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Colombia, el país que se olvidó de Hitler

Aquí no somos arios, somos criollos




Hace poco, en esta misma página de opinión leí sorprendido un extenso artículo, el cual describía la actividad política de un individuo llamado: Eduardo Romano. Personaje de tendencia Neo Nazi, (http://www.las2orillas.co/eduardo-romano-el-exjefe-neonazi-que-le-metio-violencia-al-encuentro-de-victimas/) líder de un movimiento con esta ideología, y, activista político. En fin, no repetiré lo ya dicho en el texto al que hago referencia.

El motivo de estas cortas palabras, no es más que el de hacer un alto en el camino y preguntar: ¿Acaso a este país se le olvido que es el fascismo?, ¿Está tan desinformada intelectualmente la población de este país como para no poner un grito en el cielo con noticias como las de este personaje?. Al parecer la repuesta a estas interrogantes las responde el título de este escrito. En Colombia a las personas les parece algo común, o peor, algo sin importancia, el que un individuo de estos, salga a las calles a reclutar seguidores con pensamientos igualmente débiles y sin sentido como los que sigue y predica él. ¿Acaso esto no es indignante? ¿No es ya de hecho un insulto que luego de tantos años de historia, o, todo un mundo que se marcó con sangre por la ideología nazi, hoy y acá, Colombia, un país de ascendencia aborigen, con múltiples culturas raciales, tenga personajes que crean en la idea de una raza pura o aria?, nuevamente la respuesta a estas preguntas se responden con el título del escrito.

Esto es solo un llamado a la indignación colectiva, a todos y cada uno de los lectores, los cuales tenemos la responsabilidad de no permitir que la memoria de este país, pase por encima de la historia, de los terribles actos violentos que no se puede olvidar. Así debo decir que cada individuo debe responder por sus palabras y actos, como es hora de que este país reclame por todo el daño “inmenso de hecho” que personas de este tipo, como el señor Romano, le han causado a jóvenes y personajes de movimientos sociales, tanto como a todos los cerebros débiles que recluta a diario con sus ideas retrogradas, violentas y salvajes de lo que es “la patria”.

Es hora de no olvidar, y como última pregunta, con la cual pretendo justificar el por qué la referencia al individuo en cuestión y eje de la idea central, quiero hacer un cuestionamiento más: ¿Cuántos de nuestros senadores, alcaldes, y, gobernantes en general, en sus inicios simpatizaron no de manera abierta como este sujeto, pero, al revisar su discurso, políticas, y actos, expresan una identidad que los encaja en una sola palabra… ¡Nazis!, otra vez, y, lo más triste, el título responde esta cuestión.
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