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Crimenes en nombre de dios

Crimenes en nombre de dios


Si culpas a Dios de los crímenes en su nombre, ¿también culparás a la razón por la guillotina?




¿La convivencia implica que todos nos sometamos a los dictados ateos?

Si culpas a Dios de los crímenes en su nombre, ¿también culparás a la razón por la guillotina?

Acabo de leer un lamentable , en el que afirma: “ha llegado el momento de avanzar en la secularización mediante la educación en el método científico y filosófico para disminuir, hasta el punto de llegar a eliminar, la fe religiosa.” En el mismo tacha a las instituciones religiosas de “peligrosas para la convivencia común”.



Conculcando los derechos de las familias en aras de la fobia a la religión

El articulo también escribe:

“El primer mandamiento en todas las religiones es el amor a dios sobre todas las cosas. Por dicho amor Abraham no dudó ni un momento en tratar de matar a su propio hijo, Isaac. Por amor a dios los yihadistas pretenden asesinar a todos aquellos que consideran blasfemos. Por amor a dios se han cometido tantos crímenes que solo la ceguera y la sordera que induce la fe pueden tapar los gritos de las víctimas y las montañas de cadáveres sobre los que se ha edificado ese símbolo sobrenatural que escriben con pretenciosidad y soberbia con mayúscula: “Dios”.”

Es cierto que en nombre de Dios, y de las religiones, se han cometido muchas atrocidades… Y lo cierto es que también se han hecho muchas cosas buenas. En los comedores de Cáritas, en los hospitales y centros de acogida atendidos por religiosos y en las innumerables obras sociales inspiradas por el Cristianismo hay numerosa gente que ayuda a los demás precisamente por amor a Dios. Lamentablemente, en esa visión maniquea del mundo que establece S. N., esas buenas personas no tienen cabida, y tampoco existe respeto alguno para la fe que les mueve a obrar bien. Esa fe que N. propone “eliminar” en un alegato de ingeniería social que recuerda, de forma peligrosa, a otros que se han lanzado a lo largo de la historia, con dramáticas consecuencias. De hecho, hay que recordar que los principales responsables de la educación de los hijos son los padres, y la educación ha de respetar el derecho de las familias a que sus hijos reciban una formación religiosa y moral acorde a sus convicciones, le gusten o no a S. N.. Violar ese derecho con el fin de imponer el ateísmo en la enseñanza es cualquier cosa menos liberalismo, eso a menos que ahora la referencia del liberalismo en materia educativa sea la URSS, claro.

¿Son también culpables la razón y la libertad de los crímenes en su nombre?

Las religiones no han sido las únicas excusas que han buscado ciertos seres humanos para eliminar a otros. En nombre de la razón, de la libertad y del ateísmo también se han cometido muchísimos crímenes. La primera gran explosión de rechazo a la religión se produjo con la Revolución Francesa, y con ella ya tuvimos un adelanto de lo que vendría después. En la Francia revolucionaria, tras subir a los altares a la diosa razón -esa razón en la que Navajas confía ese futuro sin religiones que tanto desea-, en 11 meses más 41.000 personas fueron ejecutadas mediante la guillotina, muchas de ellas sin juicio alguno y a menudo por motivos políticos o religiosos. Dos de cada tres sacerdotes franceses fueron deportados o asesinados. Paralelamente, se produjo el llamado genocidio de La Vandée, lo más próximo antecedente a la “solución final” nazi. 120.000 vendeanos fueron torturados y exterminados, numerosas monjas fueron violadas, mujeres descuartizadas, niños asesinados por ahogamiento, mujeres embarazadas pisoteadas hasta morir, y las poblaciones de aldeas enteras liquidadas mediante el envenenamiento de sus fuentes de agua. Y todo esto en nombre de la razón y de la libertad. Muchos años después, refiriéndose al gran inspirador de la guillotina -y finalmente víctima de ella-, León Trotsky calificaba a Lenin de “Robespierre moscovita”, equiparándole con el responsable de los citados crímenes.

El genocidio desatado sobre la base del odio a la religión

A Trotsky, desde luego, no le faltaba razón al considerar al dirigente jacobino como un antecedente del dictador soviético. Siguiendo la idea escrita por Marx según la cual la religión era “el opio del pueblo”, en mayo de 1909 Lenin escribió:El marxismo considera siempre que todas las religiones e iglesias modernas, todas y cada una de las organizaciones religiosas, son órganos de la reacción burguesa llamados a defender la explotación y a embrutecer a la clase obrera.” Y añadía: “Debemos luchar contra la religión. Esto es el abecé de todo materialismo y, por tanto, del marxismo.” Estas ideas fueron las que inspiraron la mayor persecución religiosa desatada en Europa durante el siglo XX. La dictadura de Lenin se llevó por delante a 5 millones de seres humanos, muchos de ellos torturados hasta morir por métodos tan brutales como la lapidación o como arrancarle la piel a tiras al reo. Miles de sacerdotes y religiosos asesinados fueron asesinados mediante su crucifixión, aunque contra ellos también usaron otros métodos de tortura y asesinato no menos dolorosos, entre los que el historiador ruso Alexander Nikolaevich Yakovlev ha citado el estrangulamiento, el horror de arrojar a los reos a calderos de brea hirviente, ahogarlos en el hielo, arrancarles el cuero cabelludo, obligarles a ingerir plomo fundido, etc. Y todo ello en nombre del ateísmo militante.

Si ser creyentes nos iguala con los yihadistas, ¿ser ateo te iguala con Lenin?

S.N., como muchos otros ateos, considerarán abominables crímenes como los citados y otros que se perpetraron a lo largo del siglo XX, e incluso en lo que llevamos de siglo XXI, en nombre del rechazo a la religión. Ciertamente, ser ateo no le convierte a uno en un asesino. El caso es que haciendo una generalización tan burda como injusta, S.N. nos mete a todos los creyentes en el mismo saco que los yihadistas. Si profesar unas creencias sirve para meterte en el mismo saco que un terrorista que ni siquiera comparte tu religión, ¿a qué argumento recurrirá Navajas para reclamar que no se le impongan a él y a otros ateos una generalización igual de injusta? Si nos valiésemos de las mismas pautas que aplica Navajas a la religión, pero para juzgar al ateísmo, ¿qué tendríamos que decir de un rechazo fanático a la religión que ha inspirado ya varios genocidios? El suelo de Francia, de la antigua URSS, de China, Camboya o Corea del Norte, y también el propio suelo que pisamos los españoles, han sido regados con la sangre de millones de cristianos asesinados por inspiración del radicalismo ateo. Si N. considera que creer en Dios es un peligro para la convivencia, ¿qué decir entonces de su fe ciega en la razón y de su fobia a la religión, ideas que han servido de excusa para tantos crímenes?

¿La convivencia ideal implica extirpar las creencias de la mayoría?

Me pregunto qué clase de convivencia es ésa en la que una minoría se cree con derecho a imponernos sus respuestas que hemos de asumir a grandes preguntas sin respuesta científica, como el sentido de la vida o el origen de todo lo que existe, como si las respuestas deS. N. fuesen más válidas que las mías o que las de cualquier otro creyente. En este sentido, no deja de ser curioso ver a un ateo defendiendo su “fe” como la única verdadera y tolerable en la sociedad, al mismo tiempo que habla de “fanatismo religioso”. Doy gracias de que las sociedades democráticas no impliquen asumir el peculiar sentido de la convivencia que defienden los radicales ateos, y no sólo porque implique erradicar el pluralismo en materia de pensamiento, sino también por lo ilusa que es la idea de un mundo mejor bajo el mero gobierno de los dictados de la razón. El propio Santiago demostró la falsedad de esa idea hace dos meses, con otro artículo que contesté aquí en el que mi colega de la Red Liberal defendía el aborto hablando de nuestra “radical prescindibilidad debido a ajustes compensatorios de nuestros circunstanciales intereses humanos”, una concepción puramente colectivista y grotesca del ser humano. Si algo así es lo que nos depara el imperio de la razón que propone ahora Santiago Navajas, ¡sálvese quien pueda!

—Foto: Un sacerdote español sonríe un minuto antes de ser fusilado por milicianos izquierdistas durante la Guerra Civil Española. Muchos sacerdotes como él fueron asesinados mientras perdonaban a sus asesinos. A creyentes como ellos, S.N.les mete en el mismo saco que a los terroristas islamistas… por el mero hecho de ser creyentes..)
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