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Claves para entender a Massa

Detrás de sus frases hechas y de las obviedades que suele responder, se esconden hechos de corrupción de la era K que lo salpican. Su participación en el canje de deuda y la relación con una consultora que cobró una comisión millonaria




En medio del cimbronazo y del crack económico que se está viviendo en el país, gran parte de la dirigencia política, tanto del oficialismo como de la oposición, está haciendo gala de una enorme superficialidad e improvisación a la hora de hacer propuestas sobre posibles soluciones que se tendrían que aplicar para sacar al país del abismo.

Un caso testigo es el de Sergio Massa, el líder del Frente Renovador. En las últimas semanas, mientras la crisis se fue aguzando, se le escuchó repetir frases como “Hay que preparar a los sistemas educativos para la revolución tecnológica”, “En la Argentina no hay Justicia tributaria”, “Es central que la política deje de buscar culpables y empiece a dar soluciones”; “A la gente le alcanza cada vez menos la plata y se pierden puestos de trabajo, por eso hay que atacar la inflación”, afirmó.

Nadie en su sano juicio podría estar en contra de estas afirmaciones por el simple hecho de que se trata de obviedades. Es como decir: “queremos un país sin pobres” o “todos los ciudadanos se merecen un sueldo digno”.

Ahora bien, en un contexto de crisis, donde los actores económicos y sociales requieren precisiones muy concretas y creíbles acerca de qué tipo de medidas tienen pensado instrumentar aquellos que se dicen candidatos para conducir los destinos del país, el discurso de Massa es igual a la nada misma. Es una mera cáscara vacía.

La improvisación del ex intendente de Tigre es permanente en cada uno de sus actos. Es un cúmulo de frases políticamente correctas, pero los programas concretos brillan por su ausencia. Y eso que, entre aquellos que forman parte de su equipo, hay ex funcionarios con dilatada trayectoria como es el caso del exministro de Economía, Roberto Lavagna.

La superficialidad massista, a su vez, radica en que el propio ex intendente de Tigre está seriamente comprometido por distintos hechos de corrupción durante la era K, cuando fue titular de la Anses y Jefe de Gabinete. Por ese motivo, a la hora de hablar sobre el conflicto que mantiene la Argentina con los fondos buitres, suele patear la pelota a la tribuna:

“¿Sabés cuáles son los buitres contra los que tiene que pelear la Argentina? Inseguridad, inflación, desempleo, falta de orden. Esas son las peleas de verdad que tenemos que dar, lo demás es cuento”, es uno de los latiguillos preferidos del líder del Frente Renovador.

La pasividad de Massa, ante la situación de default y desacato en la que se encuentra la Argentina, no es ingenua. Ocurre que estaría seriamente involucrado en el escándalo de la consultora Arcaida, propiedad del abogado Marcelo Etchebarne y del economista Emilio Ocampo, que fue denunciada y está siendo investigada por presunto "tráfico de influencias” en el proceso de canje de deuda de 2010. Precisamente, producto de los baches dejados por ese canje, y por la decisión política del gobierno K de ceder soberanía y permitir que la Justicia de Nueva York sea la encargada de dirimir los pleitos con los acreedores, es que ahora estamos sufriendo las consecuencias del default y del desacato.

La consultora en cuestión habría cobrado más de 5 millones de dólares en concepto de comisiones que, llamativamente, habrían sido pagadas por bancos privados. La denuncia que fue presentada oportunamente por el senador Fernando “Pino” Solanas, posteriormente ampliada por el diputado Claudio Lozano, también involucra a Amado Boudou, el titular de la Anses, Diego Bossio y otras personas de estar ligadas a la consultora. Un hermano de Bossio habría trabajado para la consultora.

Según consta en la demanda, estaría probado que en agosto de 2008, Etchebarne fue recibido por Massa, entonces jefe de Gabinete, quien le habría exigido sumar “al Citi y al Deutsche” para cerrar un acuerdo. Luego, la negociación entró en puerto muerto, pero la llegada de Boudou al Ministerio de Economía poco después de la derrota oficialista en las elecciones de 2009 reanimó las conversaciones. Finalmente el 15 de abril de 2010, y tras largas demoras, se anunció oficialmente.

El negocio habría sido redondo. Con millonarias comisiones que se repartieron bancos y consultoras amigas del poder, los acreedores que entraron al canje se aseguraron que el Estado argentino terminara avalando títulos de la deuda externa que, en su origen, estaban sospechados de ser ilegales e ilegítimos.

Massa, al haber sido jefe de Gabinete, no debería hacerse el desentendido. Es más, hasta podría ser uno de los que terminen teniendo que dar explicaciones en el banquillo de los acusados.

Apoyo del PJ: bailando en la cubierta del Titanic

A la improvisación massista se le contrapone la obsecuencia de los referentes del Partido Justicialista bonaerense. Lejos de intentar plantear alternativas para, al menos, apaciguar el colapso económico, intendentes del Conurbano y autoridades partidarias, con Fernando Espinoza a la cabeza (jefe comunal de La Matanza), no tuvieron mejor idea que convocar a la militancia rentada a una reunión en Tandil.

La cumbre comenzará hoy y finalizará mañana. Está previsto que se redacte un documento con las conclusiones del cónclave. No hay que hacerse ilusiones: ya se sabe que sólo contendrá muestras de apoyo a Cristina Kirchner y sus alocadas teorías conspirativas. Está previsto que participen gobernadores, el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez; y el director ejecutivo de la ANSES, Diego Bossio, que preside el justicialismo tandilense.

También se harán presente integrantes de La Cámpora, la organización ultrakirchnerista que tiene a Máximo Kirchner como principal referente y que se financia con recursos del Estado, es decir con los impuestos que pagamos todos los ciudadanos.

Como si todo esto fuera poco, el mismo día, habrá un acto en el estadio de Atlanta, de Nuevo Encuentro, para “bancar el proyecto”, encabezado por el titular de la AFSCA, Martín Sabbatella.

En tanto, el martes próximo, se reunirá el Consejo Nacional del Partido Justicialista, integrado por funcionarios, gobernadores y precandidatos presidenciales, para “analizar la situación política” del país, tras la denuncia de la presidenta sobre un supuesto complot “para voltear al gobierno”.

A esta altura, los referentes del PJ han decidido ponerse a bailar en la cubierta del Titanic, respaldando un proyecto político que, al igual que el buque que se hundió en 1912, va a rumbo a estrellarse. La diferencia es que, en lugar de un iceberg, es la propia realidad la que termina chocando con la falacias del relato y de las alocadas teorías conspirativas.
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