Crece la tensión La mini Intifada de Jerusalen

ORIENTE PRÓXIMO
Crece la tensión La mini Intifada de Jerusalen


  • El ataque contra un rabino y el cierre de la Explanada de las Mezquitas aumentan la tensión
  • Al Fatah llama a un "Viernes de la Ira"; Hamas va más allá y exige "la Tercera Intifada"
Palestinos se enfrentan a miembros de las fuerzas de seguridad israelíes en el este de Jerusalén. EFE SAL EMERGUIJerusalen Actualizado: 31/10/2014 04:00 horas



Tras cuatro meses de disturbios a fuego lento y varios atentados cometidos por "lobos solitarios" palestinos ya sea con tractor o motocicleta, Jerusalén se convirtió ayer en una olla a punto de estallar en Intifada debido al intento de asesinato de un conocido rabino tiroteado por un ex preso palestino y el posterior cierre durante 24 horas de la Explanada de las Mezquitas. "Es una declaración de guerra contra los palestinos, musulmanes y árabes", advirtió indignado el presidente palestino, Abu Mazen sobre una decisión que Israel no tomaba desde el inicio de la Intifada Al Aksa en el 2000.

Pese a que hoy el recinto religioso reabre sus puertas, Al Fatah llama a un "Viernes de la Ira". Desde Gaza, el grupo islamista Hamas va más allá y exige "la Tercera Intifada" en Jerusalén y Cisjordania.

Con el cierre temporal, Israel pretendía evitar fricciones entre palestinos y judíos tras el ataque contra el rabino Yehuda Glick que dedica su vida -y casi la pierde- para poder rezar en el lugar donde los judíos sitúan su templo destruido. El agresor de Glick, Mutaz Higazi (32), fue abatido en el barrio de Abu Tor tras nueve horas de persecución. Miembro de la Yihad Islámica, estuvo 12 años en la cárcel por "actividades terroristas". Al salir prometió en un vídeo "luchar contra los sionistas en Jerusalén".

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, acusó a Abu Mazen de incitar a la violencia contra los judíos en Jerusalén mientras ha ordenado el mayor despliegue policial que la ciudad recuerda en la última década. Si Glick muere de sus graves heridas en el Hospital, se temen acciones de venganza de radicales israelíes.

Un polvorín a punto de estallar


Jerusalén está milenios luz de su origen etimológico, casa de la paz. "Desde hace muchas semanas hay una mini Intifada en la parte oriental que si no se frena a tiempo puede extenderse a toda Cisjordania", indica a ELMUNDO un agente israelí a las puertas del barrio palestino de Silwan donde no faltan carteles con la foto de Abed Al Rahman.

Este palestino de 21 años mató la semana pasada mató a una bebé israelí de tres meses y una joven ecuatoriana que esperaban el tranvía en el norte de Jerusalén. Aunque las cámaras muestran que Al Rahman atropelló intencionadamente a los viandantes en el norte de Jerusalén, su familia está convencida que fue un accidente. Tras la embestida, fue abatido por un policia. "Mi hijo fue asesinado a sangre fría", llora su madre que lo llama mártir".

La compra de casas de colonos que ya viven en pleno Silwan echa gasolina a un fuego que aún no tiene la intensidad de las dos Intifadas anteriores. El intercambio de acusaciones sin precedentes en su crudeza entre Netanyahu y Abu Mazen, a caballo de la parálisis del proceso de paz, tampoco es la mejor receta para calmar unos ánimos tan ardorosos como los cócteles molotov que vuelan hacia el tranvía a su entrada en los barrios palestinos.

Jerusalén no es la misma desde el 2 de julio. Ese día, tres israelíes extremistas secuestraron y asesinaron a Mohamed Abu Jdeir (16) de Shuafat en venganza por el secuestro y asesinato de tres adolescentes judíos a manos de un comando de Hamas en Hebrón. Desde ese día, el lanzamiento de piedras y cóctels molotov contra civiles y agentes israelíes es la norma. 850 palestinos han sido detenidos, muchos sólo unas horas pues no tenían 14 años.

La frustración de adolescentes palestinos con documento de residencia israelí de la desfavorecida parte oriental, las acciones de Hamas y el Movimiento Islámico pagando las protestas, el anuncio de Netanyahu de construir 1060 casas en barrios de la zona oriental donde Abu Mazen aspira declarar su capital y la explosiva tensión en torno a la Explanada de las Mezquitas (para los judíos, el Monte del Templo) carburan la "Mini Intifada". De momento, protagonizada en su mayoría por menores palestinos.

"Estos chavales están aburridos y ven que no tienen futuro así que se dedican a lanzar piedras contra el tranvía y coches o casas de judíos. No debemos permitir que se rompa la convivencia que hay en muchas partes de Jerusalén", nos dice Hassan mientras espera su hamburguesa en la Colina Francesa, habitada por árabes y judíos.

El alcalde Nir Barkat exige al Gobierno que "haga todo lo necesario para frenar de forma inmediata ataques que alteran la vida en la ciudad". Mientras la Policía se refuerza por tierra (varios miles de agentes) y aire (globos de vigilancia en puntos de fricción) y los servicios secretos internos han recibido órdenes para "ayudar", el Gobierno impulsa sanciones económicas. Obligar a la familia que frene a su hijo menor de 14 años que legalmente no es responsable de sus delitos. Si no, se exponen a multas elevadas en caso de reincidencia y la cárcel si se niegan a pagarlas.

"Muchos de los que lanzan piedras tienen menos de 14 años y por tanto tras llevarles a comisaría con sus padres, tardan poco en salir", afirman fuentes policiales.

En Silwan- ayer otro día de batalla campal- elogian al responsable del atentado del tranvía y critican a sus nuevos "vecinos" israelíes. "Los colonos entraron de noche como si fueran ladrones. Su presencia aquí es una provocación que enciende aun más la situación", denuncia Daud Siam, conocido vecino de un barrio convertido en barril de pólvora.

El estatus de Jerusalén dinamitó la cumbre de paz de Camp David. 14 años después, amenaza con prender la mecha de un nuevo enfrentamiento a gran escala. FIN ?