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Como convertir tu casa en un bunker antibombas.

Desde el 24N la demanda se ha disparado un 40%. En españa hay unos 400. Uno básico cuesta cuatro millones de pesetas




No más de 30.000 españoles estarían protegidos en caso de una amenaza nuclear, química o bacteriológica que afectase a nuestro país. Esta mínima parte de la población es la única que podría hacer uso de alguno de los 400 refugios particulares existentes en España, en los que podrían permanecer el tiempo suficiente hasta que la amenaza o la contaminación ambiente desapareciesen.

Tras los ataques del 24 de noviiembre en Corea y el comienzo de la actividad bélica en esa región, este censo de personas –entre las que no se encuentran aquéllas que se alojarían en instalaciones de carácter oficial o militar– ha crecido exponencialmente.

La demanda de este tipo de refugios ha crecido en un 40% entre aquellos que disponen del dinero y del espacio necesario para construir su búnker particular.

Pero, ¿cuál es el precio de la seguridad? A partir de cuatro o cinco millones de pesetas es posible disponer de una instalación básica si las cosas vienen mal dadas. En ella, 25 personas podrían permanecer durante un periodo de 14 días, tiempo que los expertos estiman suficiente para que el supuesto ambiente contaminado se limpie.

Una bodega, un garaje, un sótano, una excavación bajo una pista deportiva... Son muchos los lugares en los que albergar un refugio, que dispondrá de espesos muros de hormigón, puertas especiales herméticas, literas, mesas, provisiones alimenticias, agua, equipos electrógenos, sistemas de ventilación, zonas estancas de descontaminación...

Los expertos estiman, además, que la zona destinada a albergar un búnker particular puede ser utilizada, si es necesario, para cualquier otro uso en tiempos de paz, almacenando el material especial en compartimentos creados al efecto.

Aunque se desconoce la ubicación exacta de todos y cada uno de los refugios existentes en España –sus constructores no ofrecen datos sobre los mismos–, se sabe que la periferia de Madrid y de Barcelona albergan buena parte de ellos, estando el resto diseminado por la geografía nacional.

Asimismo, algunos hoteles disponen de este tipo de instalaciones y se conoce que una constructora incluye en alguno de sus actuales proyectos la inclusión de un búnker que dé servicio a sus usuarios.

El 24-N ha desatado el miedo. Los más precavidos ya se han puesto manos a la obra. ¿Quiere conocer todas y cada una de las particularidades que presenta un refugio particular? En SU VIVIENDA se lo contamos.

La seguridad es algo que nos preocupa a todos. Cinturones en los coches, extintores en las casas, salvavidas en los barcos y decenas de pequeños mecanismos que velan por nuestra vida a diario. Por tomar como referencia algo de máxima actualidad, sólo hay que pensar en las precauciones que se están tomando antes de abrir un simple sobre por temor al ántrax.

Quizás el ciudadano de a pie piensa más en los peligros más comunes, como puede ser un accidente de circulación. Y parece que ponerse a salvo por ejemplo de una guerra, es más una cuestión de Estado o militar. Pero no todos tienen la misma mentalidad. Los refugios particulares, capaces de proteger de ataques nucleares, bacteriológicos y químicos (NBQ), son una buena prueba de ello.

En Suiza, cada ciudadano cuenta con su plaza en este tipo de habitáculos. La ley así lo determina. Es más, los turistas también estarían a salvo en este país en caso de una amenaza inminente. Sin duda es un Estado precavido. En España, las cosas no son igual. Tal vez porque la ley no lo exige, porque existe mucha desinformación o, quizás, porque, como sucede en muchos casos, sólo nos acordamos de santa Rita cuando truena.

Al menos eso demuestran los datos: desde lo sucedido el 24 de Noviembre en Norcorea, la solicitud y los planes para realizar refugios NBQ ha aumentado un 40%, apunta Antonio Alcahúd Lara, ingeniero industrial artífice de la mayoría de los existentes en España.

«No es tan aparatoso ni costoso como se puede pensar», dice Alcahúd. Se trata de habilitar una estancia de manera especial, con unos requisitos mínimos y sencillos. Para ello, obviamente, es necesario contar, eso sí, con un presupuesto: su coste está a partir de los 24.040 o 30.051 euros –entre cuatro y cinco millones de pesetas–.

Por este precio usted y los suyos pueden estar a salvo de catástrofes naturales –como puede ser un terremoto–; de accidentes tecnológicos –basta recordar la explosión de la fábrica química en Toulouse el pasado mes de septiembre–; accidentes nucleares –por ejemplo un escape de radiación, como ocurrió en Chernobil, en 1986–; y, por supuesto, del peligro que representa una guerra y las armas que en ella pueden llegar a utilizarse, y para ello no hay que echar la vista atrás.

F!

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