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Cosas de “blancos baratos”

Resulta que los organizadores de la caravana de Lacallepompita del sábado 11 de octubre declararon a la prensa que fue “la más grande caravana blanca de la Historia”.




La caravana que recorrió Montevideo fue menor a muchísimas caravanas que hizo el Partido Nacional, empezando por las de Luis Alberto de Herrera. Luego de consultar fuentes técnicas de la División Tránsito de la Intendencia de Montevideo, podemos afirmar que en ningún caso se puede considerar que hubo más de 1.800 vehículos. La caravana ocupó aproximadamente cinco kilómetros y los funcionarios contaron un promedio de treinta vehículos por cuadra. Periodistas de Caras y Caretas con un “contador de vacas” contaron 1.238 vehículos en una extensión que en ningún momento superó las 25 cuadras. El Observador informó que la extensión de la caravana fue de 1.700 metros. Entonces, todo estaba muy lejos de los 4.500 vehículos que informó el diario lacallista El Pais, y mucho más lejos de ser la mayor manifestación pública de la historia del Partido Nacional. Yo, que ya casi llego a los setenta años y que he visto las más grandes manifestaciones del último medio siglo, salvo la del Obelisco al final de la dictadura, porque estaba en el exilio, quiero recordar lo que no quieren recordar estos blancos baratos. La más grande y la más emocionante, aun para mí, que en ese momento era comunista, fue la del 30 de noviembre de 1984, recién liberado del cuartel Venancio Flores, de Trinidad, Wilson Ferreira Aldunate. Esa tarde Wilson fue acompañado por una gigantesca multitud, tan grande que enlenteció el pasaje y cayó la noche, y entonces la gente empezó a encender fogones como los de la Patria Vieja a la vera del camino para ver pasar al último caudillo del Partido Nacional y el único progresista. Nada de esto saben estos pompitas jingleros, y lamento si lo han olvidado aquellos que se sienten wilsonistas y hoy arriman votos al proyecto lacallista y reaccionario que se opone a la izquierda en esta elección. Tampoco saben nada de Manuel Oribe, ni de Aparicio Saravia, ni de Leandro Gómez, pues si supieran no estarían allí. Esa Historia que se empeñan en ignorar los barrerá a todos, al menos a los que no se bajen de ese tren sin freno, directo al precipicio.







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