Tus versiones de rock nacional quedarían para después, entonces?

–El proyecto es rescatar la década del sesenta, los temas de la época en la que vivía en mi pueblo, en Cañada. Me encantaría versionar canciones de Pajarito Zaguri, Billy Caffaro, Litto Nebbia y Soy un pedazo de atmósfera del gordo Peralta Ramos, o la del Gusanito de Jorge de la Vega. Yo los escuchaba por la radio y pensaba “¡qué raros estos tipos”. El del Gordo decía “No me agarra la policía, no me puede tocar nadie porque total soy un pedazo de atmósfera”. Qué bueno sería ser un pedazo de atmósfera, ¿no?

La impotencia de no saber qué hacer para que Charly García esté mejor

¿Cómo anda Charly? Yo no lo veo desde que me fui afuera. Lo sacamos de la clínica Dharma en un estado deplorable, desnutrido, y estábamos contentos porque lo llevamos a lo de Palito Ortega. Pero allá rompió todo, ¡qué desastre! El problema de Charly es que siempre actúa como es él, un personaje. Es un tipo tan fuerte, y por otro lado tan débil, que habría que hacer algo, pero a veces no se sabe qué hacer. Yo, la verdad es que no sé qué hacer y lo lamento mucho. La ayuda que yo le puedo dar es económica, o hacer como la otra vez en la década del noventa: con mi mujer le ordenamos y pintamos la casa mientras estaba internado. Pero otro tipo de ayuda tiene que salir de él.

–¿Vos cómo hiciste cuando te diste cuenta que estabas tomando mucho?

–Buscás ayuda. Vos mismo buscás ayuda. Y una de las ayudas máximas que tuve fue Mercedes Sosa, en el año 82/83, cuando me vio mal. Yo venía de una gira donde tomaba mucho whisky y muchas anfetaminas. Era salir del escenario y vomitar, un desastre. Le conté que no estaba pasando un buen momento y que estaba muy preocupado porque mi papá era alcohólico, y yo estaba tomando una botella de whisky por día. Le dije que necesitaba una especie de lavaautos: un lugar adonde entrar y salir limpio. Y Mercedes me habló de un lugar que se llama Puígari, cerca de Paraná, que es justamente para drogadictos, fumadores, gordos y alcohólicos. Me interné quince días y cuando salí era otra persona. Empecé a elaborar mi problema, hasta que un día me limpié de todo y lo único que me queda son cinco cigarrillos diarios. Me puse mejor, me puse más creativo, me empecé a alimentar bien, adelgacé, tengo más voluntad. Ahí está el quid de la cuestión: querer curarse. Ésa es la parte que no tiene Charly, y no sé cómo transmitirle eso.

–Adrián Otero y Fabi Cantilo hicieron ese clic hace poco.

–Les pasó lo mismo que me pasó a mí, de decir: esto no va, ya hice demasiado quilombo, soy un boludo. O tener gente que te observa y te dice que sos un pelotudo y estás actuando mal. Esas cosas te ayudan a relacionarte de otro tipo de forma y alejarte un poquito del personaje. Yo corté con todo y rearmé toda mi carrera: desde el año 92 en adelante –justo el año en que se murió mi papá de alcoholismo– me rehíce hasta económicamente, porque había perdido todo. Vale la pena intentarlo.

“Chabán no es un asesino y los Callejeros tampoco lo son”

“No sé qué va a hacer la justicia. Mi pregunta es la siguiente: ¿qué pasaría si mañana aparece un flaco y dice que fue el que tiró la bengala? Va preso, pero a mí ni me da para culparlo, porque no fue a matar a 194 personas. Es un tipo que se equivocó, que tiró una bengala de tres tiros porque el rock barrial se futbolizó. Fue un desastre y lo único que me queda es lamentar esas muertes y los pibes que quedaron averiados. Pero cuando veo que empiezan a echar culpas a éste y al otro, primero empecemos por el principio: nadie quiso que pasara lo que pasó, pero las diferentes causalidades dan ese tipo de accidentes. Hay una falta de responsabilidad desde la habilitación, los inspectores, un par de cosas corruptas y el pobre Chabán que lo tratan como si fuese un asesino y siempre se dedicó a tener dos lugares para tocar rock. Le echan la culpa de 194 muertes por el solo hecho de que nunca hubo ningún control de nada y le vino mejor poner 4.000 personas a 10 pesos y no 1.000 a 40, porque también hay un problema económico en el país. Me cuesta muchísimo entender qué es lo que va a hacer la justicia y de dónde se va a agarrar, porque incluso no va a dejar conforme a nadie, porque una muerte no se puede conformar con nada. Y sigo pensando que cómo les van a decir asesinos a los Callejeros. Yo sigo pensando que es un grupo que toca rock and roll y se acabó. Era un grupo bengalero como eran un montón de grupos. Entonces, Chabán no es un asesino y los Callejeros tampoco. De última, los inspectores tampoco. Son unos irresponsables, pero no son asesinos. Y los corruptos, si hubo una policía corrupta o un bombero corrupto, que cobró cierta guita, tampoco es un asesino, es un corrupto. Pero todo eso dio como resultado una masacre.”

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