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Cristinita: ojalá tuvieras razón

En un discurso desopilante por lo irreal, la presidenta adujo ayer en la FAO que la pobreza en Argentina apenas llega al 5 por ciento. El oficialismo y su pasión por moverse en un universo paralelo al real. Estadísticas falaces para sostener un relato que se desmorona



Las mentiras que suele decir la presidenta Cristina Fernández van adquiriendo rasgos patológicos. Ayer, durante su participación en un encuentro de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), la primera mandataria sorprendió a propios y extraños al sostener que la pobreza y la indigencia –en a Argentina- están debajo del 5% y del 1%.

Los indicadores, difundidos por la primera mandataria, no resisten el menor análisis. Los estudios independientes más serios ubican la pobreza en un cifra que cuadruplica o quintuplica lo que ayer informó la presidenta. A su vez, llamó poderosamente la atención que la Jefa de Estado haya informado sobre la pobreza cuando su gobierno hace meses que no difundía indicadores oficiales y hasta el ministro de Economía, Axel Kicillof, no se puso colorado al afirmar que dar a conocer el número de personas que no acceden a bienes y servicios básicos es “estigmatizante”.




Según trascendió, Cristina se basó en los últimos datos publicados por el cuestionado Instituto de Estadística y Censos (INDEC), que en 2013 ubicó el nivel de pobreza en 4,7%. Como se recordará, el INDEC está intervenido desde el año 2007 y por eso sus trabajos son cada vez más desopilantes, al punto que suele informar que no existe desocupación en la ciudad de Resistencia, capital de Chaco, una de las provincias con mayores de niveles de marginalidad, donde la vinchuca causa estragos.

Es tan irracional lo que informó la presidenta que, en caso de ser cierto, la Argentina tendría un índice de pobreza menor que Dinamarca, uno de los países con mayor índice de desarrollo humano del mundo.

De acuerdo con el banco de datos de la OCDE, Islandia posee una tasa de pobreza del 5,9%; República Checa, 5,91%; Dinamarca, 6%; Finlandia, 7,5% y Noruega, 7,71%. En la mitad de la lista se encuentra Suiza (10,2%) y al tope, Israel (20,8%). Los datos corresponden al 2011 o última medición disponible en la serie estadística.




Estudios privados demuestran todo lo contrario a lo que manifiesta la presidenta. Para el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), la pobreza trepa al 27,5%, significando más de 11 millones de personas pobres. En tanto, el Instituto Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP) que dirige el diputado Claudio Lozano, es más drástico aún y marca que en territorio nacional hay casi un 50% de la población pobre o indigente, con 20 millones de argentinos que se encuentran por debajo de la línea de pobreza.

Como en otros ámbitos de la realidad, en lo referente a la pobreza, el kirchnerismo está empecinado en querer mostrarle a la sociedad su particular realidad, por más que la misma no se condiga con lo que ve la ciudadanía con sus ojos. Estudios privados desmienten los datos oficiales, y la respuesta gubernamental ha sido acusarlos de ser parte de un complot desestabilizador contra el gobierno, siguiendo sumergidos en una ficción que pocos creen.

Palabras como las que expresó la Jefa de Estado ayer en la FAO, dejan en claro la enorme nebulosa en la que se halla inmerso el oficialismo, sin propuestas claras y concretas para frenar el avance de la pobreza en el país y apelando a estadísticas falaces para intentar sostener una ficción que se desmorona por su propia inconsistencia.

La terquedad constante de la presidenta en contar mentiras que sólo sirven para justificar un relato que sólo los más fanáticos creen, ha llevado a que el kirchnerismo viva sus últimos días en el poder en una soledad muy grande que lo aleja totalmente de lo que se vive en las calles argentinas.



“La presidenta sigue negando la falta de credibilidad del Indec”

Por Julio Gambina. Docente en la UBA. Economista y Doctor en Ciencias Sociales
Especial para Hoy




El primer dato es que con las declaraciones de la presidenta se sigue negando la falta de credibilidad de los datos del Indec. El Indec en los últimos años nos ha hecho no creer en las estadísticas oficiales y se vienen escondiendo una serie de estadísticas que no nos permiten identificar bien los datos de pobreza e indigencia.

Esto tiene una connotación política. Es parte de la discusión de cuál es el impacto social de la política del kirchnerismo. El gobierno va a intentar disminuir el impacto social de sus políticas. Por eso también se habla sobre el impuesto a las ganancias, subestimando el reclamo de los trabajadores sobre la actualización del mínimo no imponible.

Es un hecho fáctico que la población cree que su dinero vale cada día menos. La realidad es que la capacidad de compra es menor, afectando a la población que vive de ingresos fijos. Los datos del Indec hablan de que el promedio salarial es menor a $ 6.000, demostrando una situación de inequidad del impacto que genera la política económica, aumentando la pobreza y la indigencia.


“El gobierno de pobreza e indigencia no habla”

Por Claudio Lozano. Diputado nacional. Director del Instituto Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP)
Especial para Hoy




Lo de la presidenta de la Nación no hace más que mostrar una constante del gobierno, que es que de pobreza e indigencia no se habla. Concretamente no hay ni un solo número, sólo los falaces del Indec.

Uno ve los distintos tipos de mediciones de pobreza. Pero en cualquier medición que se haga, lo que está claro es que aumenta la pobreza, aumenta la indigencia, cae el empleo, caen los ingresos. En el caso de los métodos usados por el Indec, no hay ningún número que pueda ser presentable ya que una vez que pusieron en marcha el nuevo índice de precios al consumidor, a partir de ahí nunca más emitieron una emisión que diga cuál es la cantidad de pobres e indigentes que hay en el país.

Argentina necesita un pacto social que tenga como objetivo central un combate frontal a la situación de pobreza, y un relanzamiento del proceso de inversión y cambio productivo. Invirtiendo el 5% del producto se puede conseguir políticas de alcance universal que estén en condiciones de garantizar la eliminación de la pobreza estructural.


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