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Comprar un auto nuevo en Cuba, más que una odisea

A pocos kilómetros de los Cayos de la Florida, decenas de vehículos cubiertos de polvo se cocinan bajo el sol caribeño. Un anciano guardia de seguridad dormita en el área de recepción y los clientes brillan por su ausencia.

Una lista de precios colgada en la reja de alambre tejido da indicios de las razones: 85.000 dólares por un cinco puertas Peugeot modelo 2008, y 46.000 dólares por un pequeño Citroën C3 del mismo año que en Europa costaría la tercera parte de eso. En otro concesionario, tienen un Peugeot 508 nuevo por 262.000 dólares, cinco veces lo que cuesta en Gran Bretaña, y más de 10.000 sueldos aquí en Cuba, donde el salario promedio ronda los 20 dólares mensuales.





La euforia que despertó en enero la reforma que permite a los cubanos comprar vehículos al gobierno sin necesidad de un permiso especial por primera vez en décadas se convirtió en indignación cuando publicaron los precios.

Recientemente, cuando las autoridades anunciaron que, durante la primera mitad del año, apenas se habían vendido 50 autos en los concesionarios del gobierno por un total de 1,3 millones de dólares, poco faltó para que la medida fuese considerada un fracaso.

Pero los analistas dicen que esa política se aplicó precisamente para que ocurriera eso. "Con esos precios, era obvio que iban a vender pocos autos", dijo Philip Peters, presidente del Centro de Investigaciones sobre Cuba, con sede en Virginia. "Y así fue."

Peters sugirió que para los funcionarios cubanos no es una prioridad, y que prefieren gastar las pocas reservas internacionales del país en alimentos e insumos industriales.




"Hay una sola explicación: el gobierno no quiere usar sus reservas en moneda extranjera para importar autos para el mercado", señaló Peters. "Así que de la única manera en que les conviene es importando un auto a 20.000 dólares y vendiéndoselo a los particulares con una ganancia neta de 50.000 dólares."

Algunos cubanos al principio creyeron que las autoridades bajarían los precios cuando empezaran a percibir los límites del mercado, como ocurrió con los celulares cuando aparecieron en Cuba, hace más de una década. Pero una recorrida por varios concesionarios de La Habana confirma los mismos sobreprecios del 400% que antes. No hay estadísticas oficiales disponibles sobre la cantidad de vehículos que circulan en Cuba, pero quienes visitan La Habana se maravillan del poco tráfico que hay en una ciudad de dos millones de personas.

Jorge Pinon, experto en energía en América latina de la Universidad de Texas, dijo que la reticencia de Cuba a vender autos no se debe a un temor a la escasez de nafta, ya que actualmente el país se beneficia de miles de barriles diarios de petróleo venezolano a precio preferencial.




Pero Pinon señaló que un fuerte aumento del parque automotor pondría a prueba la ruinosa infraestructura vial cubana, donde los baches cumplen años y los semáforos escasean.

Con una medida anterior, del año 2011, Cuba legalizó la compraventa de autos usados entre particulares. Pero esos precios ya arrancaron por las nubes y con la reforma de enero subieron todavía más.

"Los únicos cubanos que, tal vez, pueden permitírselo son los músicos que cobran cifras enormes de derechos por algún nuevo disco, o los que vendieron a sumas fabulosas la casa familiar, pero nadie más", dijo Peters. "Es una porción muy, pero muy pequeña del mercado la que puede pensar en pagar esos precios, y como puede verse, una porción más chica todavía la que realmente decide hacerlo."

Durante años, la manera más sencilla de acceder a un auto en Cuba era conseguir un permiso para comprar cumpliendo con una misión en el extranjero para el gobierno. Típicamente, un repatriado lograba reunir unos 5000 dólares, suficiente para comprar un auto usado o un modelo barato, ruso o chino, bajo el antiguo esquema de precios.




La odisea de Rodolfo Cid para conseguir un auto empezó hace seis años, cuando este ingeniero de 55 años del Ministerio de la Construcción aceptó una misión laboral en Venezuela. A su regreso a Cuba, tres años después, Cid recibió la carta de autorización para comprarse el auto y su nombre ingresó en la lista de espera. Pero a fines del año pasado, se corrió la voz de que, a partir de enero, todos los cubanos podrían comprar en igualdad de condiciones: el permiso por el que Cid se esforzó de pronto no valía nada. Cuando se publicó la lista de precios, Cid comprobó que hasta los usados costaban varias veces lo que él tenía ahorrado. "Son cifras absurdas. No me alcanza ni para el más barato."
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