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Condena Perpetua revocada gracias a Netflix

La serie documental "Making a Murderer"


Un juez revocó la pena a prisión perpetua de un adolescente condenado en 2007 por matar a una mujer. Es Brendan Dassey, cuyo caso fue llevado a la pantalla chica por Netflix.










Un juez federal de los Estados Unidos revocó la condena a prisión perpetua dictada en 2007 contra un adolescente que había sido acusado de matar y violar a una mujer en un pueblo rural de Wisconsin. La noticia trasciende el interés local y adquiere una escala mucho mayor porque la historia fue presentada al mundo en 2015 por la serie documental "Making a Murderer", de la plataforma Netflix,como un prototipo de causa armada por policías corruptos y fiscales más interesados en ganar el caso que en hacer justicia. Imposible saber cómo influyó esta serie en la decisión del magistrado, pero hay algo que está fuera de toda duda: las grietas en el proceso fueron reveladas por este exhaustivo trabajo de investigación, que sólo en su primer mes de emisión fue visto por más de 19 millones de espectadores en los Estados Unidos.










Brendan Dassey tenía 16 años cuando fue sacado de la escuela por policías del condado de Manitowoc para tomarle declaración sobre un hecho policial que tenía a su tío, Steven Avery, entre rejas: la desaparición y muerte de la fotógrafa Theresa Halbach. Las pruebas que inculpaban a Avery eran cuatro: el auto de Halbach en un terreno de su familia, la llave del auto en su casa (encontrada después de varios allanamientos sin resultado), una mancha de sangre con su ADN en el interior del vehículo y algunos huesos carbonizados de la víctima entre los restos de una hoguera.
Los policías se llevaron a Dassey, menor de edad, sin avisarle a su madre ni darle el beneficio de la presencia de un abogado defensor durante el interrogatorio. El chico, con problemas cognitivos, fue apretado por los agentes hasta que confesó lo que ellos querían: que había visto cómo Avery tenía a Theresa Halbach desnuda y atada a una cama, y que su tío lo había obligado a violarla, a matarla y a quemar sus restos en una fogata.

La indagatoria fue filmada y la grabación, uno de los puntos más altos de "Making a Murderer", muestra cómo los policías condujeron cínicamente al testigo hacia la autoincriminación. Dassey, confundido, sólo quería que lo dejaron en paz para regresar al colegio porque tenía una prueba esa misma tarde.








link: https://www.youtube.com/watch?v=34M2zdLc-2U





Otro momento sorprendente de la serie lo protagoniza el defensor oficial del chico, Len Kachinsky, quien manda a un investigador no a recoger indicios que beneficien a su defendido sino a sacarle a Dassey una confesión más amplia. Este investigador lo induce, quemándole la cabeza, a que salga de su declaración de inocencia y haga un dibujo de la supuesta escena del crimen. Es impactante comparar lo que el adolescente le dice a su madre desde la cárcel en llamados telefónicos casi monosilábicos y cómo le quiebran la voluntad en interrogatorios conducidos que explotan sus limitaciones intelectuales.
Pero el punto no es Dassey sino su tío. En la prehistoria del caso, que se lleva el primer capítulo de la serie, Avery (un "white trash" con mala fama en Manitowoc) es condenado por un intento de violación en 1985. Las pruebas son endebles pero aún así pasa 18 años en la cárcel hasta que un examen de ADN (pericia científica que no existía cuando fue juzgado) demuestra su inocencia. Esto termina revelando una perversa trama de manipulación policial para incriminarlo.
Avery sale libre en 2003 y querella al Estado y a los policías de Manitowoc. El Congreso de Wisconsin saca una ley "garantista" con su nombre. Pasa de villano a víctima y de víctima a héroe con futuro millonario. El sistema, como un horno autolimpiante, parece corregir solo sus errores. Pero dos años más tarde, Avery vuelve a prisión por el crimen de Theresa Halbach. Las pruebas clave son halladas por los mismos agentes que él había demandado y que, por esa misma razón, tenían prohibido participar de la pesquisa. La manipulación crece en escala y se lleva puesto a su sobrino, el pobre Brendan Dassey. Los dos son juzgados por el homicidio de Theresa Halbach en juicios separados y condenados a cadena perpetua.








La semana pasada, el juez federal William Duffin ordenó que Dassey, hoy de 26 años, sea liberado y juzgado nuevamente. En un escrito de 91 páginas, basa su resolución en la manera -no ajustada a las garantías constitucionales- en la que el adolescente fue forzado a confesar. Todas las apelaciones de Avery, en tanto, han sido rechazadas.
"Making a Murderer" compila el trabajo de investigación de una década realizado por dos mujeres: Moira Demos y Laura Ricciardi, que cuando lo empezaron eran estudiantes de cine de la Universidad de Columbia, no tenían cámaras propias y debían viajar de Nueva York a Manitowoc (unos 1.500 kilómetros) en autos de alquiler. Estaban buscando un tema para su proyecto final y se enteraron del caso Avery por una noticia deThe New York Times.
Reunieron 700 horas de grabaciones y entrevistas que finalmente redujeron a diez capítulos de una hora. La serie toma como referencia el caso Avery para denunciar un sistema penal que aparentemente funciona, pero que está plagado de errores y en el cual el dinero se vuelve determinante para las posibilidades de defensa de un acusado.
El impacto de la serie fue demoledor. Más de 250.000 personas pidieron a través de Change.org que Barack Obama indultara a Avery y a Dassey. La Casa Blanca se negó porque el Presidente sólo puede indultar a condenados que han cometido delitos federales y este no es el caso.
Luego de la resolución del juez Duffin, Moira Demos y Laura Ricciardi dijeron que van a seguir investigando.

Steven Avery cumplió 54 años el 9 de julio pasado. Pasó en la cárcel más de la mitad de su vida. Una de las últimas imágenes de "Making a Murderer" lo muestra cargando decenas de cajas con los expedientes de su caso. Sin dinero, sin abogados, clamando su inocencia al vacío, está convencido de que él mismo podrá encontrar la prueba milagrosa que demuestre que ha sido, nuevamente, víctima de una maquinaria perversa.
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