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Chomsky, Petras y Nader sobre Obama

James Petras enumera más de diez razones para no votar por Obama

El programa de YVKE “En Órbita”, conversó el pasado martes con el prestigioso intelectual estadounidense, James Petras, sobre las elecciones en Estados Unidos. Frente a la fascinación que Obama ejerce, incluso en algunos sectores latinoamericanos, Petras vino a recordar que Obama ha prometido más guerra en Afganistán y Paquistán, apoyar a Israel si ataca Irán y no se ha comprometido a levantar el bloqueo contra Cuba ni a rectificar su política con Venezuela.


El programa de análisis internacional “En Órbita”, que YVKE Mundial emite todos los martes a las 19h, conversó el pasado martes con el profesor de la Universidad de Binghamton (Nueva York) y autor de importantes libros, James Petras. Preguntado por su afirmación de que existen más de diez razones para no votar por Barack Obama, el candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, James Petras enumeró las siguientes:

“Primero, Obama públicamente ha declarado que va a aumentar la intervención militar estadounidense en Afganistán, con más de 3 brigadas, 15 mil tropas y también afirma que los Estados Unidos va a cruzar las fronteras para atacar pueblos en Pakistán, supuestamente simpatizantes con la resistencia afgana.

Segundo, Obama ha declarado que está dispuesto a extender la “guerra contra el terrorismo”, como lo llama, para aumentar los ataques terrestres y aéreos en Paquistán. En otras palabras, extendiendo la guerra hacia nuevos pueblos en otro país.

Tercero, Obama está contra la retirada de tropas de Iraq. Dice deben ser reubicadas fuera de las zonas de combate, pero van a quedar en el país, con capacidad militar, entrenando y dirigiendo el ejército iraquí. Obama está en contra de cualquier definición de fecha para retirar las tropas.

Cuarto, Obama ha declarado su apoyo incondicional a Israel, su expansión y sus políticas guerreristas en el Medio Oriente. Incluso ha dicho que está dispuesto a apoyar a Israel si Israel lanza una guerra contra Irán, y esto significaría que otra vez tendríamos un presidente totalmente sometido a los sionistas en este país. Incluso, sus principales asesores para el Medio Oriente son sionistas de larga trayectoria.

Quinto, Obama ha prometido que si Irán sigue refinando el uranio, Washington está dispuesto a lanzar una guerra. Su vicepresidente, Joe Biden, ha dicho que las primeras semanas de Obama va a tomar algunas medidas no populares, es decir, unas políticas agresivas, militaristas, y el vicepresidente de Obama dice que es importante que los seguidores de Obama estén preparados para defender una política agresiva, que podría ser en las primeras semanas de su nuevo Gobierno”.

Resumiendo las razones para oponerse a la política internacional de Obama, Petras afirmó: “Tenemos en el frente internacional una política que supera las posturas bélicas del presidente Bush. En relación con América Latina, Obama está contra el fin del bloqueo contra Cuba y no muestra ninguna postura favorable a mejorar las relaciones con Venezuela y acercarse a discutir políticas económicas con el Presidente Chávez”.

La opinión de Petras sobre Obama, en quien muchos quieren ver un Martin Luther King, no es mucho mejor en el terreno de la política nacional: “En el frente doméstico, el Señor Obama ya ha aprobado los 700 mil millones para los grandes banqueros y no ha tomado ninguna posición para proteger a la gente de las clases populares que no pueden pagar sus hipotecas. Es más, hemos recibido muchas noticias últimamente sobre los bancos que están recibiendo las subvenciones del Estado aprobadas por Obama, están utilizando el dinero para comprar otros bancos, es decir, acumular imperios bancarios en vez de circular este financiamiento gubernamental hacia los deudores, los negocios y para financiar nuevos préstamos para los que están activos en el sector productivo”.

Petras contradijo lo que ha sido la piedra de clave de toda la campaña demócrata: “No tenemos una ruptura con la política de Bush. Tenemos un continuismo reaccionario que no toma en cuenta las opiniones de sus seguidores y el electorado que va a votar con él. Él utiliza una retórica por el cambio, por la renovación, con el público, pero ante los líderes del partido habla otro discurso: bélico, pro-capitalista y anti justicia social”.

¿Un nuevo Napoleón?
Petras recalcó que “no hay ninguna ruptura con la política militarista. Incluso hay peligro de que tome medidas más extremistas para mostrar a los militares y a los militaristas que él también es un hombre duro, un hombre fuerte, capaz de enfrentar lo que llaman los “enemigos de los Estados Unidos”. Éste es el peligro de un personaje débil que quiere presentarse como un nuevo Napoleón estadounidense, con medidas más agresivas”.

Preguntado sobre los riesgos de un magnicidio por parte de grupos derechistas, Petras confirmó que en Estados Unidos los grupos paramilitares de extrema derecha se pasean armados, sin ningún problema, y hay un eventual riesgo, no solamente para Obama, sino para cualquier persona que defienda ideas de izquierda o simpatice con la causa árabe, por ejemplo. Pero James Petras subrayó que, “en todo caso, el problema no son los ultras. Los ultras no están creando la quiebra en la economía, no son los que toman las decisiones de invadir Iraq o Afganistán. La principal fuerza política que nos está perjudicando a nosotros y a los pueblos del Tercer Mundo son los republicanos y demócratas, presidente y congresistas”.

Petras se refirió a la corrupción en el proceso electoral estadounidense, y llegó a afirmar: “Yo creo que tenemos un sistema electoral similar a lo que llamaron las “repúblicas bananeras” de Centroamérica. Somos un sistema electoral bananero, con un estilo de corrupción, de manejar los votos, eliminar votantes desfavorables a uno u otro partido. Es una práctica común en varios estados: desde Florida, Ohio y otros lugares. El manejo del sistema electrónico de votación, incluso en los ballotages de papel hay casos en los que desaparecen miles de votos, que no están incluidos en el recuento final de las elecciones”.

Petras advirtió incluso sobre la posibilidad de que se roben la elección la noche del recuento.

“En Órbita” le pidió al profesor estadounidense que profundizara en su valoración sobre la eventual política de Obama con respecto a América Latina, y llegaron los matices: “Es difícil imaginar una política peor a la que existe. Como sabemos, Estados Unidos está solito, favoreciendo el bloqueo contra Cuba: 153 países votan contra el bloqueo, toda Europa tiene relaciones con Cuba, etc. Entonces, partimos de una posición ultra-extremista de Washington frente a Cuba. Yo creo que cualquier otro presidente, incluso Obama, va a modificar algunas medidas. No terminar el bloqueo, pero tal vez permitir que familias puedan visitar a sus familiares en Cuba. Pero no ha presentado ninguna propuesta de abrir negociaciones con Cuba, no hay ninguna idea de permitir ayuda humanitaria a Cuba y respetar su soberanía”.

Petras afirmó también que “en algún momento ha dicho que está dispuesto a negociar con Venezuela, pero estas declaraciones no tienen ninguna consecuencia, por lo menos ahora. No han pedido disculpas por las intervenciones, por apoyar los golpes, no han reconocido los grandes errores que han cometido los Estados Unidos financiando a la ultra-derecha en sus esfuerzos por tumbar al gobierno ilegalmente”.

Petras concluyó que “Obama tiene que pensar primero en una rectificación antes de continuar la política actual. Hasta ahora, los principales asesores de Obama no son gente progresista. Pero, como decía, la política ahora es tan extremista y tan afuera de lo que el resto del mundo piensa hacia Venezuela y Cuba, que tal vez la opinión pública mundial podría presionar a Obama a actuar con más racionalidad y con menos extremismo”.

El profesor estadounidense anunció su próxima visita a Venezuela, para presentar dos libros, uno sobre América Latina y otro sobre el poder de Israel en los Estados Unidos.


Carta al senador Obama (ahora presidente electo)
Entre la esperanza y la realidad
Ralph Nader


Estimado senador Obama:
Durante los casi dos años que ha durado su campaña presidencial, las palabras “esperanza y cambio”, “cambio y esperanza” han sido el tema repetitivo de sus declaraciones. Sin embargo, existe una asimetría entre tales objetivos y su carácter político, que se somete a centros antagónicos de poder nada proclives a la “esperanza y el cambio” y sí a la continuación del statu quo.
Ha recibido usted contribuciones económicas tan enormes que no tienen parangón, muchas más que el senador McCain, procedentes de intereses corporativos, de intereses de Wall Street y, lo que resulta más peculiar, de abogados de grandes bufetes corporativos. Nunca antes un candidato demócrata a la presidencia había logrado tal superioridad sobre su adversario. ¿Por qué, aparte de su apoyo incondicional a favor del rescate bancario con 700 mil millones de dólares, esos intereses corporativos están invirtiendo tanto en el senador Obama? ¿Podría ser porque su trayectoria como senador de Illinois, como senador nacional y como candidato presidencial (trayectoria que incluye su apuesta por la energía nuclear, por las plantas de carbón, por las perforaciones petrolíferas en alta mar, por los subsidios corporativos, incluida la Ley de Minas de 1872, y que elude, por ejemplo, cualquier programa integral destinado a luchar contra la ola de criminalidad corporativa y contra el abultado y despilfarrador presupuesto militar) les haya demostrado que es usted el hombre que necesitan?
Para promover el cambio y la esperanza, el cargo presidencial requiere carácter, coraje e integridad, no conveniencia, acomodación y oportunismo a corto plazo. Veamos, por ejemplo, la transformació que ha sufrido usted: de elocuente defensor en Chicago de los derechos palestinos antes de postularse al cargo de senador nacional ha pasado a ser acólito y portavoz de la línea dura del lobby judío usamericano (AIPAC, por sus siglas en inglés), que reafirma la opresión militar, la ocupación, el bloqueo, la colonización y la confiscación durante años de agua y tierras pertenecientes al pueblo palestino y de sus menguados territorios en Gaza y Cisjordania. Eric Altermann ya resumió numerosas encuestas en una edición de diciembre de 2007 de la revista The Nation, en las cuales quedaba claro que la mayoría de los judíos usamericanos rechazan las políticas del lobby judío.
Usted sabe muy bien que sólo cuando el gobierno de este país apoye a los movimientos de paz israelopalestinos, que elaboraron hace años una detallada solución de dos Estados (apoyada por la mayoría de los israelíes y los palestinos), habrá posibilidades de resolver este conflicto que dura ya más de sesenta años. Sin embargo, usted se pasó al campo de los partidarios de la línea dura, de tal manera que en su infame y degradante discurso ante la convención de la AIPAC, justo después de su nombramiento como candidato presidencial del Partido Demócrata, apoyó una “Jerusalén indivisa” y se opuso a las negociaciones con Hamas, el gobierno electo en Gaza. De nuevo, ignoró usted la voluntad del pueblo israelí, que en una encuesta del 1 de marzo de 2008 aparecida en el respetado periódico Haaretz, mostró que el 64% de los israelíes estaban a favor de “negociaciones directas con Hamas”. Uno de los muchos líderes palestinos que abogan por el diálogo y la paz con el pueblo israelí ha descrito así la posición de los partidarios de la línea dura de la AIPAC: “Hoy el antisemitismo es la persecución de la sociedad palestina por parte del Estado israelí”.
El verano pasado, durante la visita que hizo usted a Israel, programó sólo 45 minutos de su tiempo para los palestinos, sin conferencias de prensa y sin visita alguna a los campos de refugiados, algo que sin duda habría alertado a los medios sobre el brutal tratamiento que sufren los palestinos. Su viaje sirvió de apoyo al cruel e ilegal bloqueo de Gaza, contrario al Derecho Internacional y a la Carta de Naciones Unidas. Se centró usted en las victimas del sur de Israel, que durante el pasado año han totalizado una víctima civil israelí por cada 400 palestinas en el lado de Gaza. En vez de adoptar una posición política opuesta a cualquier violencia y favorable a la aceptación de la propuesta que la Liga Árabe hizo en 2002 con el objetivo de permitir un Estado palestino viable en el interior de las fronteras de 1967 a cambio de plenas relaciones diplomáticas y económicas entre los países árabes e Israel, jugó usted el papel del político de poca monta y se fue de allí dejando a los palestinos con un sentimiento de mucha conmoción y poco pavor .
David Levy, un antiguo negociador de paz israelí, describió su viaje en pocas palabras: “Hubo una muestra casi malintencionada de indiferencia ante el hecho de que aquí conviven dos discursos distintos. Puede que eso le sirva como candidato, pero no como presidente.”
El comentarista usamericano de origen palestino Ali Abunimah señaló que Obama no emitió ni una sola crítica a Israel “…por su permanente construcción de asentamientos y muros, por los cierres [de pasos de control] que hacen la vida imposible para millones de palestinos. […] Incluso el gobierno de Bush criticó recientemente el uso israelí de bombas de racimo contra civiles libaneses [véase www.atfl.org ]. Pero Obama defendió la agresión israelí contra el Líbano como un ejercicio de su ‘legítimo derecho a defenderse’.”
En numerosas columnas, publicadas en el Haaretz, Gideon Levy criticó duramente las agresiones del gobierno israelí contra la población civil de Gaza, entre ellas los ataques en “el centro de un abarrotado campo de refugiados… con horrible derramamiento de sangre” a principios de 2008.
Uri Avnery, escritor israelí y defensor de la paz, describió la aparición de Obama ante la AIPAC como un espectáculo que “batió todos los récords de obsequiosidad y adulación” y añadió que Obama “está preparado para sacrificar los intereses usamericanos más elementales. Al fin y al cabo, para Usamérica es vital que se logre una paz israelopalestina que permita llegar a los corazones de las masas árabes, desde Iraq hasta Marruecos. Obama ha dañado su imagen en el mundo musulmán y ha hipotecado su futuro, si es que lo eligen presidente”, dijo. Y añadió: “De una cosa estoy seguro: las declaraciones de Obama ante la AIPAC son muy, pero que muy malas para la paz. Y lo que es malo para la paz es malo para Israel, para el mundo y para el pueblo palestino.”
Otro ejemplo de su falta de carácter, senador Obama, es la manera en que les ha dado la espalda a los usamericanos musulmanes de este país. Se negó usted a enviar sustitutos para que hablasen a los votantes en sus reuniones. Mientras que sí ha visitado numerosas iglesias y sinagogas, no ha querido visitar una sola mezquita de este país. Incluso George Bush visitó la Gran Mezquita en Washington (DC) después del 11-S para expresar oportunos sentimientos de tolerancia ante un aterrado grupo religioso de inocentes.
El New York Times publicó un artículo el 24 de junio de 2008, titulado “Muslim Voters Detect a Snub from Obama” [Votantes musulmanes detectan un desaire de Obama], firmado por Andrea Elliott, en el cual se citaban diversos ejemplos de su aversión por esos usamericanos que proceden de todos los estratos sociales, que sirven en las fuerzas armadas y que trabajan para vivir el sueño americano. Tres días antes, el International Herald Tribune publicó un artículo de Roger Cohen, titulado “Why Obama Should Visit a Mosque” [Por qué Obama debería visitar una mezquita]. A pesar de ello, ninguno de tales comentarios y reportajes ha alterado su intolerancia política contra los usamericanos musulmanes, y ello a pesar de que su padre fue un musulmán de Kenia.
Es posible que lo que mejor haya puesto en evidencia su absoluta falta de coraje político o la versión más suave de este rasgo suyo sea su capitulación ante los partidarios de la línea dura cuando le exigieron que prohibiese hablar al ex presidente Jimmy Carter ante la Convención Demócrata Nacional. Se trata de una tradición que rinde homenaje a antiguos presidentes y que este año le ha sido acordada a Bill Clinton en horario de máxima audiencia.
Carter fue un presidente que negoció la paz entre Israel y Egipto, pero su reciente libro , en el cual instó a ese superpoder dominante que es Israel a que evite el apartheid de los palestinos y haga las paces con ellos, fue todo lo que hizo falta para dejarlo de lado. En vez de un importante mensaje de Jimmy Carter a la nación sobre este crucial problema internacional, el ex presidente se vio relegado a una aparición en el escenario, que fue acogida con “estruendosos aplausos” después de la proyección de una película sobre el trabajo realizado por el Carter Center tras el ciclón Katrina. ¡Debería darle vergüenza, Barack Obama!
Pero su vergonzoso comportamiento se ha extendido a muchos más aspectos de la vida usamericana (véase el análisis de los hechos realizado por Matt González, mi compañero de candidatura, en www.votenader.org ). Usted ha dado la espalda a los cien millones de pobres de este país, que incluyen a blancos, a afrousamericanos y a latinos. Dice usted que ayudará a la “clase media”, pero siempre evita cualquier referencia a los “pobres” de Usamérica.
Si gana las elecciones su triunfo será mucho más que un salto sin precedentes en su carrera, tras una brillante campaña carente de escrúpulos en la que habló de “cambio” y que, sin embargo, demostró una obediencia absoluta a la concentración del poder en manos de los “supremacistas corporativos”. Su campaña debería haber sido sobre el traspaso del poder desde unos pocos hasta la mayoría. Si gana, la Casa Blanca debería estar presidida por un hombre negro que no da la espalda a los desposeídos, ni aquí ni en el extranjero, sino que reta a las fuerzas de la codicia, al control dictatorial del trabajo, de los consumidores y contribuyentes, y que también se opone a la militarización de las relaciones exteriores. La suya debería ser una Casa Blanca que transforme las políticas usamericanas –que las abriese a la financiación pública de las elecciones (con aportaciones voluntarias)– y que permitiese que a los candidatos menos importantes se les diera la oportunidad de aparecer en debates y de hacer uso de sus ahora restringidas libertades civiles. Eso sería una democracia competitiva.
Su campaña presidencial ha sido un ejemplo de posiciones cobardes. Hay quien dice que la “esperanza” es eterna. Pero no lo es cuando la “realidad” se obstina en desgastarla a diario.
Atentamente,
Ralph Nader
(Esta carta apareció publicada el 3 de noviembre de 2008, un día antes de las elecciones que dieron el triunfo a Barack Obama).
Notas del traductor
Alusión a la operación denominada Shock and Awe, con la cual la aviación imperial inició la guerra de agresión en Iraq en 2003.
Jimmy Carter, Palestine : Peace Not Apartheid , Simon & Shuster 2006.



Chomsky
“Obama es parte de la clase privilegiada, es un blanco que tomó dos horas de sol”

El intelectual estadounidense más respetado por la izquierda internacional aseguró que Barack Obama “es un hombre de clase media alta, que estudió en Harvard”, y que “habría que ver qué significa el ‘cambio’” que propone. Además, advirtió que la crisis se solucionará con la “socialización de los costos a través del Estado”. También, repitió, una vez más, que en los Estados Unidos “gobiernan los intereses económicos”.

Impacta entrar al Massachusetts Institute of Technology (MIT). Su edificio central recuerda a la Grecia antigua, pero pronto uno se da cuenta de que está en una de las universidades más avanzadas del mundo, con sus edificios vanguardistas y cargados de innovación arquitectónica.

Noam Chomsky trabaja en el piso 8 del State Center, famoso por su diseño futurista. El ámbito es estimulante. Me recibe la secretaria de Chomsky con su perro, un caniche negro, al que lleva al trabajo casi todos los días. Chomsky ocupa una luminosa oficina del departamento de linguística y filosofía del MIT. Es un referente intelectual de los Estados Unidos, aunque su presencia en los medios locales es realmente limitada. Es que este profesor se encuentra bastante a la izquierda de todo el sistema político norteamericano.

En su percepción, no existe democracia verdadera en los Estados Unidos. Le pregunto dónde ve una democracia funcionando, y me responde: “En Bolivia”. Cree que la probable llegada de un negro a la presidencia de los Estados Unidos es consecuencia de las luchas de los movimientos sociales desde los años 60, aunque afirma que la segregación racial continúa en el país de forma más sutil. Me sorprende su visión de la crisis económica: piensa que es resultado de un sistema que no es verdaderamente liberal y de competencia.

—¿Qué significa que un negro esté cerca de la presidencia?

—Es resultado de 40 años de luchas, del trabajo de los activistas de los derechos civiles desde los años 60, del movimiento feminista en los 70, del movimiento de solidaridad, de los ambientalistas y últimamente de la corriente que lucha por una justicia global. La consecuencia es una sociedad más civilizada, se han roto barreras, y esto permite que aparezca gente que piensa diferente. Esto explica que tengamos un afroamericano o mujeres en la carrera presidencial. Lo vemos incluso en las entrevistas a gente de los estados del sur.

—¿Es un cambio Obama?

—Habría que ver qué significa “cambio”. Para ver negros verdaderos hay que ir a los suburbios de Boston, no a Harvard. Obama es un hombre de clase media alta, liberal, que estudió en Harvard, no es lo que yo veo en mi barrio, en los suburbios. El corte con él no es racial, sino social. Obama es parte de la clase privilegiada, es casi un blanco que tomó un par de horas de sol en la playa.

—Desde Kennedy y los movimientos de los derechos civiles se ha avanzado en la integración de los negros. ¿Sobrevive la segregación?

—Por supuesto. Hay formas diferentes de segregación, como el sistema de transporte. Cambridge (donde está Harvard) está blindada. Hace rato que se plantea extender el subte a los suburbios, pero no se realiza nunca. No es lo mismo tardar 10 minutos que 40 en llegar al centro o a Cambridge. El sistema de transporte es una forma de mantener a los negros alejados. Hay formas sutiles de discriminación y explotación. Además, no hay sólo segregación racial sino social. Hubo proyectos de integración escolar que no rindieron frutos.

—¿Qué dice de la campaña?

—Los candidatos son productos de marketing, creados por los asesores y las firmas de relaciones públicas. Con Bush ya lo hicieron y les salió bien: un muchacho común, al que le gusta la cerveza y estar en su rancho. Hasta creo que lo han entrenado para que hable mal o pronuncie mal algunas palabras.
Chomsky es un destacado profesor
del Massachusetts Institute
of Technology de Boston.

—Los Estados Unidos están entrando en una inédita crisis. ¿Cómo se llega a esto en la mayor potencia capitalista?

—Hubo una propaganda del mismo sistema para que la gente compre y se endeude. Ahora que todo se complica, la gente quiere “cambio”. Pero la realidad es que el sistema fabrica consumidores, y es la forma de que no molesten. Vea si no los avisos publicitarios de los autos, o de cualquier producto: ya ni informan de las cualidades del mismo, no fomentan la existencia de un consumidor informado que toma decisiones racionales. Así se crea una burbuja, que Greenspan se rehusó a parar. Hay una creencia casi religiosa de que los mercados se regulan solos, algo que no tiene base empírica fuerte. Es lo que les conviene a los poderosos en el corto plazo, y en el largo ya veremos. Lo cierto es que los mercados son ineficientes, no consideran externalidades. Si yo le vendo un auto, nadie se preocupa por lo que esa transacción genera para otros: polución, aumento del precio del petróleo, congestión en las calles. Ni los mercados son eficientes ni los consumidores son informados y racionales, es algo muy distinto de lo que venden de la libre competencia.

—¿Cómo salen de esto?

—El público paga. Ahora veremos una socialización de los costos a través del Estado, esto no es nuevo. Siempre el sector estatal subsidia al privado, es el que hace el trabajo duro. Es el que hace las grandes inversiones para crear las computadoras, Internet o los aviones. El sistema se mueve con subsidio estatal y cuasi monopolios, pero lo llaman capitalismo. Ahora le toca al sector bancario.

—¿Qué tipo de democracia es hoy Estados Unidos?

—No vivimos aquí en democracia. Bolivia es realmente una democracia, donde manda la voz de la gente. Acá gobiernan los intereses económicos. La gente odia pagar impuestos porque siente que le están robando su dinero. La propaganda les ha hecho creer que el Estado es un alien que los roba. Por eso lo odian y por eso todos hablan contra Washington.


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