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Cristina entre el narcisismo herido y el relato

Cristina echó al presidente del Central y de la peor manera: poco menos que asociándolo a maniobras de los bancos para hacer subir el dólar.




No fue un detalle menor que cuando la Presidente hacía esa denuncia, la TV oficial enfocase a Fábrega.

Un escrache en vivo y en directo a un hombre de consulta de los Kirchner durante mucho tiempo, que quería terminar su carrera en el Nación y al que ella convenció de mudarse al Central. Le dio mandato por seis años. Apenas duró 11 meses.

Tampoco es un detalle menor que el reemplazante no sea un especialista. Sin dólares y con una emisión descontrolada, el Gobierno cree que lo que necesita es un sheriff. Por eso elige a Vanoli. Una visión policial de las funciones del Central.

Dicho de otro modo: sacó a un funcionario que sabía escuchar y sienta en su lugar a alguien que sabe apretar. Y que desde la Comisión de Valores ya estaba apretando a los bancos en tándem con Kicillof. A todos nos resulta evidente, sin necesidad de chequearlo en Google, cómo han terminado otras películas iguales: los controles como única política sólo vuelven más negro al mercado negro.

Cristina comienza a retirarse.

Está empezando su último año de gobierno, que suele ser el peor para casi todos los presidentes.

Más si no tienen un sucesor. A Scioli no lo considera un heredero aunque Scioli esté dispuesto a tragarse todos los sapos para que no lo considere un sapo de otro pozo. Está claro que Cristina quiere retener todo el poder hasta último momento. No está claro si lo que está haciendo le servirá para retenerlo o para perderlo más rápidamente.

No quiere gobernar para los que vienen.

Quiere gobernar sólo para ella. Su lógica es que le basta con tres cosas: la división de la oposición, la nueva amistad con el Papa y poder manipular la economía para que no se le vaya definitivamente de las manos. Es lo que transmite su discurso cada vez más radicalizado.

Ha dicho que hay un complot afuera y adentro para sacarla del Gobierno. Y que puede ser víctima de un atentado. "Si me pasa algo" fue trending topic en las redes. No la tomaron en serio: es la única presidente a la que amenazan a la vez el ISIS y "el Norte". Ayer, Capitanich extendió lo que se había entendido por "Norte": de Estados Unidos a "las potencias".

Cualquiera tiene derecho a pensar que esto último tiene más que ver con la psicología que con la política.

Narcisismo herido antes que relato.

El relato se explica: sirve para ordenar la cabeza de los cuadros, galvanizar la tropa y darle argumentos a la prensa adicta y a los que creen en la causa. El desborde emocional también se explica: a Cristina la traiciona su propia construcción épica. El personaje que ella se inventó.

El problema es que el país no es sólo Cristina y La Cámpora.
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