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Cuando la intolerancia llega a niveles inesperados

El caso del hombre que mató a su vecino porque le pidió que bajara el volumen no es el único en Colombia.



En Colombia la noticia de que un hombre apuñaló a otro y luego lo lanzó desde un tercer piso porque le pidió que le bajara el volumen a la música es apenas otro de los episodios de intolerancia asesina que ocurren casi que a diario en el país: un hombre le abre la garganta a su esposa en un bus en medio de una discusión, hijos de exmilitares y expolicías se enfrascan en una pelea que termina con uno de ellos muertos a cuchilladas, un chico baleó a otro porque le ofreció un cigarrillo a su novia.

Este tipo de casos en los que la ira se torna en un arma homicida golpean de nuevo. Este lunes, en la localidad de Usaquén de Bogotá, David Manotas, un hombre de 39 años y, al parecer, miembro de una acaudalada familia de empresarios costeños, le encajó seis puñaladas a su vecino solo porque éste le pidió que le bajara volumen a su equipo de sonido.

Según testigos, la víctima, José Francisco Cifuentes, fue hasta el apartamento de Manotas para reclamarle por el escándalo. Manotas lo hirió con un cuchillo en los brazos, el pecho y el estómago. Lo hirió seis veces y luego, presuntamente, lo lanzó por la ventana hasta el primer piso. Una caída de cinco metros.

Manotas, lleno de sangre y vestido apenas con una sudadera y un par de medias, huyó de la unidad residencial en donde vivía. En su carrera fuera del apartamento amenzó también al portero.

Pero, ¿por qué un hombre adulto, acaudalado, según su familia, decide matar a otro solo porque le pide que baje el volumen a la música?

Y peor aun, ¿por qué no es el único colombiano que recurre a la violencia física cuando siente rabia o frustración y es capaz hasta de matar?

Según datos de la Policía Nacional, el 40% del total de las muertes violentas que se presentan en Colombia son provocadas por riñas.

Solamente en Bogotá se atienden seis mil riñas callejeras en un fin de semana, de acuerdo con datos de la Alta Consejería para la Paz y la Covivencia de la Policía.

El sociólogo Fernando Sanabria asegura que se trata de un problema cultural. El experto en comportamiento social asegura que los colombianos estamos criados como seres egoístas y envidiosos, que no tienen clara la necesidad de respetar al otro como individuo.

"Desde niños nos inculcan que debemos luchar por lo nuestro. Que somos únicos, que somos los mejores y que nada se nos regala, que tenemos que pelear por lo que queremos", explica Sanabria.

El especialista añade que desde hace varias generaciones el país vive bajo lo que él llama "moral gamonal", en la que hay terratenientes que mandan como capataces.

Sanabria añade que el país está "traumatizado" por los altos niveles de violencia que hemos venido viviendo desde hace más de 60 años.

"Colombia tuvo una guerra por colores políticos. Los liberales y los conservadores se asesinaban entre sí porque no eran capaces de entender que existe otro, con otros ideales, con otras posturas. Y así ha sido sucesivamente. Luego vino el narcotráfico, Pablo Escobar, las Farc. Vivimos en un país violento, eso traumatiza".

El experto concluye que sumado a eso, en Colombia no hay confianza en las autoridades. "La ciudadanía no cree que haya una seguridad generalizada. Por eso se arma y actúa como si tuviera que protegerse siempre. Eso, sumado al consumo de alcohol y drogas, provoca tragedias".

Eso, al parecer, fue lo que ocurrió con David Manotas. El hombre tenía un historial de consumo de heroína y cocaína, además, según los reportes iniciales, estaba bajo efectos del alcohol cuando atacó a su vecino.

Un informe del 2012 de Medicina Legal reveló que tres de cada diez víctimas de homicidio en la Capital del país presentaban algún nivel de embriaguez.

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