Con un As entre las manos

Guillermo Ordónez es uno de los socios de la firma puntana Granos del Oeste. Ellos hacen agricultura exclusivamente en campos alquilados y tienen al maíz como un aliado estratégico que les aporta estabilidad en una zona marginal.




La falta de agua impone severas restricciones para la producción de cultivos en distintas áreas productivas del país. Una de esas zonas es la región agrícola de San Luis. Por esta causa, las búsqueda de mejores alternativas productivas y comerciales es una necesidad para mantenerse en el negocio en este sitio.

Granos del Oeste es una empresa agrícola joven, formada por tres ingenieros agrónomos y un productor de la zona de San Luis capital. Ellos operan como empresa desde el año 2009, y se dedican a la agricultura y los servicios de administración en la zona. Entre sus características destacadas están que toda la superficie que siembran la hacen sobre campos arrendados y que el maíz es estratégico en sus rotaciones.

La fundación de la firma representó las primeras armas como productores agrícola para varios integrantes de esta sociedad.

“Aunque desde lo productivo no fueron los mejores años para nosotros porque se fue haciendo experiencia en el andar, al ser buenos años de precios en soja logramos hacer una escala productiva que hoy se mantiene y venía creciendo año a año”, dice Guillermo Ordóñez, ingeniero agrónomo y uno de los socios de la firma, mientras recorre alguno de los campos que siembra y dialoga con Clarín Rural.

La soja fue el cultivo que los apalancó, señala el técnico, aunque en el maíz encuentran las más importante ventajas técnicas para sembrarlo en esta zona que dificultades productivas.

En el centro-este de San Luis llueven 650 milímetros por año, concentrado entre primavera-verano, se hace agricultura en suelos muy arenosos y con escasa materia orgánica. Pero además de que las propiedades del ambiente no son las óptimas, la erraticidad del clima tampoco ayuda.

Por ello, dice Ordónez, “lo que se busca por sobre todas las cosas es lograr estabilidad”. Y para llevar adelante esta idea, el maíz es un gran aliado en el campo y la planificación lo es en la presupuestación agrícola.

En el cereal está una de las fortalezas de la firma.

“Al ser ambientes tan restringidos en humedad, las gramíneas tienen una mayor estabilidad de rendimiento que la soja”, manifiesta el técnico. Por esto, alrededor del maíz, también hay estrategia agronómica. El asesor explica que solamente entre el 25%-30% de la superficie del cereal es de siembra temprana, de principios de octubre, y todo el resto es tardío; además de que se modifican los niveles de fertilización aplicados, según en rendimiento esperado en cada caso.

“A pesar de que los tardíos se hacen considerando que tienen menor expectativa de rendimiento muestran un piso de rendimiento estable a lo largo de los años”, comenta el técnico y agrega que “en las campañas buenas, que no son la gran mayoría, los tempranos tiene más potencial de rendimiento que los tardíos. Pero por estabilidad estos últimos, casi siempre superan los rindes de los de siembra temprana”.

Sin ir más lejos, este año los maíces de segunda fecha vienen rindiendo entre los 75 a 80 quintales por hectárea y, de primera, entre 65 a 70 quintales.

En el caso de la fertilización es básicamente con nitrógeno y fósforo, aclara Ordóñez. Los maíces que van a ambientes con rendimiento objetivo menor a 55 qq/ha no se fertilizan ya que el suelo provee los nutrientes de manera natural y cuando se aspiran a 80 qq/ha se aplica nitrógeno, por más que sea tardío o temprano, comenta el técnico.

Otra pata fuerte del negocio de esta empresa son los alquileres.

“Cuando se decide arrendar, no alquilamos campos por alquilar. Estamos buscando a un productor a quien nuestra empresa le aporte desde la parte técnica, en los que podamos plantear estrategias de fertilización. No queremos estar un rato en un campo. Buscamos hacer un negocio sustentable ya que también nosotros nos beneficiamos”, afirma el técnico.

La firma cierra contratos con la modalidad de aparcería a capitalizar por tres años, como mínimo, con la opción de la renovación a tres años más. Es decir, explica Ordónez, respecto al tipo de contrato, “si el año viene bueno y el cultivo rinde más que el piso establecido bajo contrato, va aumentando el porcentaje de participación del productor por sobre ese piso. Hemos tenido casos en los se pagaron hasta 11 quintales de soja por hectárea de alquiler. En esas situaciones es como si productor tuviera su campo en Vicuña Mackenna, en Córdoba”, resalta el técnico, aluciendo a una zona con mayor potencial que la puntana.

Teniendo en cuenta que en cada uno de los campos se establecen contrato de largo plazo para sembrar y que ello permite planificar una rotación, que hace sustentable al sistema y también aumenta los rendimientos, la diversificación productiva empieza a tomar importancia.

El técnico cuenta que están probando, este año y por primera vez, con una empresa pergaminense, con la siembra invernal del garbanzo, además de que en el verano están intentando incorporar en la rotación el poroto negro o el colorado, con el objetivo de alcanzar entre 250 a 300 hectáreas en los próximos años en detrimento de la superficie de soja. También hacen entre 80 a 90 hectáreas por año de maíz pisingallo. Otro de los datos interesantes es que en aquellos lotes en los que se hace maíz para picado luego se siembra un cultivo de cobertura invernal para la recuperación de los suelos, considerando la mayor extracción de materia verde que se requiere para la fabricación del silo.

La estrategia productiva y la visión de largo plazo, herramientas clave en zonas difíciles.

El maíz, un cultivo bien integrador

El centro-este de San Luis está alejado de los principales puertos por donde se embarca la soja, por ello, en la zona el maíz es un cultivo clave. De esta manera lo entendió la firma Granos del Oeste, con base en San Luis capital, y que siembra, aproximadamente, el 65% de la superficie con el cereal y el resto con soja.

Esta firma, cuenta Guillermo Ordóñez, ingeniero agrónomo y uno de los socios de la empresa, cultiva solamente sobre campos alquilados y necesita la siembra de un cultivo que les aporte estabilidad. “En la zona se consume mucho el maíz porque es una región ganadera además, por la lejanía a los puertos, el cereal tiene menos ventajas comparativas contra la soja por el costo de los fletes”, dice el técnico.

Ya que el maíz es un cultivo clave y es importante generar información técnica en una zona agrícola emergente, Aapresid instaló una de sus chacras de desarrollo científico en esta provincia.

La chacra fue impulsada por un grupo de productores miembros de la Regional San Luis, de la que Granos del Oeste es participante.

El principal desafío de este emprendimiento es ajustar todas aquellas prácticas y estrategias agronómicas que procuren transformar la escasa oferta hídrica de las precipitaciones en producción sustentable, subraya Ordóñez.

Pero no solamente el maíz es un cultivo integrador con la ganadería en esta zona, también juegan un rol destacado los biocombustibles.

Una de las fábricas que próximamente entrará en funcionamiento en los alrededores de la capital es la firma Diaser y unos cien kilómetros de distancia de ella, en Río Cuarto (Córdoba), ya está funcionamiento Bio4.

Por otra lado, Glucovil que produce fructosa y otros derivados, consume de forma masiva maíz, relata Ordóñez, y otra importante volumen de la producción se exporta a Chile por Mendoza.