Crece el escándalo por la ruta del dinero K

Dos de las cinco cuentas del entorno del presunto testaferro de la familia presidencial, Lázaro Báez, que fueron detectadas en Suiza y Liechtenstein, son administradas por empresas fantasmas de Uruguay y Panamá para ocultar sus dueños. Se trata de cuentas a nombre de la firma uruguaya Debruk y de la panameña Resen Corp. A principios de 2011, a través de esas cuentas se giraron y recibieron decenas de miles dólares a otra cuenta de Federico Elaskar, ex titular de la financiera SGI “La Rosadita”.






Estas dos cuentas se suman a los asientos bancarios de Lázaro y Martín Báez y de su financista, Ernesto Clarens. El patagónico tiene 22 millones de dólares congelados en Suiza por orden de la justicia, que lo investiga por lavado de dinero.

Báez contrató al estudio del ex juez Morise Harari para intentar recuperar la plata y evitar levantar el secreto bancario de sus cuentas y mandar la información al juez federal Sebastián Casanello, quien procesó a Elasksar y Fariña por lavado de dinero.
Los nuevos giros van de 60 mil a 200 mil dólares. Las cuentas desde donde salieron completan parte de la red de cuentas secretas de la ruta del dinero K en el exterior. La fecha de las operaciones es clave. Se trata del momento en que Elaskar y Fariña, manejaban plata del empresario K.

“La Rosadita” fue el eje por el cual salieron millones de euros hacia Uruguay y Panamá. Cuando Báez descubrió “faltantes” de dinero, su entorno compró SGI.

En tanto, se espera que esta semana declare Elaskar en sede judicial, pero el financista ya envió un aviso de que podría prender el ventilador. “Tengo papeles de Máximo”, afirmó durante un encuentro que mantuvo con periodistas del diario Clarin con motivo de una investigación periodística.