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Conoce los gustos de los pibes que van a votar

El turno de los "nativos digitales".
Tienen entre 15 y 17 años, dependen de la tecnología para todo y muchos están dispuestos a votar al que sepa comunicarles su mejor futuro. Clarín los invitó a abrir sus mochilas para conocer "su mundo privado".


Los nativos digitales harán su debut político este año. Nacidos a fines de los ‘90, dependen de la tecnología para estudiar, comprar, divertirse e informarse. Tienen entre 15 y 17 años, más de 1.300.000 ya renovaron su DNI y están habilitados para votar. ¿Quiénes son?, ¿Cómo viven?, ¿Qué piensan? Algunos están dispuestos a escuchar a los que sepan comunicarles el mejor futuro.



Sol Gui, 17 años, acaba de volver de una marcha al Consejo Superior de la Universidad. Sentada junto a dos compañeros en el piso del patio central del Colegio Nacional Buenos Aires, charla y gesticula con sus dedos largos y delgados. Desde 2014 es la presidenta del centro de estudiantes. Su cuerpo carga una abultada mochila de denim, donde guarda libros de Mario Benedetti , J. K. Rowling y George Orwell. Tiene enganchados dos pines -uno con la leyenda “Fuera Milani” y otro con “Fuera burocracia sindical” - en la solapa de su morral.

En un Gobierno que se proclama pro juventud y derechos humanos es inadmisible que (César) Milani esté en el Ejército y que exista el proyecto X de espionaje a opositores”, dice. Hija única de un radical convertido al kirchnerismo y una ex militante de izquierda, le preocupan las reformas educativas introducidas por el macrismo y la “persecución” del ejecutivo nacional a sectores opositores. Aún no renovó el DNI -tiene tiempo de hacerlo hasta el 28 de abril- pero está ansiosa por votar. Su elección será el Partido Obrero, espacio en el que milita.

Representan el 4,5% del electorado de 2015. Estas elecciones serán la segunda prueba del voto Sub 18. A partir de la ley sancionada por la Cámara de Diputados el 1 de noviembre de 2012, unos 480 mil adolescentes de entre 16 y 17 años (sobre un total de 592.344) pudieron optar por votar en las Legislativas de 2013. En aquella ocasión, un número considerablemente superior a esa cifra (casi 800 mil) se quedó afuera porque no había renovado a tiempo el DNI. Ahora, si bien desde la Dirección Nacional Electoral que encabeza Alejandro Tullio dijeron no tener todavía el número exacto, estiman que cerca de 1.300.000 jóvenes ya obtuvieron el nuevo documento y podrán optar por ir a las urnas.



Fiel a una generación que se crió entre pantallas, Agustín Sosa, 16, usa Internet como fuente de información. Este chico largo, de ojos verdes y facciones similares a las del cantante Justin Bieber (quien habra sido el [email protected] que escribe esta mierda) se sienta frente a su computadora, en su casa en Lanús. “Busco en Youtube programas de 678 y de (Jorge) Lanata”, cuenta. No bien se enteró que podía votar, se preocupó: “No sabía nada de historia política, no me sentía listo. Pero recordé que mi papá tenía un libro sobre la biografía de la montonera Norma Arrostito. Lo agarré y lo estoy leyendo”. Desde entonces, cuenta, lo lleva a todos lados, guardado en su mochila. Allí, el libro convive con guantes y botines de fútbol, guiones de obras -Agustín es actor y estudia teatro-, un manual escolar, el segundo libro de la saga “Game of Thrones” y un celular, con el que chatea, sube fotos a Instagram, tuitea, busca acordes y escucha Callejeros (definitivamente no sigan los mismos gustos musicales que tiene este muchacho), La Renga y Soda Stereo. Aún no definió claramente su voto, pero cree que se inclinará por el Frente para la Victoria. Mientras lo sigue pensando, le pide a sus padres que identifiquen aspectos positivos y negativos de la gestión actual. A él lo inquieta la inflación: “Yo hago las compras, eso me preocupa”, dice.

Especialistas consultados por Clarín ponen en duda que chicos de 16 años tengan un pensamiento independiente. “Por lo general optan por lo que opinan otros.... Igual, responder si están capacitados o no es complicado. ¿Acaso todos los adultos lo están?”, dispara la psicóloga Alicia Facio.



Bruno B. Maggi es fanático de River, lleva el escudo en su billetera, en el celular, en la carpeta, en el acolchado de su cama. Pero votará a Mauricio Macri, reconocido hincha de Boca. Tiene 16 y admite que todavía no está totalmente preparado para ir a las urnas, pero quiere atravesar el desafío: “Está bueno para ir aprendiendo. Votar es muy importante, no es un juego”.

Su abuelo, de histórica simpatía radical, es su “gurú” de política: “Con mis amigos casi no tocamos el tema, pero con mi abuelo sí. Él me explica muchas cosas y yo le pregunto. Voy a elegir a Macri porque mi familia lo va a votar”.

El de Bruno no es un caso atípico, una encuesta de Unicef reveló que, en 2013, la mitad de los votantes menores de 18 años sufragó igual que sus padres.

“Los chicos a esa edad son más influenciables. Recién empiezan a salir del ámbito familiar. En general no están capacitados. Aunque sí pueden identificar diferencias sociales, como pobreza o inseguridad, no se interesan en los partidos políticos”, explica José Sahovaler, director del Departamento de Niños y Adolescentes de la Asociación Psicoanalítica Argentina.



Juan Cruz López Melgar, de 16 años, intenta desafiar al especialista. Todos los días se toma un rato para leer los portales de noticias más importantes y para escuchar las propuestas de los candidatos: “Sé cómo se vive en nuestro país y quiero decidir quién nos va a representar a nivel nacional e internacional”. En su casa de Monte Grande, la política se cuela en las conversaciones: “¿A quién votarías? ¿Por qué? ¿Qué te gustaría para tu país? Son algunas de las preguntas que me hace mi familia. Yo todavía lo estoy pensando...”.

El voto no es el único punto sobre el que se asientan los derechos y obligaciones de los adolescentes. El Régimen Penal de Minoridad los considera punibles a partir de los 16. Por lo que, además de ser capaces de votar, son capaces de recibir una condena. Pero no pueden salir del país sin la autorización de sus padres.

La semana pasada, en una escuela en el barrio de San Cristóbal, una profesora les preguntó a los alumnos de cuarto año de secundaria quiénes participarían de las elecciones. Melany Undabarrena, de 15 años, no levantó la mano. Cumple 16 en mayo. Está habilitada a votar, pero no irá.

“No me siento preparada. Tengo que tener información para elegir sobre la construcción del país”, dice. De su mochila, con estampa animal print, saca una carpeta, la abre y comenta: “En el colegio me pidieron que explique qué pasó durante la última dictadura militar. Después de ese trabajo, quise ir por mi cuenta a una marcha, a la de la Memoria”. Esa fue su primera intención de aproximarse a la política. Mientras tanto, prefiere no opinar ni votar, sin saber.
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