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Cinco mitos en k aída libre

A lo largo de la última década, el kirchnerismo ha querido imponer falsedades con “la industrialización”, la seudoestatización de YPF, la desconcentración económica, la actividad de los pequeños y medianos productores rurales y las inversiones. Especialistas consultados por Hoy desenmascaran las mentiras




Mito 1: La “industrialización” del país

El neoliberalismo de los ´90, con Carlos Menem a la cabeza, abrió la puerta a los grandes negocios privados. El kirchnerismo, luego de la crisis del 2001-2002, dijo representar la nueva política que implicaba un mayor compromiso del Estado en los temas esenciales del país. Fue una gran falacia, una gran cortina de humo que se está disipando a medida que se acerca el final de la era K.

Por ejemplo, el supuesto modelo de desarrollo productivo con inclusión social, tan promocionado por el gobierno, nunca existió. Peor aún, en los últimos meses, se ha vuelto a niveles de la economía peores que los de la época menemista.

A su vez, a pesar de haber contado con el viento de cola internacional por el precio de las commodities, el nivel de participación de la industria en el total del PBI sigue estando por debajo de los años '90, que era del orden del 19%, mientras que en los últimos 11 años, según diversos informes, se está entre el 17 y 18 por ciento. ¿Dónde quedó el modelo? En la nada misma.

Otro dato que muestra la diferencia entre la realidad y lo que dice el gobierno, se da en las supuestas sustituciones de importaciones que se ha ejecutado en la “década ganada”. Los K ponen como ejemplos el polo tecnológico de Tierra del Fuego, y la industria automotriz. Ahora bien, la realidad indica que actualmente la industria tecnológica de la provincia más austral del mundo depende en más de un 90% de insumos importados (las fabricas son meras ensambladoras, y otorgar ningún tipo de valor agregado), mientras que el modelo automotriz depende de componentes que vienen del exterior en más de un 70%.

La cosa no queda ahí, ante la crisis registrada en los últimos años, se perdieron cientos de puestos de trabajo en las automotrices y actualmente son miles los operarios suspendidos. Puede notarse, entonces, que nunca se trabajó en el desarrollo de un modelo productivo. De ahí que la dependencia que se tiene del extranjero, sea igual o mayor que la de los años ’90.

En diálogo con Hoy, el economista del GEN, Martín Hourest, expresó que “el gobierno a riesgo de haber priorizado la lógica de entrada de capitales sin tener un plan estratégico de desarrollo, porque si usted tiene un plan estratégico de desarrollo hay sectores donde a usted le interesa que entren capitales y sectores donde no le interesa que entren capitales”.

Para el exlegislador porteño, “la lógica de haber apostado por ejemplo al complejo automotriz bajo ciertas condiciones o al complejo importador tecnológico de Tierra del Fuego, implica que usted no tuvo en ningún momento como país una estrategia de desarrollo más allá de fomentar la demanda de bienes tecnológicos de generación netamente importados y de un complejo automotriz básicamente importador”.

Las palabras suele llevárselas el viento, y en cuanto al modelo de desarrollo implementado por el kirchnerismo, puede notarse que la realidad choca de bruces contra el relato oficial, mostrando una verdad que el gobierno niega y que la sociedad argentina en su conjunto sufre hasta el hartazgo.

Mito 2: La fábula de YPF

La Argentina pasa uno de sus peores momentos en materia energética y de combustibles, y a pesar de la “epopeya” que el relato oficial habla por la recuperación de YPF, esta situación en vez de amainar, se ha encrudecido.

El economista y abogado Félix Herrero, exdirector de Yacyretá durante el último gobierno de Juan Domingo Perón, destaca a Hoy que “YPF ha sido semiestatizada, el 51% es argentina, y en realidad lo que se ha estatizado es un 18% de actividad del crudo y un 15% de la actividad petrolera, lo demás está en una luz de sectores multinacionales, y un 3,5% de las acciones la tienen los fondos buitre”.

Para Herrero “la Argentina debe tener una empresa nacional como existe en toda América Latina, tiene que atraer a sus técnicos que han sido expulsados y que andan por todos los lugares del mundo”.

El abogado y economista especializado en energía, advierte que a través de YPF “se tiene que hacer inversiones de acuerdo con la renta que el sector decida, y el destino de esa renta tiene que ser la inversión, el cambio de matriz energética y no los intereses de las multinacionales”.

El déficit en combustibles ronda los 12.000 millones de dólares, y se llegó a esta situación por la deficiencia del gobierno al dejar que las empresas extranjeras se llevaran las ganancias a sus casas matrices sin reinvertir nada en nuestro país.

Mito 2: El “apoyo” a pequeños y medianos productores rurales

Durante la “década ganada”, más de 60.000 pequeñas explotaciones agropecuarias desaparecieron, dejando esas tierras para las multinacionales y los grandes productores. Al revés de lo que se dice, desde el gobierno se ha trabajado para los que más tienen y menos trabajo rural dan, en detrimento de los pequeños chacareros.

En diálogo con Hoy, Jorge Solmi, Secretario de Coordinación de Federación Agraria, señaló que “esta década ha concentrado la productividad agropecuaria en pocas manos. Los pequeños productores estamos cada vez más arrinconados y estamos produciendo hoy la misma cantidad de leche que en los ’90, pero casi con 10.000 tambos menos”.
Para el productor oriundo de Pergamino, “no-sotros vemos a esto como un plan premeditado por parte del gobierno nacional, ya que no sólo no ha sabido hacerlo, sino que no ha tenido intenciones de hacerlo. A pesar de los ‘éxitos’ económicos que el gobierno plantea, nosotros seguimos teniendo los mismos reclamos que en la década del ’90”.

“Es muy claro qué es lo que hace el gobierno y hacia donde quiere ir, y esto no se debe por una política errada hacia el sector rural, sino que para nosotros esto se debe a una política premeditada por parte del gobierno”, subraya Solmi.

Analizando los datos de la realidad, vemos como los distintos índices de la realidad rural van descendiendo uno tras otro. Las medidas que se han desarrollado en los últimos tiempos desde el Ejecutivo no han dado en el clavo y sólo ha crecido el desaliento entre los productores, fijando la mirada del sector como muy pesimista de cara al corto y mediano plazo.

Mito 4: “Desconcentración” económica


Un informe realizado por Orlando Ferreres muestra que el 1,86% de las empresas radicadas en el país, obtienen el 70,88% de las ganancias totales, y sólo 11.000 de las 602.989 empresas existentes, se llevan el 70% de la producción total, una diferencia que muestra para qué sectores se ha estado trabajando desde el gobierno nacional.
“No ha habido durante esta década ningún cambio productivo, sino que se agravó lo de los ’90 con un proceso basado en la colocación de recursos naturales, principalmente procedente de la soja y de la minería, y con una estructura industrial sumamente dependiente de insumos importados”, refleja a Hoy el economista Claudio Lozano.
A pesar del discurso nacionalista del gobierno, “no ha sucedido ninguna política que promoviera un proceso de desconcentración de la economía y tampoco de reducción de la presencia del capital extranjero”, remarca Lozano.

El dirigente de la CTA recalca que “la salida devaluacionista del 2002 no hizo más que aumentar el fenómeno de la concentración, que se ha mantenido prácticamente sin alteraciones importantes durante la gestión kirchnerista”.

El lenguaje público del gobierno intentando mantener detrás de sí al arco progresista que lo acompaña, se viene descascarando con acciones que nada tienen que ver con un discurso nacional, sino que está más emparentado con los ’90 y del cual Néstor Kirchner desde el gobierno de Santa Cruz acompañó como uno de los alumnos dilectos de Domingo Cavallo, quien solía ponerlo como uno de los ejemplos a seguir por el resto de los mandatarios provinciales de la Argentina.

Mito 5: La inversión en infraestructura

El discurso oficial ha pergeñado a lo largo del tiempo un fuerte andamiaje mediático que habla del fuerte nivel de inversión en infraestructura que se ha desarrollado en los últimos 11 años. Una vez más, la realidad deja de lado la ficción oficial y muestra que en estos años se ha invertido la mitad en infraestructura que en los años ’90.

Jorge Colina, Jefe de Investigaciones del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA), afirma a Hoy que “a partir del año 2004 y hasta el 2012, que es uno de los últimos datos disponibles, la inversión en infraestructura fue la mitad que en los años ’90”.

Para el reconocido economista “en la década del 90, Argentina invertía en infraestructura el 5,7% de su PBI, de los cuales 5 puntos los agilizaba el sector privado y el sector público sólo el 0,7% del PBI. A partir del 2004 se le cerraron las puertas al sector privado, y aquí pasa a verse que el sector público invierte el 2,1% del PBI, mientras que el sector privado sólo el 0,8% del PBI”.

“Se ve casi una controversia ideológica, donde se cree que la introducción a la economía debe ser pública o privada. Eso es un debate del pasado, y acá se viene dando en forma creciente la visión de que el desarrollo sólo puede estar vinculado al Estado, cuando la tendencia en el mundo es que el Estado y el sector privado deben ir de la mano y no por separado”, enfatiza Colina.

El fracaso de las medidas pseudo desarrollistas ejecutadas por el kirchnerismo durante la última década son latentes, y no han hecho más que profundizar la brecha entre los que más tienen y los más desfavorecidos del “modelo”.
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