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Colombia ganaría oro en matoneo


Si el matoneo fuera deporte olímpico, tal vez como una variedad del boxeo, nuestro país ganaría medalla de oro. Por ahora, sigue siendo el deporte nacional más mezquino.
Repito ahora lo que he dicho y escrito en ponencias y artículos sobre educación: El acoso escolar, del que vuelve a saberse cada semana, tiene similitudes con el acoso laboral, por la naturaleza y las características de ambos modos de obrar. Las diferencias entre uno y otro pueden captarse al comparar las dos leyes que los regulan y prescriben los procedimientos conducentes a prevenirlos y sancionarlos. La Ley 1010 de 2006 (contra el acoso laboral) y la Ley 1620 de 2013 (contra el acoso escolar) y su decreto reglamentario 1965.
Puede suceder que ambas leyes tengan sólo eficacia simbólica. Que se cumplan y surtan los efectos esperados depende de que los comités de convivencia establecidos para asegurar un régimen de garantías que reivindique los derechos de las víctimas sí funcionen como se ha propuesto el legislador. Y dependen, asimismo, de que las secretarías de educación y el Ministerio cumplan su deber.
Se trata de costumbres tan inveteradas como la de los castigos de dolor y otros métodos proscritos hoy en día por la pedagogía. La malicia y la mala fe siguen operando en forma impune. Siempre habrá la posibilidad de que los victimarios utilicen coartadas para eludir sanciones. Y el miedo, la pusilanimidad y el silencio impiden las denuncias y malogran cualquier esfuerzo razonable por erradicar esa forma de violación de los derechos humanos.
Las noticias sobre matoneo generan una onda expansiva en las llamadas redes sociales. Abundan las denuncias sobre situaciones que muestran una realidad preocupante, incluso en ámbitos académicos y científicos en los cuales deberían observarse normas de ética sobre el colegaje y el respeto por el trabajo intelectual. Hay matoneo, favoritismo excluyente, conductas persecutorias contra la dignidad humana. Pero en buena parte de los casos no trasciende la esfera de lo indemostrable, por carencia de elementos probatorios.
Los victimarios, gracias a su rango jerárquico, suelen obrar con sutileza y simulan ecuanimidad y transparencia. El uso tiránico del poder que se aplica en contra de los acosados para someterlos a presión extorsiva con aprovechamiento inicuo de su necesidad de trabajo y su temor a sufrir represalias, estimula la comisión del daño moral, que sigue extendiéndose por encima o al margen de leyes, valores y principios éticos y con el pésimo ejemplo de una dirigencia política y gubernamental pendenciera, revanchista, vengadora, que impone su propio estilo de matoneo por lo alto.
El matoneo no es un simple conflicto entre muchachos de colegio, que muchos maestros eluden para evitarse problemas. Es un deporte nacional, no por excelencia sino por ruindad e infamia.

COLUMNISTA
JUAN JOSÉ GARCÍA POSADA
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