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Consecuencias económicas del Sr. Kicillof

No tiene mucho sentido evaluar, fuera de ámbitos académicos, los conocimientos del Ministro de Economía. Tiene más sentido evaluar las consecuencias de sus decisiones, que según la mayoría de los indicadores, han sido negativas.



El título de esta nota remite al de un famoso libro del economista John Maynard Keynes, “Las consecuencias económicas de la paz”, que escribió para criticar las reparaciones de guerra impuestas a Alemania por los ganadores de la Primera Guerra Mundial, anticipando allí la catástrofe que asolaría a Europa años después.

Volvió a utilizarlo para criticar, por recesiva, la política de regreso de Gran Bretaña al patrón oro, a la vieja paridad previa a la Guerra, en “Las consecuencias económicas del Sr. Churchill”.

Y Axel Kicillof, antes de ser funcionario, lo utilizó, inspirado en sus estudios sobre Keynes, para criticar las políticas de dólar alto del Gobierno de Néstor Kirchner, en un artículo que tituló “Las consecuencias económicas del Sr. Lavagna”.

Hoy el título puede aplicarse al propio Ministro, para hablar de las consecuencias económicas del Sr. Kicillof.

Casualmente hace pocos días, los presidentes de la Unión Industrial Argentina y de la Unión Industrial de Córdoba, en una entrevista televisiva, se refirieron a los conocimientos económicos del Ministro Kicillof.

Podría argumentarse que poco o nada de los estudios que Kicillof dedicó, en su doctorado y en sus clases en la UBA, a las ideas de John Maynard Keynes y Karl Marx, sirve para resolver los problemas actuales de la economía argentina.

En el marco de una discusión sobre el futuro del capitalismo, por ejemplo, las ideas de Marx serían relevantes. Pero de poco sirven para solucionar temas vinculados a la deuda pública, el atraso cambiario, la inestabilidad del dólar paralelo o la inflación.

Y en el marco de una discusión sobre la crisis económica de Europa, las ideas de Keynes son extremadamente relevantes ya que desarrolló teorías para comprender las depresiones y deflaciones, y el modo de salir de ellas con políticas activas.

Pero de poco sirven para solucionar los problemas de una economía con alta inflación. No porque Keynes no creyera que la inflación es un problema, sino porque escribió en medio de la Gran Depresión de los años 30. Si hubiera escrito en la década del 70, seguramente se habría ocupado de la inflación. Pero vivió en épocas de deflación.

De cualquier manera, no es función de los empresarios evaluar los conocimientos del Ministro de Economía. Para eso están los ámbitos académicos.

Cabría esperar de los dirigentes empresarios, en cambio, que opinaran sobre las consecuencias de las políticas económicas, especialmente cuando éstas impactan negativamente sobre la actividad y el empleo. A fin de cuentas, son observadores privilegiados de lo que ocurre en las empresas.

La tabla descargable al final de esta nota muestra un puñado de indicadores económicos y sus valores en octubre del año pasado y en junio de este año, que pueden servir para evaluar las consecuencias de las políticas ejecutadas durante la gestión del Ministro Kicillof.

La inflación pasó del 28.1% anual en octubre al 41% anual en junio; la actividad económica pasó de un crecimiento del 3.8% anual a una caída del 0.6% anual; las ventas de autos pasaron de un crecimiento del 20% anual a una caída del 40% anual; el poder adquisitivo de los salarios ya venía cayendo al 2.1% anual en octubre, pero cayó 7.6% desde entonces.

El dólar oficial cotizaba a $ 5.85 en octubre, y a $ 8.13 en junio; el dólar paralelo pasó de $ 9.76 a $ 11.83; las reservas del BCRA pasaron de u$s 34,221 millones a u$s 28,862 millones; el tipo de cambio de “convertibilidad” (el que equipara reservas con Base Monetaria) subió de $ 9.78 a $ 12.72; las tasas de interés de depósitos a plazo fijo subieron de 18.8% a 23.1%.


La elección de indicadores es discrecional, ya que podrían sacarse algunos y agregarse otros. Pero difícilmente cambie la conclusión: la economía está hoy peor que cuando asumió Kicillof, sin ninguna crisis externa que lo justifique.

Y en aquel momento era claro que este Gobierno podía dejar al próximo muchos problemas económicos, pero de ninguna manera un problema vinculado a la deuda pública. Hoy estamos en default.

Lamentablemente, las consecuencias económicas del Sr. Kicillof han sido, hasta ahora, negativas.
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