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Colombia: El país que mejor habla español en América

Para nadie es un secreto que en Colombia se habla el español muy bien. Hemos sido invitados especiales en eventos en ferias de libros, donde se considera a Colombia como el país con mejor dominio del español (algunos ya se atreven a decir que Colombia es quien mejor habla español en el mundo, en lo personal, me quedó con la idea de que es el mejor de América).

La idea del presente post no es polemizar sobre el asunto, pero es de orgullo manifestarle a los taringueros el concepto que se tiene de Colombia en el ámbito de la lengua de Cervantes.



Alguno se preguntarán el porqué de esta fama...

¿Será, acaso, porque era colombiano don Rufino José Cuervo (1844-1911), que emprendió, con la única ayuda de su hermano, la preparación del homérico Diccionario de construcción y régimen, portentosa hazaña desarrollada en ocho volúmenes y 9.536 páginas? Don Rufino consumió en este tratado los últimos cuarenta años de su vida, pero solo alcanzó hasta la letra D. Se necesitaron ochenta y tres años y cincuenta filólogos más para llegar a la Z.

¿Por ventura debemos esa fama a don Ezequiel Uricoechea (1834-1880), lingüista bogotano que, después de publicar numerosos ensayos sobre el español, fue profesor de lenguas orientales en universidades europeas, tradujo al francés una gramática árabe y murió en Beirut cuando se dirigía a estudiar la parla de las tribus del desierto?

Es posible que hayamos ganado el honroso prestigio por cuenta de don Miguel Antonio Caro (1843-1909), que, sin haber salido de Bogotá, traducía a los clásicos latinos y griegos y escribía a mediados del siglo XIX esponjosos tratados gramaticales sobre estas dos lenguas arcaicas que solo usaban eruditos como él; o al general Rafael Uribe Uribe (1859-1914), inspirador del coronel Aureliano Buendía garciamarquiano, que, en medio de una de las muchas guerras civiles que libró, robó tiempo a la pólvora para escribir un Diccionario abreviado de galicismos de 376 páginas; o quizás a don José Manuel Marroquín (1827-1908), poeta festivo y pésimo presidente de la República, que perdió la soberanía sobre Panamá pero nos dejó un encantador tratado de ortografía en verso y unas lecciones de retórica y poética que siguen siendo consulta obligada de especialistas. O a lo mejor conquistamos la indestructible fama por haber fundado la primera Academia de la Lengua en América, por la profusión y el éxito de las columnas de prensa sobre asuntos de lenguaje que se publican en el país o por ser patria de un Premio Nobel al que muchos equiparan con Cervantes…
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