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Colombia 2026, 40 años después si es posible

Cuando supe que la FIFA le había otorgado a Colombia la sede el mundial de 1986 pero que el gobierno no la había aceptado, no lo podía creer. El evento deportivo más importante del planeta podía haberse hecho en nuestro país de no haber sido por la mentalidad provinciana y cerrada de nuestros dirigentes. Años después, la ilusión mundialista vuelve a renacer.

Un mundial no es solo un torneo de futbol disputado por los jugadores de las selecciones en busca de un trofeo. Un mundial es la oportunidad para que un país muestre lo que es, es la vitrina perfecta para el turismo, un imán para la inversión extranjera y la mejor diversión para una nación futbolera. Son tantas sus bondades que obtener su sede y organizarlo no es nada fácil.
Para el mundial de Corea y Japón se invirtieron entre 5 500 y 9 000 millones de dólares en la construcción de 18 nuevos estadios, los alemanes gastaron 3 700 millones de euros para su mundial, los surafricanos 5 540 millones de euros y los brasileños estiman la cifra en 9 420 millones de dólares. Números astronómicos pero que no en todos los casos son iguales. Para el mundial de Estados Unidos de 1994 sólo se invirtieron 50 millones de dólares. ¿La razón? Era un país desarrollado que ya contaba con la infraestructura necesaria (muchos estadios de fútbol americano se adaptaron para el “soccer”).

Porque la mayoría del dinero invertido en la organización del mundial de mayores no va a los estadios, o por lo menos ese fue el caso de Sudáfrica, que para cumplir con los estándares de la FIFA tuvo que construir carreteras, vías férreas, hoteles entre otras obras que no sólo se usaron para el evento deportivo sino que sirvieron para el desarrollo del país.

Si Colombia decide presentar su candidatura para el mundial del 2026 o del 2030, debe estar dispuesta a invertir una alta cantidad de dinero. Pero contrario a lo que algunos aseguran, esa plata no sería un gasto populachero innecesario, sería la utilización de recursos en busca del progreso. El mundial sería la excusa perfecta para construir lo que desde hacía años ya debería existir: las autopistas, el metro en la capital, la ampliación de aeropuertos, mejores sistemas públicos de transporte, etc. Pero no solo eso, miles de empleos se generarían, la economía crecería y los ojos del mundo estarían sobre nosotros por un mes entero.

En un país en donde parece que las cosas se hacen sólo cuando se quiere quedar bien ante los extranjeros, realizar la Copa del Mundo sería el impulso que muchas áreas del país necesitan para salir del atraso, sería la más firma señal de que las cosas han cambiado y que vamos por el camino correcto. Sería el reflejo de que la Colombia del siglo XXI es una Colombia moderna, ambiciosa y con mirada global; no más una nación con complejos y metas limitadas.

Si algo quedó claro con el mundial sub 20 es que si los colombianos nos proponemos algo lo podemos lograr. Alrededor de 57 millones de dólares fueron invertidos en los estadios que albergaron el evento, pero más que los escenarios, fue el comportamiento de los asistentes y el cuidado por tener las sedes de la mejor manera lo que dio la impresión de que el país está a la altura de las naciones más desarrolladas.
Soy un firme convencido de que Colombia debería hacer el mundial de mayores de la FIFA, podría sonar soñador, iluso tal vez, pero estoy seguro de que sería todo un éxito.

En 1986 México hizo por segunda vez lo que nosotros no pudimos. La pregunta es, 40 años después ¿por fin podremos hacer algo grande? ¿O seguiremos pensando que no somos capaces? En el 86 aún no había nacido, no hubiera visto el mundial de todas formas, pero sí tendría el placer de saber que la fiesta más grande del fútbol tuvo como casa mi país. ¿Por qué negarnos de nuevo a hacer historia? Nosotros podemos.
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