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Cristina se tragó un gran sapo: bendice a Scioli

Cristina se tragó un gran sapo: bendice a Scioli, a quien siempre trató de voltear

Si de tragarse sapos se trata, Cristina Fernández acaba de comerse uno tan grande como su ego. Es, para empezar, una enorme herejía de la política que ejerció a golpe de palo y látigo: terminar por bendecir al tope de la fórmula del Frente para la Victoria a Daniel Scioli, el hombre que buscó tumbar de todas las formas posibles para cortarle la carrera hacia la Casa Rosada.




Lo que ha ocurrido en la última semana, mal que le pese al entusiasta de Florencio Randazzo -y lo reflejan en importantes despachos del Gobierno- deja pocas dudas sobre un paso que se veía venir producto del espanto y no del amor: la presidenta va camino de recostarse definitivamente sobre Scioli.

Reafirma así aquella idea que ya había sido expresada días atrás sobre la existencia de un nuevo plan para aceptarlo al gobernador como el candidato oficial a la presidencia, a cambio de que Cristina pueda meter mano en las listas tanto nacionales como provinciales, y designarle a quien será su segundo en la grilla como candidato a vicepresidente..



Un paso que, a la vez y en la medida en que se dan indicios de que el exmotonauta no es ajeno a su buena estrella de estos días -que lo coloca en el mejor momento de su carrera-, algunos sciolistas se atreven a poner en duda. "Eso de que ellos nos van a poner desde el vice para abajo hasta el último concejal, está por verse", se envalentona uno de sus operadores de cabecera.

Como si hubiesen descubierto la pólvora, ahora hay voceros que aseguran que Scioli "no es tonto", que asumió los maltratos como un hombre de fe y optimismo, pero que siempre supo que al final del camino lo iban a venir a buscar.

Es parte de aquella herejía que debe protagonizar Cristina contra su voluntad. Y que la llevó también a ordenar a su tropa de incondicionales, que de a poco le vayan despejando el camino al previsible pero hasta hace algunas jornadas impensado protagonista de sus más caras necesidades políticas.

Cual discípula de Carlos Menem, Cristina despotrica y patalea, pero no mastica vidrio. Y cuentan que, incluso, ahora hasta fantasea con un triunfo en primera vuelta en octubre, de la mano de Daniel Scioli.
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