Conspiraciones sobran, lo que faltan son explicaciones

Conspiraciones sobran, lo que faltan son explicaciones



La imaginación de conspiraciones es acaso la forma menos sofisticada del análisis político, pero aún así tiene sus reglas. La más importante es que quien denuncia una conjura debe tener a mano -para reforzar los temores propios o al menos para convencer a los observadores ajenos- alguna teoría acerca de las motivaciones de los conspiradores. Eso es precisamente lo que le falta a la mirada de la Presidenta. ¿Qué intereses en común pueden tener un juez neoyorquino, una aerolínea de origen estadounidense pero con negocios globales y el encargado de negocios de la embajada estadounidense en Buenos Aires? Según aseguró ayer la Presidenta, esos tres actores trabajan en conjunto para perjudicar a la Argentina y a la moneda nacional. ¿Por qué? ¿Qué beneficio puede obtener American Airlines con una devaluación del peso? En principio, uno supone que el objetivo de esa compañía es conseguir la mayor cantidad posible de dólares de cada uno de los mercados en donde opera, entre ellos la Argentina, lo cual se volvería más difícil con una devaluación. Por otro lado, ¿qué obtendría con la desestabilización el embajador de un país cuyo gobierno manifestó en reiteradas ocasiones su descontento con el fallo del juez Griesa? Además, ¿qué consigue el propio Griesa con la desventura de la Argentina?



Si se estudia el relato de la Presidenta, que ya había sido anticipado por construcciones similares del canciller, el ministro de Economía y el jefe de Gabinete, se puede concluir en que todos esos protagonistas trabajan para que los fondos buitre consigan cobrar la deuda completa que le reclaman a la Argentina. Es difícil de imaginar qué estímulo pueden encontrar la aerolínea más importante del mundo y la nación más poderosa para someterse a la dirección de un grupo de inversionistas repudiados por el establishment financiero internacional y por gobiernos de todo el planeta desde hace años.