Colgados del pene de Romeo Santos

La ministra de Cultura dijo alguna vez que le interesaban más las mujeres haciendo dulce que los espectáculos empaquetados.



“Por ahí uno en pos del marketing y la difusión, la tinellización, decís, bueno, la cosa va por acá… No… La cosa va por la revalorización. Es mucho más significativo, más representativo, las mujeres haciendo dulces, nuestros guitarreros, nuestros cantantes de ópera, que todo lo que venga empaquetado como algo atractivo. Es mucho más significativo para este ministerio.”

Todo lo que venga empaquetado como algo atractivo… ¡En fin! Las palabras que reproducimos más arriba fueron dichas, aunque a esta altura resulten una obvia contradicción, casi un lugar común de un funcionario que acaba de asumir su cargo, por Marizul Ibáñez, en la entrevista que MDZ Online le realizó en diciembre del 2011, a pocos días de hacerse cargo del principal organismo de la cultura mendocina.

Claro que ese edificio ideal de la cultura como algo ajeno al mero espectáculo multitudinario comenzó a derrumbarse a los pocos meses, ya que en mayo del 2012 la ministra y el titular de Turismo, Javier Espina, danzaban hasta en televisión al ritmo de Soñando por cantar, producido, justamente, por Marcelo Tinelli.

De acuerdo a las conveniencias, los conceptos “masivo”, “popular”, “cultura” y “espectáculo” se meten o no en la misma bolsa. Y eso es lo que está haciendo este Ministerio de Cultura desde hace rato.

Se habla de valorización de nuestros artistas, de respeto por nuestra idiosincrasia, de resignificación de la cultura, y después de todo eso, no sólo se trae a Romeo Santos, que es un mero producto publicitario (masivo, claro, pero un producto publicitario), y se lo hace además en connivencia con un empresario que será el único que salga favorecido económicamente, sino que se alteran, con poco más de 24 horas, los horarios de la programación.

Y respecto de esto último, no nos pondremos a analizar si afectó o no a la gente que tenía las entradas y demás, porque quienes fueron seguramente tuvieron muy pocas dificultades para alterar sus planes del día y estar a las 20.30 (o mucho antes) en el teatro griego.

No, el problema concreto es la falta de respeto a la Fiesta de la Vendimia concretamente. Porque, ante la venida de un foráneo, que llevará multitudes y todo lo que quieran, pero viene de afuera y se le paga excesivamente bien por hacerlo, la repetición del acto central quedó en segundo plano, con lo que también quedan en segundo plano los esfuerzos de los responsables del acto, de los bailarines, de los actores, de los músicos, de los vestuaristas, de los sonidistas y de tantos más. Porque cuando terminó el recital la gente vació el Frank Romero Day, y las puertas fueron liberadas para que quienes estaban en los cerros, si querían, entraran gratis a ver la repetición del acto central.

Pero todavía hay más. Porque este muchacho que llena estadios y que ha llegado hasta donde está sólo por contar con el respaldo de empresas discográficas que apuestan a lo sencillo y seguro antes que a la música, este muchacho que se lleva (oficialmente) siete millones de pesos, este muchacho que es capaz de hacer pasar a segundo plano “la fiesta mayor de los mendocinos”, como nos hemos cansado de escucharlo cuando se la define, este muchacho, decimos, es un misógino que desde un escenario echó toneladas de tierra sobre la mujer y su rol en la sociedad.

Su mensaje es retrógrado y mucho más. Esta mañana por las radios y por las redes sociales nos cansamos de escuchar y leer cosas terribles, como que convocó al escenario a “una gordita para darle una alegría”.

Y no sólo eso, sino que a “la gordita” le tomó una mano y se la llevó a su pene.

¿En serio están convencidos de que esta basura de espectáculo es lo más apropiado para acompañar la Fiesta de la Vendimia? Y que quede claro que no nos espanta la mano en el pene, sino, por el contrario, ese concepto sobre “la gordita”.

Romeo Santos no sólo es un tipo lleno de prejuicios y conceptos anquilosados, como el de que la mujer debe cuidar a los niños, limpiar la casa y atender sexualmente al hombre, sino que es un claro discriminador, amén de un abusador, porque se aprovecha del poder que se ejerce desde un escenario con total impunidad.

¿Dónde quedaron, después del recital de Romeo Santos, las mujeres haciendo dulces a las que se refería Marizul Ibáñez?

¿Dónde quedan las conquistas de las mujeres después de décadas de lucha si viene un tipo que deja en claro desde un escenario que son sólo objetos sexuales?

¿Dónde quedan, en definitiva, todas esas palabras con las que estos funcionarios llenan discursos grandilocuentes sobre la cultura y su valor?

Es probable que aparezca quien diga que Romeo Santos convocó a decenas de miles de personas en el Romero Day, en los cerros y frente a la pantalla gigante que instalaron en el Parque San Martín. Seguramente que sí, pero ante ese argumento meramente cuantitativo sólo queda invitar a desentrañar las diferencias entre espectáculo “empaquetado como algo atractivo”, como lo dijo la mismísima ministra, y la cultura de un pueblo.

Después de lo de anoche, lo único que por el momento queda en claro es que hay una parte de la cultura que parece estar colgada del pene de Romeo Santos.


Y VOS, YA BESASTE A TU PEQUEÑA DIAMOND HOY?